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viernes, 17 de noviembre de 2017

El País:Mucho más que el creador de ‘Deadpool’


Fabian Nicieza (Buenos Aires, 1961) lleva 30 años escribiendo cómics para las dos grandes editoriales estadounidenses, Marvel y DC. Allí ha escrito algunos de los más famosos personajes, de la Patrulla X a Batman, pero cuando hoy lo presentan siempre utilizan la misma coletilla: "Fabian Nicieza, co-creador de Deadpool". Así fue presentado también en la Heroes Comic-Con de este fin de semana en Madrid. Él no lo esconde: "Me he vuelto maduro y realista. El éxito repentino tardó 25 años en llegar para el personaje, y sé que puede esfumarse en cinco minutos. Simplemente me siento mejor siendo el co-creador (junto a Rob Liefeld) de un personaje popular y que conecta que no siéndolo. Y cuando pase, no será una sorpresa. Todo es un ciclo. Pasará", explica a EL PAÍS.

El autor parece sobrellevar con filosofía incluso la segunda línea que toman los creadores de cómics cuando sus personajes son adaptados a la gran pantalla: "Recibo más que otros y menos de lo que debería", apunta con realismo, sin olvidarse de los Bill Finger, Jerry Siegel, Jack Kirby o Bob Kane: "Es un problema en la industria para los autores que crearon las figuras icónicas, pero yo llegué justo en la época donde se cuestionaba lo que deberían haber ganado. Las empresas por fin nos reconocían algo. Pese a no llegar al nivel de un cómic del autor como hacen Robert Kirkman (The Walking Dead) o Todd McFarlane (Spawn), sí mejoró. Así que ingreso algo por el personaje regularmente. Sabía a lo que atenerme desde el principio: era trabajo por encargo. Si me quejo 25 años después, o soy un hipócrita o un idiota ¿Es mi participación proporcional a lo que gana Marvel o Fox mundialmente? Claro que no, pero menos da una piedra".

El autor ha recorrido el mismo camino que Leonard Nimoy, cuando, tras años de querer hacer otras cosas, por fin abrazó la suerte que tenía de haber sido encasillado con Spock en Star Trek: "Cuando Nimoy absorbió ese mensaje venía de madurez, edad y perspectiva. Soy suficientemente mayor para hacerlo. Además, para mí no es una asociación diaria, salvo por las personas que me lo recuerdan. Lo creé en 1982 [su primera aparición data de Nuevos Mutantes 98] y desde hace 10 años, cuando terminé con la serie Cable y Masacre, de 2004 a 2008, ya no lo escribo regularmente".

Masacre, como es conocido en los cómics en España, nació, de hecho, casi por casualidad. "Liefeld me dijo que quería un cruce entre Punisher y Spiderman, pero solo tenía el concepto, así que hubiera sido muy distinto de ser presentado en la primera página o en la número 13. Lo utilicé para contraponerlo al sentido del humor de Cable", que ahora también se enfrentará al mercenario bocazas en la gran pantalla, en Deadpool 2. Al autor le encantan las adaptaciones, aunque tampoco piensa que sean fundamentales en su trabajo: "Seamos realistas, los lectores no vienen del cine al cómic".

Tanto le debe el personaje cinematográfico a su padre que Nicieza llegó a apostar ya en 2004 por quién sería el actor ideal para interpretarlo: "Parezco un cruce entre Ryan Reynolds y un perro Shar Pei", decía Masacre en las viñetas. "Ryan no tendría trabajo sin mí. Y él lo sabe", bromea el autor entre una risa estridente y contagiosa en la que se atisba un parecido más que claro con el personaje cachondo y políticamente incorrecto que creó. "Como diría mi padre: es un hinchabolas ¿eso se utiliza aquí?", pregunta el autor que imigró de Argentina a EE UU con solo cuatro años en un panel.

Nicieza, que salta con sobrado desparpajo del inglés al español de sus padres (algo olvidado, pero perfectamente articulado) cuando habla para un público hispano, abraza hoy esa madurez, aunque reconoce que lo hace desde un punto alejado de la industria. "No estoy envuelto desde hace tiempo. En parte por elección y en parte, no. Pero la parte que elegí es por entender que no estarás siempre en lo alto. Mi escritura no es suficientemente buena para garantizarme un puesto vitalicio. Soy un trabajador profesional. No un Alan Moore ni alguien que gane premios, sino alguien que te hará disfrutar. Creo que escribo bien, pero sin cambiarte la vida. Algunos buscan eso en todo lo que leen. Ese no es mi objetivo y quizás sea uno de mis problemas", reconoce.

Pese a ello, su popularidad sigue estando más que vigente. Prepara una miniserie de Pantera Negra en Marvel que coincidirá con la llegada de su película; el equipo de Nuevos Guerreros que creó para la editorial también se adaptará a la televisión (en una versión muy distinta, pero con la que ha colaborado) y otro de sus personajes propios, Dominó, está a punto de hacer el mismo salto en Deadpool 2, donde precisamente hace su aparición Cable de Josh Brolin a quien escribió en más de 100 números (el récord). Lo que más le interesa hoy es, sin embargo, un webcómic propio que ha creado en la compañía digital coreana Line webtoon con el dibujante Reilly Brown (con quien compartió Cable y Masacre) sobre un justiciero de trolls de las redes sociales, Outrage: "No digas nada estúpido en las redes, porque saldrá de tu dispositivo y te pegará. Él o ella es el acosador de los acosadores de los acosadores en Internet. No razona. Responde. La primera mitad del cómic es un misterio que descubre quién es y la segunda trata de entender por qué lo hace. Explicar por qué actuamos e interactuamos así en las redes, de una manera que no haríamos en la vida. Quiero que sea una exploración de qué narices está mal con nosotros. Es divertido y misterioso".

El autor se lo toma, además, como un nuevo reto en su dilatada carrera: "Escribir es escribir, pero el formato, de cinco páginas por semanales, 26 capítulos y leyendo las viñetas independientemente, cambia la manera de narrar. Vamos aprendiendo. Llevamos tres capítulos y cuando Reilly controle la lectura vertical, comenzaremos a ver lo que funciona. Es una nueva manera de crear y presentar una historia y un estudio de personajes".

Lo que tiene muy claro es que desde que empezó a trabajar, la industria del cómic ha evolucionado. "Me consideran de la vieja escuela. Porque simplemente escribo para la necesidad de los personajes. Si es un personaje establecido, como Tim Drake en Red Robin, respeto su voz, la historia de los que vinieron antes y su público. Mi trabajo es que evolucionen y darles historias interesantes. No poner una voz nueva. Últimamente, leo mucho la voz de los autores, más que la de los personajes. El mayor halago de mi carrera fue cuando me dijeron que si cerrabas los ojos leyendo diálogos de Los Nuevos Guerreros, sabías el personaje que hablaba en cada momento". Nicieza, debajo de capas y golpes, siempre ha estado interesado en la humanidad de los personajes, en el clasicismo de sus situaciones. Así lo demostró en la química de sus Nuevos Guerreros, X-Force o en Thunderbolts, equipo de villanos reformados donde se mantuvo siete años.

Pero el cómic no solo evoluciona en la forma: "Cuando presenté al personaje de Nómada en 1991, tenía el virus de sida, pero no me dejaban decirlo. Los que estaban por encima de Marvel tenían miedo de meter en un tebeo temas todavía estigmatizados". También dio voz al primer superhéroe gay de Marvel, incluso si nunca pudo decirlo: "Escribía siendo consciente de que Estrella del Norte (personaje del grupo canadiense Alpha Flight) era homosexual, aunque quería presentarlo como alguien más. Eso creaba un problema, porque en Marvel no me dejaban revelar su identidad sexual", explica. Años más tarde, el guionista Scott Lobdell lo sacó del armario con un grito mientras volaba donde no dejaba lugar a duda: "¡Soy gay!". Hoy Nicieza se ríe de aquella viñeta: "Siempre que veo a Lobdell, me burlo de él ¿quién iría volando con un puño en alto dicieno eso? No es humano".

miércoles, 15 de noviembre de 2017

ABC:El universo de Disney llega al CaixaForum de Sevilla


El universo desarrollado durante un siglo por Disney y su actualización de los cuentos y leyendas populares llegan desde este jueves al CaixaForum de Sevilla, en la que será una de las exposiciones de esta Navidad en Sevilla.

«Disney. El arte de contar historias» repasa, en 212 piezas, más de 75 años de la compañía estadounidense, creadora de un icono del siglo XX, como Mickey Mouse, y cuya forma de narrar ha cambiado la forma en que niños y mayores se acercan a mitos ancestrales como «Hércules» o cuentos de hadas como «Blancanieves».

La exposición, que se podrá ver en el CaixaForum de Sevilla hasta el próximo 18 de febrero, iniciará después un recorrido por los centros culturales de esta entidad financiera en España, siendo sus siguientes paradas Barcelona, en marzo, y Madrid, en julio.

Las 212 piezas que componen «Disney. El arte de contar historias», coproducida por la Obra Social «la Caixa» y la Walt Disney Animation Research Library, proponen un recorrido visual que arranca con «Los tres cerditos» (1933) y que concluye en «Frozen» (2013), dos de sus grandes éxitos.

Cien años que se muestran en la exposición a través de bocetos para personajes como Blancanieves, con pruebas descartadas de los diseñadores en la que se la puede ver con el pelo largo y rubio; una «hoja de personaje» («Rough Model Sheet») con Mickey Mouse en diferentes posiciones para que todo el equipo gráfico lo dibujara de modo uniforme; un boceto preliminar a lápiz de Ariel, la protagonista de «La Sirenita»...

En definitiva, un amplio conjunto de dibujos de personajes y escenarios creados con gran variedad de técnicas, como acuarela, carboncillo, pastel, grafito, tinta, témpera, acrílicos y pintura digital. A lo que se añaden notas de producción, esbozos, páginas de guión que ayudan a comprender el proceso de producción de estas historias animadas.

Entre los documentos más curiosos, destaca una carta enviada a finales de los años 30 por la que fuera primera dama de Estados Unidos Eleanor Roosvelt a Walt Disney pidiéndole que llevara a la gran pantalla, por su carácter edificante, el cuento «Stamble Peter», del que se incluyen algunos dibujos preparatorios.

Junto a todo este material gráfico, la exposición presenta, además, la proyección de tres cortometrajes y el documental «How Walt Disney Cartoons Are Made», de 1939, sin olvidar el espacio específico de creación para toda la familia que incluyen todas las muestras del CaixaForum o un «photocall» de Robin Hood.

Todos estos fondos se exponen, además, con un cuidado diseño expositivo, reproduciendo, por ejemplo, las mesas de trabajo de los diseñadores de Disney junto a fotos del exterior de los estudios o mediante expositores que simulan las casas de «Los Tres Cerditos» o los árboles de un bosque.

Cinco ejes temáticos

El recorrido se estructura en cinco ejes temáticos. Comienza con «Los mitos», con paradas, entre otras, en «La Sinfonía Pastoral», de «Fantasía» (1940); y «Hércules» (1997). Continúa con «Las fábulas», esas historias morales protagonizadas por animales», entre las que se cuentan algunas tan conocidas como «El sastrecillo valiente» (1938), con Mickey Mouse; «Lo mejor de Donald» (1938) y «Los tres cerditos».

«Las leyendas» forma el tercer bloque temático de la exposición, donde se muestran dibujos de películas como «Robin Hood» (1973), antes de pasar al cuarto y quizás más desconocido por el público europeo, los denominados «Tall Tales», cuentos populares estadounidenses que transmiten los valores asociados a los pioneros americanos.

El último capítulo es, quizás, el más definitorio del universo Disney,: «Los cuentos de hadas», donde el empresario estadounidense fue pionero en los largometrajes de animación musicales, con «Blancanieves y los siete enanitos» (1939), el inicio de un camino de éxito que llega hasta «Frozen».

La exposición plantea, de esta forma, «un entorno perfecto para la visita en familia», explicó la directora adjunta de la Fundación Bancaria «la Caixa», Elisa Durán, pero también incluye elementos para interesar a aquellos que busquen «la visita más especializada en la creación artística».

Todo ello, en el caso de Sevilla, durante unas fechas que encaran la Navidad. «Es un regalo iniciar el recorrido aquí», señaló Durán sobre la que es la quinta exposición que organiza el CaixaForum de Sevilla desde su inauguración marzo y por el que han pasado ya 190.000 personas.

En ese sentido, Durán animó a la visita de una muestra que presenta un «recorrido simbólico» y una «experiencia inmersiva» para ilustrar la forma en que Disney modernizó y enriqueció artísticamente los cuentos populares, las leyendas y los mitos, adaptándolos a la sociedad del siglo XX y XXI.

«Disney transformó esa comunicación ancestral a través de los dibujos animados, dando un salto cualitativo en la forma de contar esas historias», señaló la directora adjunta, sobre una exposición que también es «un homenaje» a estos estudios y el «trabajo en equipo y artístico» de sus diseñadores.

En este último aspecto abundó la directora de la Walt Disney Animation Research Library y cocomisaria de la exposición, Mary Walsh, quien destacó cómo la compañía tomó unas historias que se cuentan los hombres desde el principio de los tiempos para convertirlas en «imágenes», haciendo de la animación un «instrumento muy importante de contar historias».

De ahí que en esta exposición se haya querido poner el acento en esos cinco grandes géneros o formas de contar historias, del mito al cuento de hadas, y «el arte de la colección» que atesora la Walt Disney Animation Research Library, una institución que archiva todo el material gráfico, de dibujos a imágenes generadas por ordenador, de la compañía y que atesora 65 millones de piezas desde 1920 hasta la actualidad.

La muestra, cuyo recorrido se inicia este jueves en Sevilla, se perfila como una de las grandes citas de los CaixaForum en esta temporada, capaz de atraer a numeroso público familiar, como ya hizo «Pixar. 25 años de animación», que logró más de 800.000 visitas en su recorrido por estos centros culturales.

ABC:Las nuevas aventuras de los personajes de Santi Balmes de «Yo mataré monstruos por ti»


En 2011, Santi Balmes, cantante y compositor de Love of Lesbian, publicaba su primera incursión en literatura infantil: «Yo mataré monstruos por ti». Ilustrado por Lyona, se ha convertido en uno de los libros infantiles más vendidos en nuestro país en los últimos años, con más de 100.000 ejemplares vendidos.

Ahora los personajes de la historia protagonizan un nuevo título: «Martina y Anitram en el País de los Calcetines Perdidos» (Principal de los Libros). Las nuevas aventuras, que también ilustra Lyona, están destinadas a niños entre 3 y 10 años.

En el nuevo libro, la niña y su amiga monstruo han crecido y viajan hasta el País de los Calcetines Perdidos para enfrentarse a un malvado rey y recuperar a sus hermanos pequeños. Así, mientras que en «Yo mataré monstruos por ti» giraba en torno a los miedos infantiles, «Martina y Anitram en el País de los Calcetines Perdidos» se centra en los celos entre hermanos.

martes, 14 de noviembre de 2017

Paco Linares: "El cómic permite contar historias de un modo diferente a la literatura o el cine"


Figuras icónicas de la crítica y la edición, como Luís Gasca o el fallecido Paco Camarasa, participaron en aquella edición de 2015, en la Seu Universitaria de la UA. En 2016, Miguelanxo Prado, el Premio Nacinal de Cómic, el alicantino Pablo Auladell, los autores de la resurrección de Corto Maltés, Rubén Pellejero y Juan Díaz Canales, o el historiador del cómic Jordi Ojeda, ocuparon un nuevo espacio en las Cigarreras.

Este año se repite ubicación, el CCC Cigarreras, con el título La historia en el cómic, los días 15, 16 y 17 de noviembre. Uno de los puntales de la línea clara valenciana, allá por los ochenta, el valenciano Sento Llobell, traerá su nuevo trabajo, la narración gráfica de las peripecias de su suegro, el Dr. Uriel, durante la Guerra Civil Española. Junto a él, nuevos valores como Fidel Martínez y su Fuga de la muerte, Carlos Puerta con su versión a todo color de la leyenda del Barón Rojo, o las Pinturas de guerra de Ángel de la Calle y el Asylum de Javier de Isusi".

Pero mejor que nos hable de ello su organizador y mente pensante, Paco Linares (Alicante, 1978, aunque originario de Onil), casi recién estrenado su cargo de Social Media Marketing para la Compañía Cong S.A. Hugo Pratt Art Properties, la sociedad suiza que gestiona el legado de Hugo Pratt, bajo la dirección de la administradora de su legado, Patricia Zanotti.

- Terceras Jornadas ya, ¿parece que el buque va cogiendo velocidad de crucero, no?

Sin duda, tercera edición y sumando, espero. La verdad es que en ocasiones miro hacia atrás y me cuesta creer que hayamos conseguido traer a Alicante a autores y teóricos a los que sigo y admiro desde hace mucho tiempo. Recuerdo que en la presentación de la primera edición tenía a don Luis Gasca y Antoni Guiral a mi lado y pensaba: “primera y segunda generación de teóricos e investadores de la historieta de nuestro país… ojalá algún día yo pueda seguir sus pasos”. Y bueno, en eso andamos.

- De la Seu Universitaria d’Alacant a Cigarreras, ¿tienes la sensación de que es el lugar definitivo para el evento?

Me encuentro muy a gusto desarrollando estos encuentros en Las Cigarreras, aunque debo decir que la primera edición en la Universidad de Alicante, no fue diferente. Aunque surgieron ciertas dificultades que me hicieron replantear las Jornadas en otro lugar. Mi objetivo es que Las Jornadas crezcan cada año, que podamos ampliar, tanto en la asistencia de autores participantes como de teóricos. Pero siempre dentro de la línea que tenemos marcada: huyendo del evento entendido como feria y espectáculo.

- ¿Todo empezó con Corto Maltés?

Bueno, en realizad si hecho la vista atrás y repaso todo lo realizado compruebo que llevo desarrollando proyectos culturales y artísticos desde el año 2006: comisariados, conferencias y otras tantas cosas. Pero si te refieres a estas Jornadas teóricas sobre la historieta, sin duda, todo empezó con Corto Maltés, pero no en 2015, año de la primera edición sino antes. La idea de realizar un ciclo teórico dedicado Hugo Pratt y a su alter ego me vino en 2013, durante un viaje que realicé a Venecia para realizar una investigación sobre el genio italiano, aunque no lo pude materializar hasta 2015.

- Ahora mismo formas parte del grupo de trabajo que gestiona el legado de Hugo Pratt, ¿Cómo te has integrado en él?

Ahí sí podría decirte que es un sueño cumplido. De algún modo las lecturas sobre Corto Maltés en particular y el estudio de la obra de su creador en general siempre me han acompañado. Pero fue en 2015, con el proyecto Itinerarios Cruzados cuando establezco contacto directo con Patrizia Zanotti, colaboradora de Hugo Pratt durante mucho tiempo y responsable directa de todo su legado tras el fallecimiento del dibujante italiano. Contacté con ella para pedirle autorización en cuestión de derechos de imagen para la exposición que pretendía realizar, vio que lo que planteaba era muy serio y profesional. A partir de ahí, la exposición viajo de Alicante a Cataluña… que resultó todo un éxito y finalmente desde Cong S.A. Hugo Pratt Art Properties me plantearon que realizara labores de promoción y social media sobre todo lo referente a publicaciones y proyectos relacionados con  Corto Maltés en España y América Latina. Respecto al equipo Cong, integrarse en un grupo compuesto por gente con el mismo amor y pasión que tú a la obra de Pratt, resulta bastante fácil. A partir de ahí, sin duda mucho trabajo y horas por Skype!

- El año pasado la relación entre el mar y el cómic trajo a Alicante un plantel de figuras centrales en la historia del tebeo hispano. Este año se centra en la historia a través de las viñetas, también con históricos como Sento, junto a nuevos valores, como Fidel Martínez. ¿Cómo se consigue el equilibrio?

Lo ocurrido el año pasado fue espectacular. Yo no buscaba en realidad tal concentración de Premios Nacionales. Tenía un tema en la cabeza que era el mar, quería tratar su representación en el ámbito de la historieta. A partir de Ahí Miguelanxo Prado era la piedra angular, junto a Pablo Auladell: el Atlántico frente al Mediterráneo. Y claro, un mes antes de las Jornadas Auladell recibe el máximo galardón dedicado a la historieta por el Ministerio de Cultura. Fue bonito lo de los titulares de “los cuatro Premios Nacionales sentados en una misma mesa”.

En relación a esta edición de 2017, debo decir que lo primero que me planteé fue la temática. Quizás haya influido que soy licenciado en Historia, y por ello he vuelto de algún modo a mis orígenes formativos. A partir de ahí pensé en que obras serían ideales para mostrar la historia y su relación en los tebeos. Había que seleccionar un periodo concreto, toda la historia de la humanidad sería demasiado ambicioso e inabarcable en unas Jornadas de este tipo. Y después establecer un equilibro entre autores que me interesaban y sus obras; desde dos puntos de vista, plástico y conceptual. Son muchas las virtudes de la historieta pero una de las que más me interesan a mí es la relación que podemos encontrar entre deleitarnos con una buena historia y que además esté representada con un gran nivel plástico. Lo que trato de explicar se podría entender rápidamente al visualizar una de las maravillosas viñetas realizadas por Carlos Puerta, por ejemplo.

- ¿Qué se van a encontrar los asistentes en este La historia en el cómic de 2017?

El esquema no ha cambiado respecto a la pasada edición. Se trata de conversaciones entre un autor y un teórico alrededor de la obra del primero. Ambos dialogan sobre la trayectoria del artista y la obra elegida, enmarcando todo en el contexto histórico en cuestión. Y por supuesto, invitando al público a que participe. Ese es el objetivo principal: que resulte interesante a los asistentes a los encuentros. Como teóricos ejerceremos Manuel Barrero, uno de los grandes sabedores de este medio en nuestro país y fundador de la revista Tebeosfera y un servidor, yo por mi parte intentaré aprender de Barrero todo lo que pueda. Y como autores, Fidel Martínez fue la primera opción que tuve clara, ya habíamos hablado poco después del fallecimiento de Paco Camarasa, que fue quién editó Fuga de la muerte, y me pareció uno de los autores más interesantes del panorama actual de la historieta, tanto en lo conceptual como en lo plástico. También estará Ángel de la Calle con su Pinturas de guerra, un libro inmenso que me atrevo a pronosticar como Premio Nacional 2017. Para abordar la guerra civil española,  quién mejor que Sento Llobell y su Dr. Uriel, que nos mostrará las andanzas médico novato de convicciones republicanas durante este terrible conflicto. Por otro lado tendremos el privilegio de contar Carlos Puerta, un excelente pintor, dibujante y colorista que entre otras tantas aportaciones ha realizado esta magnífica trilogía sobre el Barón Rojo y la Primera Guerra Mundial. Con todo este plantel y reorganizándolo todo de forma cronológica llegamos a la actualidad con Javier de Isusi, y Asylum, una obra necesaria que muestra las experiencias del exilio, adentrándose en las historias de quienes, ayer y hoy, se ven forzados a emprender un camino para salvar su vida y su integridad, buscando un lugar donde vivir con dignidad. Y para acabar, contextualizando y enmarcando esta representación de la historia de los siglos XX y XXI en los cómics, la persona ideal para hacerlo es Fernando J. Alcantarilla, miembro del Cuerpo de Letrados del Tribunal Constitucional y teórico de la historieta, que en su conferencia de clausura hará un maravilloso repaso por la historia a través de los tebeos que contaron a los lectores lo acontecido en los dos últimos siglos de una forma diferente, enseñando y entreteniendo.

Además de todo esto contaremos con una pequeña muestra de los cómics de los autores con algunas rarezas y ediciones ya difíciles de encontrar y por supuesto, el viernes 17 a partir de las 20:30 una sesión de firmas y dibujos de los autores a todos los asistentes que deseen tener un recuerdo de estos grandes creadores.

- ¿Es tal vez el cómic el arte más transversal actualmente? ¿Todo se puede contar a través de las viñetas?

No podría decirte si es el más transversal pero  sí puedo asegurar que el cómic, como medio y como lenguaje, reúne unas condiciones enormes para contar historias de un modo diferente a como lo hacen la literatura o el cine, por ejemplo. Ni mejor ni peor, es una forma de expresión más y por supuesto, bajo mi modo de ver un lenguaje artístico que nos ha acompañado desde hace mucho tiempo y que en la actualidad está obteniendo un enorme reconocimiento al haber quedado ya, claramente constatada esa transversalidad.

En la actualidad el cómic se sigue expandiendo, evoluciona y sigue encontrando nuevas formas de contar. Por ejemplo, el periodismo, ¡hoy en día se están contando noticias a través del cómic!

- Como lector, ¿eres expansivo o selectivo? ¿Cómo lees historieta gráfica?

Soy selectivo, sobre todo porque la oferta de lecturas que me interesan es tan grande que no puedo permitirme el lujo de perder el tiempo con algo que no me interese. Respecto a la lectura, debo decir que me recreo bastante en ella. Se puede contar una buena historia con un buen guión y un dibujo mediocre. Pero no al contrario, si el guion no es bueno, la historia fallará aunque un dibujo sobresaliente la acompañe. Personalmente me gusta disfrutar del dibujo, analizarlo y disfrutarlo, al igual que la historia que se cuenta.

- Como crítico, ¿cómo bucear entre el pobladísimo mar del cómic actual? ¿Algunas recomendaciones?

Vivimos una época de enorme oferta, el lector tiene todos los medios a su disposición, lo digital, el papel… y las librerías generalistas lo ofrecen prácticamente todo. Eso sí, el hecho de que haya tanta novedad en el mercado obliga a que sea difícil encontrar títulos relativamente nuevos, que acaban pronto en los fondos de las estanterías o aún peor, fuera de mercado.

Mis recomendaciones, esta es difícil. Por supuesto todos los libros que trataremos en las Jornadas. Yo pensé en ellos porque me parecen enormemente interesantes. A partir de ahí siempre recomendaré a autores clásicos como Alberto Breccia o H.G. Oesterheld, la editorial Astiberri acaba de reeditar Mort Cinder, uno de los grandes títulos realizados por este tándem. Aunque suene tópico siempre recomendaré al gran Paco Roca, cualquiera de sus títulos, aunque mi predilección es La casa. Y por supuesto, La balada del mar salado, de Hugo Pratt.

- ¿Importa mucho el nombre? ¿Cómic, tebeo, historieta gráfica, novela gráfica,…?

Creo que se está sobrevalorando el concepto de novela gráfica en la actualidad. En determinados ámbitos se le concede un estatus y se incluye dentro de este género “creado recientemente” a unos autores y se deja fuera a otros que perfectamente podrían estar dentro… pero en definitiva a mí lo que interesa es el todo, es decir, es el arte secuencial, como lo llamaba Will Eisner, y a partir de ahí, me encanta la palabra tebeo.

lunes, 13 de noviembre de 2017

El País:Frank Miller. Hombre, leyenda


Hay algo profano y chocante en conocer a las leyendas, porque todas las leyendas que conocemos son humanas y, por tanto, falibles, imperfectas, contradictorias. El Frank Miller leyenda, esas pequeñas capitulares FM con las que ha firmado muchas de las mejores viñetas de la historia del tebeo, se presenta en la mente del amante del noveno arte como un titán. Cómics como Batman. Año uno (ECC Ediciones, 2017), Daredevil. Born Again (Panini, 2016), Ronin (ECC Ediciones, 2016), 300 (Norma Editorial, 2014) o la eterna El regreso del caballero oscuro (ECC Ediciones, 2016) engradecen esa imagen casi mitológica del autor. El Frank Miller persona, el que frisa ya sus 60 camino de sus 61, es un ser de carne y hueso, con sus tics, sus achaques, sus chascarrillos, sus titubeos y sus silencios.

Sin embargo, por lo que se pudo ver ayer durante su multitudinaria intervención en la Heroes Comic Con de Madrid, arropado más que acompañado por sus amigos del alma Brian Azzarello y Bill Sienkiewicz, por lo que pudimos ver hoy en la breve conversación que compartió con Ka-BOOM, las dos caras de Frank Miller se han reconciliado en un rostro apacible. Miller ha vuelto de un tártaro, físico y existencial. Y el hombre que arropa ahora la leyenda parece mucho más sabio, empático y moderado que el que entró al averno y al ostracismo.

Si hay que creer a su exmujer, Lynn Varley, el alma de color de muchas de sus mejores obras, a Miller se le quebró algo cuando esas dos torres cayeron el 11 de septiembre de 2001. “Creo que hay gente que no ha podido superarlo, que continuará afectada por ello en sus vidas para siempre. Y creo que Frank es una de esas personas”, confesaba a Wired Varley en una entrevista en 2014. Miller y Varley cortaron una relación de décadas con su divorcio en 2005, poco después de la premiere de Sin city.

En lo profesional, se abrió para Miller una etapa singularmente dulce, aduladora, en la que Hollywood lo cameló y mimó con premieres y alfombras rojas. Varley confesó también que creía que la farándula había calado en Miller: “Frank se convirtió en alguien aún más famoso, se expuso a un tipo de celebridad que jamás había experimentado. Era una verdadera distracción. No quieres volver a Hell's Kitchen [el barrio neoyorquino, de pasado violento y marginal, hogar de Miller] a dibujar viñetas después de eso. Parece un fracaso”. El fracaso fue, sin embargo, la manzana envenenada de Hollywood. Miller mordió con su adaptación del The spirit de su amado Will Eisner y el fracaso cerró las puertas de la Meca del cine con la misma facilidad que las había abierto. Su amigo sincero, Robert Rodríguez, logró levantar una segunda película de Sin city en su compañía. Pero las llamadas para continuar con esa carrera de director, en la que el genio del tebeo ha confesado en Madrid seguir interesado, parecen haberse extinguido. Por cierto, si pudiera volver a dirigir, Miller lo tiene claro: “¡Batman!”, exclamó, y el público madrileño estalló en vítores.

De 2006 a 2011 algo ocurrió. Tal vez ese estrés post traumático del que habla su mujer sobre el 11-S. Tal vez el tormento de una enfermedad que nunca ha aclarado pero que a todas luces se intuye como cáncer. El caso es que el autor de Martha Washington, una afroamericana de los suburbios que acababa siendo la heroína de Estados Unidos, de El regreso del caballero oscuro y Sin city, corrosivas críticas al capitalismo desaforado y reflexiones hondas, ambiguas, sobre el pulso entre la libertad individual y colectiva, cargó de manera salvaje contra el movimiento antisistema Occupy: “No son más que una pandilla de ladrones y violadores, una turba rebelde alimentada por la era de Woodstock [el festival más legendario del movimiento hippie] y una pútrida y falsaria justicia. Estos payasos no pueden hacer otra cosa que dañar América”. Amén de sus insultos a Occupy, que desataron la indignación de otros tótems del medio como Alan Moore, Miller fijaba una mirilla de francotirador en su enemigo: “Despertad, escoria. América está en guerra con un enemigo sin piedad. […] tal vez hayáis oído hablar de Al-Qaeda o el fundamentalismo islámico”. Ese mismo año, 2011, Miller publicaba una novela gráfica titulada Terror sagrado. Y su ostracismo llegaría a la cumbre.

En un texto extremadamente valiente y de calidad digna de estudio, un tal Julian Darius escribe una larguísima reflexión sobre el autor titulada: Entendiendo a Frank Miller. El argumento que esgrime, simétrico al que hace poco firmó Guillermo Alonso en ICON a tenor del muro de olvido que Hollywood quiere imponer sobre Kevin Spacey, toca en la llaga: “La cuestión, entonces, es cómo juzgar un trabajo artístico con responsabilidad. Porque, aunque los juicios artísticos sean subjetivos, que lo son, no pueden ser meramente reducidos a lo que a uno personalmente le gusta o no sobre el arte objeto de análisis. No puede, incluso aunque ese arte cargue consigo complicados o reprobables mensajes políticos. […] El arte puede ser peligroso, desafiante o incómodo y al mismo tiempo ser poderoso, vital e inteligible como arte en sí. Y Holy terror, de Frank Miller, ciertamente cumple con estos epítetos”.

Para quien esto escribe, después de leer, durante veinte años, la práctica totalidad de la obra del autor, Holy terror tiene, como mínimo, una de las viñetas más estremecedoras, magnéticas y epatantes del noveno arte. La primera. El fondo es rojo sangre y, sobre él, abalanzándose sobre el lector como si fueran a atravesar la carne del que mira, siluetas de clavos en negro grafito. El arte, como bien dice Darius, puede incomodar. Me arriesgo a decir que debe incomodar. La dictadura que quiere imponer sobre el arte lo políticamente correcto debe poner en guardia a la intelectualidad tanto como cualquier otro tipo de fascismo.

Pero la opinión sobre Miller, tras Holy terror, se polarizó como suele ocurrir en la época de las redes sociales. Fascista fue lo mínimo que le llamaron. Infames fueron las bromas con su aspecto mientras luchaba con la enfermedad. El historietista español David Rubín, entre otros muchos, alzaron un grito de indignación contra cómo se ha llegado a vituperar a un genio total de su medio hasta extremos inhumanos aprovechándose de la inmunidad de la red. Se le dio por juzgado y perdido. El propio Miller, para ironía de Wired, confesó en su entrevista de 2014 que no estaba ya en Internet porque tenía estropeado el ordenador. Felix Pffäli, el periodista que firmó el reportaje, se la jugó acorralando a Miller en este asunto:

Sin embargo, el 29 de octubre 2016, Miller sorprendió a propios y ajenos con un tuit: "Solo hay una candidata, y voy a votar por ella". Y el enlace en la entrevista a La Repubblica en la que manifestaba, sin asomo de dudas, su sentir político. En los comentarios de Twitter, abundaba la estupefacción; “¿pero usted no era republicano?”, se preguntaba un tuitero. Salto a hoy, a Madrid, Hotel AZ Cuzco, 12 de noviembre de 2017. Este periódico le pregunta a Miller por Donald Trump y su querencia por Hillary Clinton. Esto es lo que contesta: “Tuvimos la oportunidad de elegir a una presidenta que habría sido excelente y revolucionaria, y la rechazamos”.


Hay algo profano y chocante en conocer a las leyendas, porque todas las leyendas que conocemos son humanas y, por tanto, falibles, imperfectas, contradictorias. El Frank Miller leyenda, esas pequeñas capitulares FM con las que ha firmado muchas de las mejores viñetas de la historia del tebeo, se presenta en la mente del amante del noveno arte como un titán. Cómics como Batman. Año uno (ECC Ediciones, 2017), Daredevil. Born Again (Panini, 2016), Ronin (ECC Ediciones, 2016), 300 (Norma Editorial, 2014) o la eterna El regreso del caballero oscuro (ECC Ediciones, 2016) engradecen esa imagen casi mitológica del autor. El Frank Miller persona, el que frisa ya sus 60 camino de sus 61, es un ser de carne y hueso, con sus tics, sus achaques, sus chascarrillos, sus titubeos y sus silencios.

MILLER SOBRE LAS MAJORS Y EL TEBEO
"Lo primero que quiero decir es que hay mucha gente maravillosa trabajando en Warner Bros, Disney o Netflix. Asumir que son todos unos desalmados buscando pasta es un error. La cruz de mi respuesta es que es esto, precisamente, por lo que insistí tanto en que un creador retenga la posesión de sus obras. De tal manera que cuando una compañía adapta tu obra, te la alquila, no coges a tu niño, lo pones en una cesta y lo lanzas al río. Es responsabilidad de todos que siga siendo así".

Sin embargo, por lo que se pudo ver ayer durante su multitudinaria intervención en la Heroes Comic Con de Madrid, arropado más que acompañado por sus amigos del alma Brian Azzarello y Bill Sienkiewicz, por lo que pudimos ver hoy en la breve conversación que compartió con Ka-BOOM, las dos caras de Frank Miller se han reconciliado en un rostro apacible. Miller ha vuelto de un tártaro, físico y existencial. Y el hombre que arropa ahora la leyenda parece mucho más sabio, empático y moderado que el que entró al averno y al ostracismo.

Si hay que creer a su exmujer, Lynn Varley, el alma de color de muchas de sus mejores obras, a Miller se le quebró algo cuando esas dos torres cayeron el 11 de septiembre de 2001. “Creo que hay gente que no ha podido superarlo, que continuará afectada por ello en sus vidas para siempre. Y creo que Frank es una de esas personas”, confesaba a Wired Varley en una entrevista en 2014. Miller y Varley cortaron una relación de décadas con su divorcio en 2005, poco después de la premiere de Sin city.

En lo profesional, se abrió para Miller una etapa singularmente dulce, aduladora, en la que Hollywood lo cameló y mimó con premieres y alfombras rojas. Varley confesó también que creía que la farándula había calado en Miller: “Frank se convirtió en alguien aún más famoso, se expuso a un tipo de celebridad que jamás había experimentado. Era una verdadera distracción. No quieres volver a Hell's Kitchen [el barrio neoyorquino, de pasado violento y marginal, hogar de Miller] a dibujar viñetas después de eso. Parece un fracaso”. El fracaso fue, sin embargo, la manzana envenenada de Hollywood. Miller mordió con su adaptación del The spirit de su amado Will Eisner y el fracaso cerró las puertas de la Meca del cine con la misma facilidad que las había abierto. Su amigo sincero, Robert Rodríguez, logró levantar una segunda película de Sin city en su compañía. Pero las llamadas para continuar con esa carrera de director, en la que el genio del tebeo ha confesado en Madrid seguir interesado, parecen haberse extinguido. Por cierto, si pudiera volver a dirigir, Miller lo tiene claro: “¡Batman!”, exclamó, y el público madrileño estalló en vítores.

De 2006 a 2011 algo ocurrió. Tal vez ese estrés post traumático del que habla su mujer sobre el 11-S. Tal vez el tormento de una enfermedad que nunca ha aclarado pero que a todas luces se intuye como cáncer. El caso es que el autor de Martha Washington, una afroamericana de los suburbios que acababa siendo la heroína de Estados Unidos, de El regreso del caballero oscuro y Sin city, corrosivas críticas al capitalismo desaforado y reflexiones hondas, ambiguas, sobre el pulso entre la libertad individual y colectiva, cargó de manera salvaje contra el movimiento antisistema Occupy: “No son más que una pandilla de ladrones y violadores, una turba rebelde alimentada por la era de Woodstock [el festival más legendario del movimiento hippie] y una pútrida y falsaria justicia. Estos payasos no pueden hacer otra cosa que dañar América”. Amén de sus insultos a Occupy, que desataron la indignación de otros tótems del medio como Alan Moore, Miller fijaba una mirilla de francotirador en su enemigo: “Despertad, escoria. América está en guerra con un enemigo sin piedad. […] tal vez hayáis oído hablar de Al-Qaeda o el fundamentalismo islámico”. Ese mismo año, 2011, Miller publicaba una novela gráfica titulada Terror sagrado. Y su ostracismo llegaría a la cumbre.

En un texto extremadamente valiente y de calidad digna de estudio, un tal Julian Darius escribe una larguísima reflexión sobre el autor titulada: Entendiendo a Frank Miller. El argumento que esgrime, simétrico al que hace poco firmó Guillermo Alonso en ICON a tenor del muro de olvido que Hollywood quiere imponer sobre Kevin Spacey, toca en la llaga: “La cuestión, entonces, es cómo juzgar un trabajo artístico con responsabilidad. Porque, aunque los juicios artísticos sean subjetivos, que lo son, no pueden ser meramente reducidos a lo que a uno personalmente le gusta o no sobre el arte objeto de análisis. No puede, incluso aunque ese arte cargue consigo complicados o reprobables mensajes políticos. […] El arte puede ser peligroso, desafiante o incómodo y al mismo tiempo ser poderoso, vital e inteligible como arte en sí. Y Holy terror, de Frank Miller, ciertamente cumple con estos epítetos”.

Para quien esto escribe, después de leer, durante veinte años, la práctica totalidad de la obra del autor, Holy terror tiene, como mínimo, una de las viñetas más estremecedoras, magnéticas y epatantes del noveno arte. La primera. El fondo es rojo sangre y, sobre él, abalanzándose sobre el lector como si fueran a atravesar la carne del que mira, siluetas de clavos en negro grafito. El arte, como bien dice Darius, puede incomodar. Me arriesgo a decir que debe incomodar. La dictadura que quiere imponer sobre el arte lo políticamente correcto debe poner en guardia a la intelectualidad tanto como cualquier otro tipo de fascismo.

Pero la opinión sobre Miller, tras Holy terror, se polarizó como suele ocurrir en la época de las redes sociales. Fascista fue lo mínimo que le llamaron. Infames fueron las bromas con su aspecto mientras luchaba con la enfermedad. El historietista español David Rubín, entre otros muchos, alzaron un grito de indignación contra cómo se ha llegado a vituperar a un genio total de su medio hasta extremos inhumanos aprovechándose de la inmunidad de la red. Se le dio por juzgado y perdido. El propio Miller, para ironía de Wired, confesó en su entrevista de 2014 que no estaba ya en Internet porque tenía estropeado el ordenador. Felix Pffäli, el periodista que firmó el reportaje, se la jugó acorralando a Miller en este asunto:


Sin embargo, el 29 de octubre 2016, Miller sorprendió a propios y ajenos con un tuit: "Solo hay una candidata, y voy a votar por ella". Y el enlace en la entrevista a La Repubblica en la que manifestaba, sin asomo de dudas, su sentir político. En los comentarios de Twitter, abundaba la estupefacción; “¿pero usted no era republicano?”, se preguntaba un tuitero. Salto a hoy, a Madrid, Hotel AZ Cuzco, 12 de noviembre de 2017. Este periódico le pregunta a Miller por Donald Trump y su querencia por Hillary Clinton. Esto es lo que contesta: “Tuvimos la oportunidad de elegir a una presidenta que habría sido excelente y revolucionaria, y la rechazamos”.


Miller es breve hablando de Trump y la oportunidad perdida de Clinton. Su rostro se nubla y su voz baja varias octavas, hasta casi un susurro, cuando repite su opinión sobre la era Trump: “Vivimos tiempos tristes. Vivimos tiempos realmente desafortunados”. Entremedias, de la nada, se desmarca con un destello de humor a lo Chaplin: “Y bueno, en un tono más sarcástico, le podría decir a Trump [y se quita el sombrero para mostrar su cráneo lampiño] que todos los hombres nos quedamos calvos”. Un chiste sobre esa mata de pelo rubio que suena tan a postverdad como su política tuitera. Eso sí, abundando en la figura de Trump y comentándole que Paul Levitz invitado también de la convención, le comentó a este periódico que creía que su presidencia podía servir como revulsivo para que la era de la intolerancia de carpetazo, Miller es mucho más cauto: "No lo sé. El daño que hizo Richard Nixon se dejó sentir durante largo tiempo... Cuando alguien así gana de manera tan abrumadora es... descorazonador. No sé, tengamos esperanza en tiempos mejores".

¿En qué anda este Miller-Alighieri, pues, tras vencer sus demonios? En nada que sus fans pudieran esperar, aunque resulte, a poco que se piense, de lógica aplastante. “¿A que no os esperabais que habláramos encantados de nuestro amor por los libros para niños?”, preguntó retóricamente al público de la Heroes Comic-Con tras confesar en directo que sí, que iba a hacer un libro infantil y con Bill Sienkiewicz de escudero. A Ka-BOOM no quiso darle más detalles, más allá de confirmar que no le toma el pelo a nadie: “Es un proyecto tremendamente importante para mí. No quiero apresurarme a hablarte de ideas que barajo porque aún estoy estudiándolo. Me quiero tomar mi tiempo”.

En la última viñeta del DK 3, tercer capítulo de su universo paralelo protagonizado por Batman, Miller y su colaborador Azzarello le tiran un guiño a la portada más famosa de la historia del cómic. La silueta del Caballero Oscuro lanzándose a la noche, con un relámpago rompiendo el firmamento. En esa viñeta final hay dos siluetas, fulminando por un lado la eterna soledad del personaje y por otro virando el rumbo de la negrura a la esperanza usando la misma imagen icónica. Se siente como declaración sutil de intenciones que Miller ahondó en una entrevista con Deadline: "Mi sentimiento es que el cinismo puro es un refugio. Es el lugar donde van los cobardes. Lo tienes que combatir con idealismo y propósito. El trabajo que tengo planeado en el futuro... Tal vez haya quien se decepcione por lo poco cínico que es". Entre estas obras por venir está una esperadísima Superman. Año Uno en el que Miller reinterpretará a ese bucólico Clark Kent que descubre, en la campiña de Kansas, lo extraordinario de su ser.

Miller ha querido matizar un poco este viraje a EL PAÍS: "Depende de la historia. Evidentemente, mi trabajo para Superman sí será luminoso. Mi obra infantil, sea lo que acabe siendo, también. Pero no voy a convertir a Jerjes en una historia amable. Tenlo por seguro". La vertiente histórica de su obra, hasta ahora solo explorada en 300, es la otra gran pasión que obsesiona al Frank Miller presente. Especialmente en dos figuras a las que dedicará sendas obras: Jerjes y Alejandro Magno. "Todos los términos que hemos acuñado, globalización, multiculturalismo, como si pertenecieran a esta última generación reflejan algo falso. Porque el origen de este mestizaje es bíblico o prebíblico. Un personaje como Alejandro Magno no solo conquistó el mundo conocido. También se dejó asimilar por otras culturas. Sus amigos llegaron a acusarlo de persa por verstirse como ellos y disfrutar de su comida y cultura".

El gran proyecto de Miller será unir su recreación de la batalla de las Termópilas llevada al cine por Zack Snyder con la gesta sin par de Alejandro Magno. El puente entre esos dos grandes momentos de la cultura helena es el persa Jerjes, al que Miller quiere pintar bajo una nueva luz. "Me gusta asumir el punto de vista de mis protagonistas en mis ficciones. Así que Jerjes en 300 no fue para mí más que un cliché megalomaníaco. Pero estoy descubriendo, según hablo con gente que lo conoce mucho mejor que yo y a través de lecturas, que era una personalidad de lo más compleja. Era un tipo que se disfrazaba para espiar a los demás, a pesar de la dificultad de camuflarse por su enorme altura. Y era alguien, está totalmente documentado, que dudó de sí mismo. Por hacer la analogía con Darth Vader o Doctor Muerte, hay un aspecto mucho más profundo tras el villano".

Miller parece en paz consigo mismo. Lo dicen su voz y sus gestos. Lo dicen sus sonrisas, sus palmadas en la espalda y cuchicheos a su amigo Bill Sienkiewicz durante su conferencia conjunta. Lo dice esa luminosa mirada que le dedicó a una joven que le preguntó, ayer viernes, por Martha Washington. "Gracias por preguntarme por ella. A mí también me encanta". Lo dice su constante mención a que quiere abandonar el cinismo, "refugio de cobardes". Lo que no dice Miller, y probablemente nunca dirá, es quién es realmente. ¿Liberal o reaccionario? ¿Violento o pacifista? La respuesta más cercana a la verdad que le dio a este periódico llegó de casualidad, hablando de su obra infantil.

—¿Qué temas quiere usted tratar en su futuro libro infantil?

—Las historias tienen temas que subyacen. Pero yo no me lo planteo jamás como: "¡Voy a decir esto, esto y esto!". Cuento historias que creo que son realmente divertidas y emocionantes de leer. Y, a lo mejor, que enseñan algo. Pero no me voy a poner a dogmatizar y afirmar: ‘¡Solo deberías vestir zapatos rosas! ¡O deberías votar por tal o cuál!'. Ese no es mi trabajo.

A buen entendedor...

domingo, 12 de noviembre de 2017

ABC:El cómic en España: mucho talento y una industria muy precaria


Madrid huele a cómic. Desde ayer y hasta mañana se celebra en Ifema la Heroes Comic Con Madrid y en Arganzuela la feria GRAF, menos comercial, más alternativa. A ellas hay que sumar las exposiciones sobre George Herriman, Marcel Dzama y Manuel Garrido en el Museo Reina Sofía, La Casa Encendida y el Museo de Historia de Madrid, respectivamente. Y, sobre todo, la ambiciosa muestra que el Museo ABC dedica, en colaboración con la Obra Social «la Caixa», a la historia del tebeo español. Reunimos en este último a Antoni Guiral, comisario de la exposición, y al ilustrador Javier Olivares para pasar revista al sector, que parece vivir una Edad de Oro: el cómic entra en los museos, el Prado publica una serie centrada en su colección... Incluso goza de un premio nacional. Pero, ¿hay un boom del cómic en nuestro país?

Para Guiral, «en España tendemos a olvidar nuestro patrimonio artístico. Si vas a una librería, no encuentras ediciones de ciertos clásicos de la historieta. Cuando hablas de cómic hay gente que lo identifica solo con “Mortadelo y Filemón”, lo cual está muy bien. Amí me gusta mucho. Creo que Ibáñez ha hecho mucho bien al mundo del cómic. Pero es mucho más que eso. En los 80 hubo cierto boom del cómic, hasta contó con un programa en televisión. Pero empezó a difuminarse y últimamente parece que ha vuelto. Que haya un premio nacional del cómic, Salones en Barcelona, Madrid y La Coruña, implica que al menos, durante esos días, se hable de cómic». Olivares duda de que sea un boom, pero destaca cosas positivas, como la incorporación del adulto como lector: «Hace unos años era impensable. Era un tabú, estaba mal visto. Ahora ves a adultos leyendo cómics en el Metro. Esa anomalía se ha normalizado. Ha sido uno de los grandes hitos. Cuando fui por primera vez al Festival de Angulema me sorprendió que estuviera lleno de adultos. En España solo iban adoslescentes. Los únicos adultos que había eran dibujantes o editores».

«El cómic es industria y es arte. Pero tiene que haber industria para que surja el arte –advierte Antoni Guiral–. Cuanta más industria, más arte habrá». ¿No es una industria, la nuestra, muy de andar por casa? «Sí, es de zapatilla y bata de andar por casa. No ha sido nunca como la norteamericana, la francesa o la italiana. Y no tiene nada que ver con la japonesa». «La industria aún no tiene potencia», apunta Olivares. «La novela gráfica está dando mucho que hablar, pero resulta un gran esfuerzo para el autor. Salvo casos excepcionales, como Paco Roca, que ha roto ese techo. Es como un rompehielos para todos los demás».

Fenómeno de masas

En los años 40 y 50, el tebeo era un auténtico fenómeno de masas, con tiradas de más de 300.000 ejemplares, hoy solo al alcance de Harry Potter y Aramburu. ¿Por qué conectó tanto entonces y por qué dejó de conectar? «Es complicado. Estamos hablando de cultura popular. Y en aquellos momentos las historietas estaban hechas por miembros de la clase popular. ¿Qué opciones de ocio tenían?La radio, las novelas populares y los tebeos. Niños y jóvenes leían esos tebeos, se identificaban con ellos, aprendían de ellos muchas cosas... Eran una ventana al mundo. Se hicieron muy populares. ¿Por qué dejaron de serlo? A partir de 1964, se pueden comprar televisiones a plazos. Los tebeos, en los 60, sufren una censura más rígida. Pero en los 70 los tebeos de Bruguera vendían hasta 200.000 ejemplares», explica Guiral. «Hoy no se puede competir con algo tan poderoso para los chavales como los móviles. Los tebeos tienen un aura antigua, aunque muchos jóvenes los sigan comprando», apostilla el dibujante madrileño.

Parece un milagro que en la era de Twitter, Facebook, los selfies... sobreviva el cómic, que para muchos es una reliquia para nostálgicos, asiduos a la Cuesta de Moyano. «Lo hace porque no compite con eso», advierte Olivares. ¿Se lleva bien el cómic con lo digital? «Puedes encontrar en digital los cómics publicados en papel. Pero es un número muy pequeño. Y luego están los cómics digitales en sí mismos. Para mí, el cómic está ligado al papel», responde Guiral. «El libro es lo que le da sentido», apostilla Olivares.

Guiral reivindica la palabra tebeo: «Cuando me preguntan ¿tú qué eres?, digo siempre: divulgador de tebeos. Para mí, un tebeo es un cómic, también lo es una novela gráfica». Para Olivares, la palabra cómic «tiene un punto más comercial. Parece que un dibujante de cómic es un tío que trabaja en el extranjero, dibuja para Marvel... Y el novelista gráfico, el tipo que hace libros sobre enfermedades raras».

Machismo

Ilustradores como Benjamin Lacombe o Ana de Juan atraen a legiones de fans, como estrellas de rock. ¿Ayuda ese fenómeno al sector? Ambos coinciden en que, «si hay más lectores, habrá más autores españoles y más posibilidades de sobrevivir». Igual ocurre con los superhéroes de Marvel, que copan la gran pantalla, o el éxito arrollador del manga. «Que haya muchas películas inspiradas en cómics, sean de superhéroes o de manga, es positivo. El asentamiento del manga ha beneficiado a la industria –comenta Guiral–, porque atrae a lectores y, sobre todo, a lectoras. Es un tema del que hablamos poco, pero el cómic no ha pensado mucho en las mujeres, en cambio el manga sí. Muchos mangas están hechos por mujeres y para mujeres». ¿El cómic ha sido machista? «Sí, hay que reconocerlo», se lamenta Guiral. «Los que había para mujeres estaban hechos por hombres –añade Olivares–. Hoy es diferente. Hay autoras maravillosas que hacen cosas estupendas en underground, cómic más comercial, humor gráfico...»

¿Hay un cómic propiamente español? «Sí, si lo hay», responde Antoni Guiral. «Aquí influyeron mucho las tiras de prensa norteamericanas, tando de humor como de aventuras, y los tebeos latinoamericanos. Pero tambien hay cosas nuestras. El humor de Bruguera de los años 40 tiene algo del humor de Jardiel Poncela, del surrealismo... Es un humor muy nuestro, muy español, que difícilmente se puede entender fuera».

Ambos destacan el papel del Museo ABC en el fomento del cómic y la ilustración en nuestro país. «Crea una idea de comunidad», advierte Olivares. «Hay que tener no solo medios, también sensibilidad», comenta Guiral. Tintín y Astérix son dos abanderados del género. Cada vez que sale a subasta un dibujo original de Hergé o Uderzo alcanza precios astronómicos. ¿Ser best sellers en el mundo del cómic es un hándicap? «No, que haya hitos es muy positivo. Yo me formé con ellos», dice Olivares. «Son iconos, dos fenómenos comerciales de una calidad indiscutible», según Guiral.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Vigalondo adaptará al cine un cómic del creador de «The Walking Dead» sobre viajes en el tiempo


Nacho Vigalondo (Cabezón de la Sal, Cantabria, 1977) ha sido el elegido por Sony para llevar al cine la historia de «The Comeback», un cómic de Robert Kirkman, el creador de «The Walking Dead».

El filme será un thriller de viajes en el tiempo que Vigalondo se encargará de dirigir y escribir, mientras que Kirkman ejercerá como productor a través de su empresa Skybound Entertainment.

El cómic, escrito por Ed Brisson con las viñetas de Kirkman, cuenta la historia de dos agentes de la compañía Reconnect, capaz de viajar en el tiempo y salvar la vida de un ser querido a cambio de una buena suma de dinero. Esa actividad es ilegal y está siendo perseguida por el FBI, pero todo cambiará cuando uno de los protagonistas se tope con la futura versión de sí mismo, un giro que ha hecho que el cómic reciba comparaciones con el filme «Looper» de Rian Johnson, protagonizado por Bruce Willis y Joseph Gordon-Levitt.

El cineasta cántabro acaba de estrenar hace unos meses «Colossal», una anticomedia romántica de monstruos protagonizada por Anne Hathaway. Vigalondo ya abordó la temática de los viajes en el tiempo en la fascinante «Los cronocrímenes».

La publicación sostiene que este proyecto catapultará a Vigalondo a la liga de los grandes estudios de Hollywood, con una trayectoria similar a la de otros artistas independientes e internacionales como el neozelandés Taika Waititi o el británico Edgar Wright.