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sábado, 31 de enero de 2015

Diario Jaén:Juan Carlos Contreras: “No sería dibujante de Charlie”


El humorista gráfico de Diario JAÉN Juan Carlos Contreras  inaugura, a las ocho de esta tarde, en la Galería de Vinos Caldos de la calle Cerón de la capital, una exposición de 40 viñetas en las que muestra su visión sobre la libertad de expresión y las presiones de los fanáticos.

La idea de la muestra surgió a raíz del atentado islamista radical contra el semanario satírico francés “Charlie Hebdo”. Juan Carlos Contreras manifiesta que el atentado de París consiguió un efecto contrario al de la sinrazón terrorista: “Lejos de amilanarnos nos hizo a los humoristas gráficos dar un paso adelante”. Fruto de esa rabia contenida es una serie de viñetas en las que el dibujante reivindica la libertad de expresión. En realidad, se trata de una selección de 40 viñetas que publicó, unas a raíz del atentado y otras en los últimos meses. Unas se refieren exprofeso al atentado de “Charlie Hebdo”, otras a la organización Reporteros Sin Fronteras con la que colabora el dibujante jiennense, pero también las hay de periodistas represaliados, de la libertad de expresión, de la ley mordaza, de la violencia de género, de la igualdad... y, cómo no, del olivar, de Jaén, del tranvía, del tútbol y de los toros. 

Juan Carlos Contreras, pese a solidarizarse con los dibujantes y profesionales franceses asesinados, reconoce que él nunca sería un dibujante de “Charlie Hebdo”: “En nuestra libertad de expresión tenemos unos horizontes claros en los que existen límites legales. Por eso yo no sería dibujante de ‘Charlie Hebdo’, porque la tradición en España es distinta, supongo que heredada de la censura, y hay unos límites éticos y morales que no queremos traspasar”. 

Según el dibujante jiennense, en España hay dibujos publicados hace décadas que tienen plena vigencia hoy: “En la época de más censura se publicaron viñetas que hoy no serían publicables, porque lo ‘políticamente correcto’ es un filtro que te hace pensar mucho las viñetas antes de publicarlas, porque pueden producir daños colaterales por xenofobia, machismo, feminismo...”. Uno de los principales deberes que se fija cada día el dibujante, es el de estar informado: “Me levanto temprano y escucho las noticias de una emisora de radio, luego paso a otra y, posteriormente, leo Diario JAÉN y otros periódicos para trazarme una línea moderada. Intento pensar como cualquier ciudadano medio porque es quien lee prensa y quien va a entender mis viñetas”. Juan Carlos Contreras comenta que, para dibujar, utiliza elementos muy sencillos, tales como papel, lápiz y rotuladores de colores. Luego escanea el dibujo con programas de diseño gráfico. La exposición permanecerá abierta al público hasta el 20 de febrero, en los horarios de la tienda de vinos que la acoge.

jueves, 29 de enero de 2015

Relatos del oeste, paisajes de Canadá


Canadá es un lugar con gran potencia de seducción. A los niños les suele llamar la atención su vistosa bandera y enseguida el país entra a formar parte de sus favoritos. Muchas personas descubren durante los desfiles de los Juegos Olímpicos que aquella vieja querencia de la infancia sigue latente, y los aficionados a los cómics lo comprobarán de nuevo ahora al pasear entre las estanterías de novedades. Allí se toparán con unos tomos, cuyas austeras portadas parecen no albergar nada excepcional para destacar sobre el resto. Sin embargo, un inconfundible uniforme rojo resulta suficiente para atrapar la mirada y activar entusiasmos olvidados: ¡La Policía Montada!

Su exótico cuerpo de seguridad federal es uno de los reclamos más populares de Canadá, pero pese a la curiosidad que despierta, no se ha prodigado mucho por los terrenos de la ficción. Alguna película en las mortecinas sobremesas de fin de semana o la olvidable serie de televisión 'Rumbo al sur' eran las apariciones más destacadas de la Policía Montada en nuestro país. Hasta ahora, que de la mano de la editorial Ponent Mon llega 'Trent': un cómic creado por el escritor francés Rodolphe Daniel Jacquet y el dibujante brasileño Luis Eduardo de Oliveira (Leo). La obra es un clásico del western que se publicó entre 1991 y 2000, pero que estaba inédita en España.

Durante casi una década, Rodolphe y Leo publicaron ocho álbumes de 'Trent', colección que abandonaron súbitamente para iniciar el proyecto de 'Kenia'. Sin embargo, en 2008 la editorial francesa Dargaud desempolvó estas aventuras y las recopiló en tres volúmenes de formato integral, que son los que Ponent Mon trae ahora a España. Los autores aprovecharon aquella reedición para rendir un último tributo a su personaje y despedirlo con los honores que merecía. Así, el último tomo, que saldrá a la venta en enero, se cierra con un original epílogo que, en palabras de los padres del entrañable sargento canadiense, "permitirá a los amigos de nuestro viejo 'mountie' seguir soñando y corriendo aventuras aún más lejos".

Rifle en mano, un soldado camina entre gigantescos árboles. El mismo hombre, esta vez a lomos de un caballo negro, avanza por la nieve entre imponentes montañas. Estas imágenes ilustran las portadas de los dos primeros volúmenes de la colección y son un certero adelanto de la atmósfera que envuelve a la obra. Silencio; soledad; búsqueda. 'Trent' es un western clásico, aunque particular por muchos motivos. El más evidente es que no se desarrolla en EEUU, aunque el más relevante es que en sus páginas encontramos más filosofía que disparos.

El hilo conductor que unifica todos los relatos es el descubrimiento de un personaje complejo, que vive la mayor parte del tiempo sumido en la nostalgia. Sus pensamientos oscilan entre los recuerdos de un pasado doloroso y las ilusiones de un futuro prometedor. En las misiones del sargento Trent aparecen forajidos, persecuciones y tiroteos, pero sobre todo hay sentimientos, romanticismo e, incluso, poesía. Hombre puritano, introvertido y melancólico, la suya es una historia de nuevas oportunidades en la que se ensalzan los valores humanos más tradicionales: honor, responsabilidad, familia...

"El genio no es más que la infancia recuperada". La frase es de Baudelaire , y Rodolphe la cita en el prólogo del primer volumen para explicar las raíces de 'Trent'. Las aventuras del sargento son deudoras de las obras de Walter Scott, Julio Verne o Jack London que leyó en su juventud. Pero por encima de todas, el autor francés subraya la influencia de James Oliver Curwood, escritor estadounidense que narraba historias ambientadas en los helados parajes de Canadá. Según reconoce, en aquellas novelas descubrió "las grandes ansias y desilusiones del hombre: la amistad, el amor, el sentido del deber y su cumplimiento, el deseo de vivir a toda costa, y la sospecha de que existe un destino, que es ineludible".

La invitación al viaje y al descubrimiento de la naturaleza es otra de las características que distingue a esta obra. 'Trent' es un auténtico álbum de postales y una reivindicación del entorno salvaje. El espectacular catálogo de paisajes de Canadá pintado por Leo nos traslada a las diversas y desconocidas tierras del Gran Norte americano. Las misiones del sargento Trent le llevan hasta fríos enclaves asolados por la nieve, bosques amenazadores, parajes del ártico en los que la noche dura dos meses... Sugerentes entornos que el ilustrador brasileño brinda ante nuestros ojos con minucioso detalle a través de un dibujo realista, intensificado con colores vivos.

A menudo, acotar el público preferente para un cómic resulta complicado, pero en el caso de 'Trent' todavía más. Aunque no hay excesiva violencia, la profundidad psicológica del protagonista lo acerca sobre todo a destinatarios adultos. Sin embargo, los revólveres, peleas y caballos pueden resultar irresistibles para los aficionados más jóvenes. Los incondicionales del género de los superhéroes son los que a priori menos motivos de interés pueden encontrar, pero nunca se sabe. El sargento Trent no tiene ningún superpoder, pero es un hombre en búsqueda constante del bien y con un pasado que le angustia. En esto, al menos, no es tan diferente a algunos ídolos con máscaras o capas.

La publicación de las aventuras de 'Trent' en España forma parte de la apuesta de Ponent Mon por los western clásicos de la BD (denominación por que se conoce a la escuela de cómic franco-belga). 'Wanted', 'MacCoy', 'Ringo' o 'Jerry Spring' son otros de los títulos con relatos del oeste rescatados recientemente por la editorial catalana que en los últimos años no para de hacer méritos entre los amantes de las historias de indios y vaqueros. Pero en este caso... un cómic de la tradición de EEUU, ambientado en Canadá, producido en Europa y dibujado por un brasileño. ¿En qué estantería lo colocamos? En cualquiera. Merece sitio en todas.

miércoles, 28 de enero de 2015

Uderzo subastará una plancha de Asterix para los familiares de "Charlie Hebdo"


El dibujante francés Albert Uderzo, uno de los padres de Astérix, subastará una plancha original de las aventuras del irreductible galo en beneficio de los familiares de las víctimas del atentado en París contra el semanario satírico «Charlie Hebdo», según informó la casa de subastas Christie's.

Se trata del molde dedicado de una de las páginas en blanco y negro de los «Laureles del César», publicada originalmente en 1972. La puja tendrá lugar el próximo 14 de marzo en la galería parisina Maghen, especializada en cómic, y el precio estimado de venta oscila entre los 150.000 y los 200.000 euros.

Uderzo, de 87 años, conocía bien a «Cabu», uno de los dibujantes asesinados el pasado 9 de enero y, al día siguiente de la masacre retomó el lápiz para dedicar una viñeta de homenaje a las víctimas de la matanza yihadista.

miércoles, 21 de enero de 2015

Felicitaciones a Jordi Bayarri por su sello "Grapa"


Desde el Festival de Cómic Europeo de Úbeda y Baeza queremos destacar y felicitar a Jordi Bayarri por su sello "Grapa". Este sello supone un empuje a muchos autores nacionales y además  una forma de volver más accesible el cómic a las nuevas generaciones.

Os dejamos un enlace para que podáis echarle un vistazo:http://tebeosengrapa.blogspot.com.es/

Felicidades Jordi por tu trabajo.

domingo, 18 de enero de 2015

Noticia ABC:Un cómic relata el espeluznante caso de " El carnicero de Hannover"


Corrían malos tiempos en Alemania en los inicios de la segunda década del siglo XX. Tras la Primera Guerra Mundial, el Tratado de Paz de Versalles obligó al país a asumir unas inmensas indemnizaciones que afectaban, principalmente, a sus ciudadanos. En ese paisaje de pobreza generalizada, no resultaba extraña la escena de varios vecinos comprando carne barata e ilegal a un extraño hombrecillo con mala reputación en el barrio.

El vendedor era Fritz Haarmann, conocido posteriormente como «El carnicero de Hannover». Se le atribuye el asesinato de 24 jóvenes, todos de sexo masculino, entre febrero de 1923 y junio de 1924. Abusaba sexualmente de sus víctimas, las mataba, descuartizaba los cuerpos y arrojaba los huesos al río Leine y las vísceras por el inodoro. De lo que hacía con la carne no se llegaron a dar detalles en su momento, pero habría que ver la cara que se les pondría a todos aquellos que durante meses adquirieron filetes en su siniestro hogar.

Esta es la sórdida historia que nos cuenta «Haarmann. El carnicero de Hannover, un asesino en serie», el cómic publicado en España por La Cúpula y firmado por la dibujante Isabel Kreitz y el guionista Peer Meter. La obra recibió el premio Sondermann en la Feria del Libro de Frankfurt en 2011, y refleja, con un inquietante dibujo a lápiz y en blanco y negro, tanto la miseria propia de la época como el horror de las actividades de Fritz. Pero no lo hace a través de escenas sangrientas, sino que la náusea surge en las fisonomías y en esos paquetitos de consistencia blanda que pasan de las manos del criminal a las de sus clientes.

Uno de los asuntos en los que más se detiene el libro es en la pasividad de la policía ante las denuncias de algunos vecinos: sospechosos ruidos de una sierra mecánica a altas horas de la noche, fiestas interminables, jovencitos que entran en la casa y nunca salen... Además, había sido detenido en varias ocasiones, entre otros motivos por «corrupción de muchachos» y «tocamientos obscenos» a niños. En la ficha de la policía constaba como «enfermo mental peligroso», e incluso había pasado por varios manicomios.

Aquí se produce la gran paradoja: trabajaba para las fuerzas del orden. Debido a su conocimiento del mundo del hampa, estaba en nómina como confidente, y llegó a conseguir una placa, aunque este último detalle nunca quedó claro debido al interés de la propia policía para ocultarlo. Sin embargo, esa identificación le permitía reclutar muchachos perdidos en la estación de tren a los que prometía protección y un plato de sopa. Claro, que ellos no sabían que formarían parte del condimento.

Condenado a muerte, Fritz Haarmann fue decapitado en Hannover el 15 de abril de 1925.

Otros casos reales en viñetas

«Torso»
Nos habla de las pesquisas del conocido comisario Eliot Ness con respecto a «El descuartizador de Cleveland». Fue su siguiente caso tras detener a Al Capone.

«From Hell»
Legendario cómic con guión de Alan Moore cuya realización le llevó diez años. Su protagonista es «Jack el destripador».

«Mi amigo Dahmer»
La juventud de «El carnicero de Milwakee» contada y dibujada por Derf Backderf, compañero suyo en la época del instituto.

sábado, 17 de enero de 2015

El País:Ibáñez, el rey del tebeo


Francisco Ibáñez lleva 56 de sus 78 años dando vida a Mortadelo y Filemón, de los que calcula que habrá dibujado unas 50.000 páginas. Así que cuando uno pulsa el timbre y espera a que le abran la puerta en este bloque corriente y moliente de un barrio corriente y moliente de Barcelona, no puede pensar en otras cosas que las relacionadas con el estajanovismo, la producción en cadena y las laboriosas hormigas. Lo primero que ve el visitante son unas gafas; detrás de ellas, un señor simpático, socarrón y vehemente, y detrás de él, estanterías reventadas de tebeos. Ah, y la mesa. La mesa de dibujo. La mesa de dibujo inclinada, junto a la ventana, poblada de plumillas, lápices, bolígrafos, trozos de papel y –aunque no se vean– mundos extraños y pobres diablos protagonistas de cosas que somos todos: la emoción, la tristeza, la impotencia, el dolor y el fulgor, gama/disparate.

Por ahí pululan, por este saloncito años setenta donde pasa sus tardes Francisco Ibáñez, los disfraces de Mortadelo y los mamporros de Filemón. Mortadelo, trasunto en viñetas de la vertiente picaresca de la vida, cruce de caminos entre el Quijote, el Lazarillo y el expolicía Torrente. Filemón, retrato matemático, cruel, de cierto españolito de cuando entonces, que sigue siendo el de ahora, animoso, resignado, victimista y con mala uva. Mortadelo y Filemón, agencia de información, paridos por la mano de Ibáñez en 1958 en el número 1.394 de la revista Pulgarcito, historieta hecha leyenda o, como tituló Antoni Guiral de forma certera su fantástico libro sobre la escuela Bruguera (1945-1963), Cuando los cómics se llamaban tebeos.

Francisco Ibáñez sigue ahí, asomado a la mesa, al dulce potro de tortura, dando a la imprenta páginas y más páginas y álbumes y más álbumes, el último de ellos Mortadelo y Filemón contra Jimmy el cachondo, versión papel de la película del mismo título dirigida por Javier Fesser y recientemente estrenada con el éxito de público que se le auguraba (la tercera, tras La gran historia de Mortadelo y Filemón, del propio Fesser, y Mortadelo y Filemón: misión, salvar la tierra, de Miguel Bardem). ¿Por qué seguir después de 56 años?

–¿Es que, si lo dejara, se aburriría?
–Pues… sí, desde luego a este paso parece que voy a acabar yo antes que los personajes, ¿no? No sé, hay momentos que ya… no sé, uno está cansado, y dices, ¿y para qué?, pero claro, entonces vuelves a ver que la cosa le gusta a la gente y entonces sigues.

Se llama la irresistible inercia del éxito popular, o quién sabe, la irresistible inercia a secas.
Bien lo sabe el padre de Mortadelo, y de Pepe Gotera, y del botones Sacarino, y de 13, Rue del Percebe, y sobre todo de Rompetechos –“mi favorito”, deja caer Ibáñez sin vacilar–, exponente supremo del eterno tebeo español, ese fenómeno de masas que balbucea a mediados de los cincuenta en cabeceras como La Risa o Paseo Infantil, que eclosiona y estalla en los primeros sesenta de la mano de los hermanos Francisco y Pantaleón Bruguera (el uno, republicano; el otro, franquista, ambos empresarios de corte paternalista y absolutamente seguros de lo que perseguían: edificar un imperio y aplastar a la competencia en el sector del tebeo) y que desemboca en el mismísimo hoy: Barcelona, 2014, Ibáñez dibujando, a punto de cumplir 79 años, a Jimmy el Cachondo, el profesor Bacterio, el Súper, Ofelia y nuestros inefables agentes secretos de la T.I.A.

En tiempos no ya de perenne metamorfosis sino de progresiva derrota de lo tangencial y lo analógico a manos de lo virtual y lo digital, bien puede decirse que nada o prácticamente nada ha cambiado para Francisco Ibáñez Talavera (Barcelona, 1936). Sus lapiceros, sus hojas de papel, sus tintas, su imaginación… Nada ha sido fácil en una vida dedicada a construir mundos imaginarios a golpe de viñeta: “Ahí sigo, igual que siempre, bueno, igual no, porque con el paso del tiempo… Mira, en la profesión mía, hacer cinco páginas a la semana es lo normal. Hacer 10 es una heroicidad. Hacer 15 ya es increíble. Y yo durante muchos años hice 20 páginas a la semana. De día, de noche, fines de semana, sin vacaciones, nada, nada, a dibujar todo el rato. La verdad es que en aquellos tiempos la editorial Bruguera nos tenía bastante esclavizados. Era sencillo: querían producir y producir, y producir masivamente, y así reventaban el mercado, reventaban la competencia, que no podía seguir aquel ritmo”.

Ha evitado, hasta donde ha sido posible, figurar en primera línea de fuego en la promoción de la película de Javier Fesser, “se lo ha tenido que comer casi todo el Fesser, el pobre”, comenta no sin que una risilla asome en sus ojos de niño grande. Mortadelo y Filemón, agencia de información (a los que en un principio iba a llamar Mister Cloro y Mister Yesca, agencia detectivesca, o Lentejo y Fideíno, detectives finos) son importantes, pero aún lo es más la familia y la salud. Alerta roja. Y así son hoy las mañanas de Ibáñez: “Por la mañana salgo un rato a pasear, por prescripción facultativa más que nada, porque me dijo el médico que estaba jodidillo y que eso de quedarme quieto todo el día en casa que no podía ser. Así que me puse con el deporte. Me apunté a una piscina de esas de barrio y oye, me hacía 40 piscinas, pero era aburridísimo. El caso es que cuando ya me creía un Mark Spitz, un día, en la calle de al lado, vi cómo una chiquita se hacía cuatro largos en el tiempo en que yo me hacía uno. Me desanimé y lo dejé. Y ahora salgo a caminar, tres cuartos de hora más o menos, y bien”.

Sin tontos registros de nostalgia, pero con mucho respeto y mucho cariño hacia una época y los nombres y apellidos que la habitaron (sus compañeros en Bruguera, Escobar, Peñarroya, Cifré, Vázquez, Raf…), aquel antiguo empleado del Banco Español de Crédito reconvertido en dibujante de chistes para gran cabreo y preocupación de su padre recuerda la vida de entonces. “A las ocho o nueve de la mañana ya me llamaban los de la editorial: ‘¡Ibáñez! ¿Cómo van esas páginas?’. Y cuando las tenía acabadas, pues nada, me metía la carpeta debajo del brazo y me acercaba a entregarlas, un poco como la modista que va a entregar el vestido que ha hecho durante la semana; me pagaban el trabajo de la semana anterior y listos. A veces aprovechaba para comer o tomar algo con algún otro compañero del trabajo que estuviera por allí y luego, hala, vuelta a casa, a volver a sentarte en el taburete y a seguir dibujando”.

–Es increíble el ritmo que llevó durante aquellos años sesenta y setenta, y es increíble que siga trabajando con esa intensidad. ¿No se sintió Francisco Ibáñez explotado, algo así como una vaca lechera a la que le exprimen las ubres sin descanso, o como la gallina de los huevos de oro a la que no se deja descansar?
–En Bruguera así fue, claramente, pero nunca me quejé, nunca dije que me estaban explotando, yo seguía allí sencillamente porque quería. Eso sí, Bruguera siempre se negó a que los autores tuviéramos los derechos de nuestros personajes, se negó en redondo. Los dueños pusieron cláusulas en los contratos que decían que aquellos personajes eran “herramientas de trabajo en poder de la editorial, que pagaba por ello a sus autores”. O sea, que nosotros no teníamos derecho absolutamente a nada. Te decían: “Oiga, Ibáñez, aquí se trata de producir, ¿eh?, y si no lo hace usted, pues lo hará otro, ya sabe”.

Era un tiempo en el que centenares de miles de niños españoles acometían, sin saberlo, su primera iniciación a la lectura desde las páginas de aquellas revistillas que costaban cinco pesetas, que se llamaban Tio Vivo, DDT, Pulgarcito o Din Dan, y que alcanzaban tiradas de 350.000 ejemplares… semanales. Luego vendrían Mortadelo Especial, Mortadelo Gigante, Súper Mortadelo…, había que estrujar a la gallina de los huevos de oro. Otros personajes de autores rivales, como Zipi y Zape, Anacleto, agente secreto, Las hermanas Gilda, Carpanta o Sir Tim O’Theo también triunfaban…, pero la comparación con Mortadelo y Filemón era inviable. Una era, definitivamente, ida. “Todo eso acabó, los tebeos han desaparecido. Hubo un tiempo en el que en los quioscos veías decenas de colecciones. En la historieta realista estaban El Capitán Relámpago, El Capitán Tormenta, El Capitán Trueno… ¡Cada fenómeno atmosférico tenía su propio capitán en forma de tebeo! Y en la cosa cómica, el Pulgarcito, el DDT, el Tio Vivo, el Din Dan, había una cantidad tremenda de títulos y personajes. Hoy no hay nada. Ha desaparecido todo. Sólo han quedado las revistas esas, ¿cómo les llaman? Románticas. De autores de tebeos sólo quedamos Jan, que hace el Superlópez, y yo. Pero de mi época, sólo yo, claro, no queda nadie, coño. Me he quedado solo. Es un poco triste”.

–Bueno, yo no diría que es el último superviviente de los tebeos clásicos; usted es más que eso, es el último superviviente de toda una época y de toda una forma de cultura popular. Usted hizo reír al franquismo, al antifranquismo, al tardofranquismo, al posfranquismo, a la Transición, a la democracia…
–¡Je, je, je! Sí, es un poco así, sí. Y la verdad es que guardo buenos recuerdos de aquellos primeros años, a pesar del franquismo; coño, hoy mucha gente dice: “Qué horror, qué mal está todo”. Pero yo les diría: “Joder, pues menos mal que no tuvisteis que vivir el franquismo, que aquello sí que…”. Pero da igual derecha que izquierda, yo he hecho reír igual a todos. Y también les he metido en las historietas, pero con cuidado, ¿eh?, sin intención de molestar.

–Y además, siempre tocando temas de actualidad. En ese sentido, ha sido usted en cierto modo un poco periodista, ¿no?
–Pues sí, pero estoy pensando que voy a dejar este sistema. Es que en un periódico, pum, pasa algo hoy y mañana ya sale publicado. Pero aquí no, a mí hacer un álbum me cuesta dos meses, entre que lo dibujas, lo entintas, lo mandas a imprimir, etcétera. Así que cuando eso sale a la calle, aquel suceso del que he hablado a lo mejor ya no interesa porque mientras tanto han ocurrido 28.000 cosas más. O directamente el personaje en cuestión se ha ido de este mundo. Una vez hice un álbum que, parodiando lo de El señor de los anillos, se tituló El señor de los ladrillos. El protagonista era un señor muy gordo que vivía en Andalucía y que tenía un equipo de fútbol y un caballo que se llamaba Imperioso…, y cuando estaba en las últimas páginas una mañana veo en el periódico que se ha muerto. ¡Hostia, que se ha muerto! Y ya no lo saqué, claro.

A punto de los 79 años –los cumplirá en marzo–, “a lo que uno aspira es a no molestar demasiado a los demás”, sostiene Francisco Ibáñez, que se esfuerza en quitar hierro a la cosa y en no salirse de madre con respecto a la trascendencia a su obra: “El trabajo mío nunca ha sido de crítica social, económica o política; nada de eso, para eso ya están los que hacen los chistes de los periódicos, que por cierto lo hacen magníficamente, aunque poco a poco también esa tradición va desapareciendo. Yo he hecho y hago historietas. Y les gustan. Los chisteros de la prensa hacen a la gente reflexionar sobre la realidad. Yo les hago evadirse de la realidad”.

Mucho más guionista que dibujante según su propia apreciación de sí mismo, hay algo que le llama la atención: la endémica escasez de buenos contadores de historias en un país que, asegura, en teoría está especialmente dotado para ello. “Hoy ya no hay buenos guionistas. Y me choca, coño, vivimos en un país de gente graciosa, tú vas a una reunión y siempre hay el típico tío con una memoria prodigiosa que te cuenta 48 chistes con una gracia que te despatarras de risa, pero yo no sé qué pasa que luego a la gente le das un lápiz y le pones delante de un papel y ¡pssssst! Y es una cosa general, yo creo que en el cine y en la televisión también pasa esto. Y en la literatura. Hay gente con un estilo literario tremendo…, pero un coñazo. Yo creo que Harold Bloom exagera cuando dice que desde Beckett no hay nada nuevo…, pero es verdad que yo ahora mismo no encuentro nada que me interese demasiado”. Y prosigue en su reivindicación a ultranza de los contadores de historias: “Yo nunca he sido un buen dibujante, ¿eh?, a veces me dicen: ‘Mira, Ibáñez, el dibujante’; y no, a lo sumo Ibáñez, el historietista. Hay gente que sí, que hace viñetas que podían colgarse en el Museo del Prado, o en el Louvre, o en la National Gallery, a mí se me cae la baba viendo lo que hacen. No es mi caso. Pero en cambio, a mí se me han dado siempre bien los guiones, contar historias. Y eso es muy dificilillo, ¿eh? Lo más importante en una historieta es el guion, es lo que atrapa al público. Tú puedes dibujar una página bestial, imponente, barroca, magnífica, pero si el guion no engancha, eso no funcionará. Lo que pasa es que después de 60 años… los temas se agotan. Antes cogías un lápiz y un bloc, te inventabas cuatro sketches y cuatro gags, los ligabas y tenías la historia. Ahora te pones delante del papel en blanco y te preguntas: ‘¿Y qué pongo?”.

Cuando toque corneta la evidencia del paso del tiempo y la llegada del descanso, a Ibáñez le quedarán sus criaturas, lo inventado, lo plasmado en papel y lápiz, tantas mañanas, tantas tardes y tantas noches a bordo del tablero de dibujo. Y más cosas, pero sobre todo una: sus lectores, los de antes y los de ahora, los de siempre, incluidos esos padres que compran tebeos a sus nenes para leerlos ellos. Recuerdos, homenajes al público: “Cuando empecé a hacer sesiones de firma de libros casi todos los que venían eran niños; ahora eso ha cambiado mucho, yo me atrevería a decir casi que vienen más adultos que niños, qué curioso, ¿verdad? Vienen médicos, abogados, arquitectos… y me cuentan cómo, algunos días de esos de nubarrones en la cabeza, se meten por la noche en la cama y cogen un albumito de los míos y acaban el día felices. Yo a veces pienso que a Mortadelo y Filemón los deberían vender en las farmacias, en tubitos, como somníferos”.

Se ve caer ya la tarde frente a la ventana de Francisco Ibáñez, por donde muere la Gran Vía y por donde Barcelona enciende sus luces. Debajo de su casa hay un bar de los de siempre y con lo de siempre, Los Porrillos, se llama, que ya es llamarse. Allí se acodará Ibáñez junto a Mortadelo y junto a Filemón Pi, el putilla y el eterno perdedor. A tomar algo y a preguntarse cosas. Cosas como por qué los vejestorios (o jovenzuelos) gerifaltes de la alta cultura nunca pudieron con los tebeos. “Ha habido siempre un desprecio total hacia los tebeos por parte de la alta cultura; yo me acuerdo de una vez que mi editor me hizo ir al Café Gijón a un encuentro de los autores más vendidos. Yo le dije: ‘No me jodas, ¿qué pinto yo en el Gijón, tú sabes qué autores estarán allí?’. Y bueno, bah, al final fui. Y todavía me acuerdo de ver cómo pasó delante de mí aquel autor de teatro, Buero Vallejo, y me miró como diciendo: ‘Pero ¿qué hace este desgraciao aquí?’. ¡Qué caras ponían al verme!”.

Pero oigan: que le quiten lo bailao, que levante el dedo el que haya vendido en este país más libros que Francisco Ibáñez. Que levante el dedo el que haya propiciado más nuevos lectores que él. Que se levante y se reivindique quien crea que ha llegado a más corazones que Mortadelo.

jueves, 15 de enero de 2015

El Mundo:Spirou repite curso


En Francia, Spirou es un superventas y un icono cultural comparable a Astérix o Tintín. En España, es ese personaje que viste parecido al Botones Sacarino. Dependiendo de la edad, unos recuerdan aquella revista a caballo entre los 70 y 80 que fue Spirou Ardilla, otros las tiras de 'El Pequeño Spirou' que editaba un suplemento de 'El País' y los más jóvenes la serie de dibujos animados del Marsupilami, secundario de lujo de las aventuras del botones belga. Pero está lejos de ser un personaje popular.

Parte de la culpa la tienen las calamitosas ediciones que ha tenido a lo largo de los años, que ahora la editorial Dibbuks trata de arreglar. Si Astérix y Tintín -incluso iconos menores, como Blake&Mortimer- ven publicadas sus nuevas entregas al español casi de manera inmediata, lo de Spirou es un rosario de inéditos que se saltan la numeración francesa y al que la casa madre, Dupuis, quería poner fin. El proyecto de Dibbuks, que con este fichaje celebra su décimo aniversario a lo grande, fue el que más les atrajo.

"Quizás Spirou no funcionó hasta ahora en España porque llegó tarde y en un momento en que existía una versión más adaptada a nuestra forma de entender los cómics entonces, que era el Botones Sacarino", valora Ricardo Esteban, editor en jefe de Dibbuks y ahora máximo responsable de traer el personaje a nuestro país. "En los 50 y 60 el mercado español estaba saturado de revistas y ya había personajes más populares, así que Spirou lo tuvo muy difícil desde el principio".

Sacarino, por cierto, fue el homenaje de Ibáñez a Franquin, el autor del Spirou clásico de los 50, y se parece más a otra creación de este, Gaston Lagaffe, conocido en España como 'Tomás El Gafe'. La influencia de Franquin, de hecho, se nota en Mortadelo y Filemón con obras como 'El sulfato atómico'. La propia personalidad de Filemón, sin perder su esencia de jefe cascarrabias, coge algunas características del trepa y calavera Fantasio que da la réplica Spirou como él se la da a Mortadelo.

Este febrero saldrá a la venta 'El botones de verde caqui', de Yann y Schwartz, una aventura ambientada en la Bruselas ocupada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, publicada originalmente en 2009. Forma parte de un programa editorial que incluye recuperar este mismo año los integrales 12 y 13 de la edición francesa, que reúnen las etapas de últimos 70 y primeros 80, con los autores Nic y Cauvin y posteriormente sus sustitutos, Tome y Janry. Igualmente antes de que acabe 2015, Dibbuks publicará el primer tomo de la etapa moderna completamente inédito, el número 51 de la colección, Peligro, Zorkons, de Vehlman y Chivard.

Ricardo Esteban, editor jefe de Dibbuks, explica que el personaje "se adapta muy bien a nuestra editorial, que sobre todo se centra en aventuras clásicas. Además, creo que nos escogieron porque al ser una editorial pequeña no íbamos a perder al personaje entre las novedades de cada, sino que le íbamos a dar mucha importancia en nuestro catálogo. Para Dupuis es su buque insignia, su personaje más señero, así que querían una edición en España que respetase la manera en que se ha hecho en Francia previamente".

Sí eligen arrancar por la aventura de Yann y Schwartz, que está fuera de la continuidad de la serie canónica, es "porque sabemos que en España existe un gran público que desconoce al personaje. Nuestro plan editorial es recuperar los álbumes 'one-shot', que en Francia se titulan 'Una aventura de Spirou y Fantasio por...', y ofrecen una aventura nueva y desde cero que sirve para familiarizarse con los personajes sin necesidad de coger la serie desde el número 51. Poco a poco queremos ofrecer más material, en los integrales van a ir alrededor de 100 páginas de extras, porque también existe un grupo de fans del personaje que quieren esa clase de contenidos".

Después de meses de trabajo previo -se sabe del 'fichaje' de Spirou con Dibbuks desde octubre del año pasado-, y con una campaña muy activa a través de redes sociales para llamar la atención de los 'fans', este febrero llegará el momento decisivo para el botones de rojo y sus lectores españoles.

El País:Teoría y práctica del arte de matar


Matar no es un crimen. Matar es un arte”, dispara desde las viñetas de la primera página el protagonista de Yo, asesino(Norma editorial), donde el crimen en serie no hunde sus raíces en la locura o algún pecado original porque Enrique Rodríguez es un reputado profesor de Historia del Arte que lleva sus prospecciones teóricas sobre la crueldad en el arte hasta la ejecución material. El guionista Antonio Altarriba (Zaragoza, 1952) catapultó sobre la obra buena parte de su experiencia biográfica como catedrático de Literatura Francesa en la Universidad del País Vasco durante 38 años, aunque no precisamente los elementos más macabros. “Los amigos comienzan a mirarme con prevención... así que esos ratos en los congresos en que desaparecías...”, bromea.

En su ficción, el historiador mata aprovechando sus desplazamientos por razones académicas. Mata desde la primera página, a un despreocupado paseante de la calle Preciados, en Madrid, en el paréntesis de un congreso internacional sobre arte del Renacimiento y el Barroco, que se ubica en el Círculo de Bellas Artes. La novela gráfica, escrita por Altarriba y dibujada por Keko, ha recibido una gran inyección de autoestima, ya que ha merecido el Gran Premio de la Crítica 2015, que concede la Asociación de Críticos y Periodistas de Cómic de Francia. Es la primera vez en la historia del galardón, creado en 1984, que recae en dos españoles, aunque el álbum ha sido producido originariamente para la editorial francesa Denoël, que lo publicó en septiembre, dos meses antes de que saliera la versión española. Los autores recibirán la distinción en el próximo Festival Internacional de Cómic de Angulema, donde también compiten en la categoría de mejor álbum de serie negra.

Altarriba, Premio Nacional de Cómic en 2010 por El arte de volar, donde plasmó la historia de su padre junto al dibujante Kim, comenzó a construir el guion a partir de su reflexión sobre los asesinos en serie reflejados en películas y series de televisión. “En las novelas policiacas de los treinta o cuarenta, el delincuente tiene unas motivaciones, que pueden ser los celos, la ambición o pasiones que hacen saltar por los aires las normas sociales y convencionales; es uno de los nuestros. Pero ahora ha cobrado un papel importante el asesino en serie, el trastornado, que no mata por un motivo o lo hace por un trauma. No es uno de los nuestros. Y todo coincide con una época de buena conciencia, libros de autoayuda y corrección política donde la moral dominante hace que tengamos muy buena conciencia de nosotros mismos. Me pregunté qué pasaría si el asesino en serie fuese uno de los nuestros, una persona con una vida cotidiana”.

Y así nació Enrique Rodríguez, el especialista en arte y dolor que mata a corta distancia sin atisbo de empatía aunque se conmueve cuando otros asesinan en su hábitat (el atentado contra Fernando Buesa y su escolta, el ertzaina Jorge Díaz, en el campus de Vitoria). “En este mundo”, reflexiona el asesino, “matar por nada constituye, en el fondo, una acción pacifista. Al menos, mucho más honesta que matar por la patria”.

La opresión política y violenta del País Vasco anterior al alto el fuego indefinido de ETA es una parte esencial del cómic, un medio que está registrando una especial atención al conflicto vasco en los últimos tiempos, como evidencian Las oscuras manos del olvido, de Felipe Cava y Bartolomé Seguí, y He visto ballenas, de Javier de Isusi, que compite en Angulema en la categoría de mejor obra.

Esa atmósfera represiva en el seno de la universidad sí procede de la experiencia directa de Altarriba, que sufrió acosos menores (como pintadas) del entorno abertzale universitario. “Los profesores no responden a figuras reales, pero los comportamientos como las intrigas en la agencia que nos evalúa o el conflicto vasco, sí. Yo he convivido con gente así”, señala Altarriba, que ya trabaja en su próximo proyecto, La madre manca, un rastreo en la biografía de su madre, que complementará El arte de volar.

El álbum ha sido doblemente desafiante para el dibujante José Antonio Godoy Keko (Madrid, 1963), tanto por razones de peso (Yo, asesino tiene 134 páginas, casi el triple de las obras que había ilustrado hasta ahora) como de contenido. “Tengo fama de tener gusto por lo rancio, y en este trabajo he tenido que hacer cosas que odio como dibujar coches o ropa de ahora”, ironiza el autor de 4Botas, triunfadora del Salón del Cómic de Barcelona en 2002.

Keko dibujó el cómic en blanco y negro —sus variaciones de claroscuros sobre una misma viñeta crean desasosegantes ambientes— e introdujo toques de color rojo, a sugerencia del editor francés, “a modo de balizas de señales para centrar la atención del lector”.

miércoles, 14 de enero de 2015

Viñetas para enmarcar


¿Sabían que pintores como Da Vinci, Rembrandt o Dalí son algunos de los más homenajeados por el noveno arte? ¿Que hay escenas de Astérix que beben directamente de obras de maestros como Brueghel 'el Viejo'? ¿Que Goya fue un precursor del lenguaje del cómic? Pues así es y así lo muestra 'La pintura en el cómic', un libro magníficamente documentado por el historiador del arte Asier Mensuro y el experto en teoría del cómic Luis Gasca, el más importante coleccionista de estas publicaciones que hay en España.

En él, los autores hacen balance de lo que una disciplina debe a la otra y de la inspiración que las novelas gráficas buscan en el arte y viceversa; no olvidemos que sobre todo artistas del movimiento Pop Art como Andy Warhol, Roy Lichtenstein o Richard Hamilton tomaron su iconografía para conectar su arte con los nuevos tiempos. Tenemos ejemplos tan claros como el collage '¿Qué es lo que hace los hogares de hoy tan diferentes y llamativos?' (1956), donde Hamilton clonó la portada del cómic 'Young romance', de Jack Kirby y Joe Simon. O tan interesantes como el que llevó a Equipo Crónica, grupo formado por los artistas Manolo Valdés y Rafael Solbes, a introducir al Guerrero del Antifaz en 'El Guernica' en su obra 'El Intruso' (1969). Cierto es que esta monumental obra de Picasso ha venido causando un gran impacto en el mundo del cómic y la hemos podido ver en diversas viñetas de Quino, en historietas como 'Un tiempo del Führer' de Víctor Mora y Florenci Clavé, y hasta en portadas de La Marvel como 'Sangre, arena y garras' de la serie 'Lobezno en la Guerra Civil española', entre otras muchas.

Aunque fue la tira de prensa estadounidense 'The Yellow Kid and his Phonograph' la que en 1895 utilizó por vez primera el uso de bocadillos para contener el diálogo de los personajes, quedando así como el antecedente del cómic moderno, hay quienes han querido ver ya en las pinturas rupestres una suerte de origen del género.

Uno de ellos es el famoso dibujante Will Eisner, padre de 'The Spirit', quien en su obra 'La narración gráfica' apunta a ellas como una forma de contar historias a través del dibujo. Y aunque hay muchos expertos que no están de acuerdo con este parentesco, debido a que aún se desconoce el objetivo de aquellos dibujos, es una idea que por lo mismo no hay que desterrar.

La idea de que la pintura narrativa está estrechamente relacionada con el mundo del cómic tiene un claro exponente en Goya. Como señalan Mensuro y Gasca, «el pintor aragonés es un interesante precursor del lenguaje del cómic al reflexionar en su obra sobre la narrativa secuencial, protagonista de óleos como la serie de seis lienzos que cuenta a modo de secuencia 'La captura del bandido Maragato por fray Pedro de Zaldivia' (1806-1807)». Pero además el genial pintor dejó como legado tres lecciones de dibujo que han marcado huella en la ilustración y la novela gráfica actual: la capacidad de síntesis gráfica, el uso de los sombreados para destacar aquellos elementos de la imagen que son más importantes y la inteligencia para dibujar solo aquello que es necesario. «Esta filiación gráfica le convierte en uno de los autores más citados en el mundo del noveno arte, en justo reconocimiento por parte de historietistas claramente influidos por él, como Robert Crumb, Frank Miller o Mike Mignola, que lo homenajea en la aventura de Hellboy 'En la capilla de Moloch'», explican los expertos. En este caso, además, el lector reconocerá una transferencia clara de 'Los caprichos' y las pinturas negras hacia el universo del buen demonio.

'La odisea de Astérix'

Es interesante ver cómo el cómic también se vale de la pintura como parte de su proceso de documentación y se sirve de ella bien para ambientar sus historietas, bien porque su narración sucede en lugares y épocas del pasado en las que esta es la única fuente gráfica referencial posible. Así, en 'La odisea de Astérix' Uderzo dibuja a los soldados de un ejército babilonio en rigurosa línea y de perfil. «Tanto la disposic ión de las figuras en una franja como su pose y vestimenta remiten al 'panel de la guerra' del 'Estandarte de Ur», señalan los autores.

Por supuesto, no siempre es así, y a veces el uso de un lienzo o parte de él solo pretende apoyar un gag usando el reconocimiento de la obra por parte del lector, como sucede en 'El aniversario de Astérix y Obélix. El libro de oro' cuando Falbalá aparece convertida en 'La mona Lisa' o en la acuarela 'Las meninas de Ibáñez', donde el ilustrador inmortaliza la obra de Velázquez sustituyendo sus figuras por personajes como Mortadelo y Filemón, Rompetechos o Pepe Gotera y Otilio.

Para acabar, hay que llamar la atención sobre la interesante proliferación de álbumes que recrean la vida y obras de pintores e incluso de sus musas, como los más que recomendables 'Kiki De Montparnasse', de Catel y Bocquet, una biografía de la mujer convertida por Man Ray en 'El violín de Ingres'; 'Gauguin, dos viajes a Tahití', donde Li-An teje una aventura en torno a los elementos de la vida del pintor, o el más reciente 'La casa azul', donde el ilustrador Tyto Alba refleja la vida en Coyoacán con Chavela Vargas, Frida Kahlo y Diego Rivera.

Con todo, nada mejor que sumergirse en las más de 600 imágenes con las que se ilustra 'La pintura en el cómic' para armarse con la mejor herramienta con la que dar caza a todas estas relaciones entre dos artes que cada vez están más cerca. Todo un regalo con el que dejarse sorprender.

martes, 13 de enero de 2015

Diez series basadas en cómics que veremos en 2015


El mundo del cómic no sólo ha encontrado un enorme filón en las superproducciones cinematográficas hollywoodienses, como muestran las últimas exitosas películas de Marvel y DC, sino que también está sabiendo adaptarse notablemente a la pequeña pantalla. En la que muchos consideran la Edad de Oro de las series de televisión, son numerosos los proyectos audiovisuales que han decidido tomar como referencia cómics de buena acogida entre crítica y público.

Si en 2013 vimos nacer y triunfar a 'Agentes de S.H.I.E.L.D.', la serie basada en la saga Marvel, y en 2014 ocurrió lo mismo con 'Gotham', una producción que se presenta como una precuela al nacimiento de Batman, este 2015 promete no quedarse atrás. De hecho, hay más de una decena de series confirmadas para este año cuyo argumento se basa en uno o varios cómics populares. A continuación, se ofrece una breve recopilación de las 10 más interesantes:

'Agente Carter':

Estrenada el pasado 6 de enero en Estados Unidos, esta serie de ABC es una adaptación de la historia de Peggy Carter, una agente especial norteamericana que aparece como personaje secundario en muchos de los cómics Marvel del Capitán América.

'Powers':

Basada en los cómics de Brian Michael Bendis, esta serie policiaca de superhéroes es una de las más esperadas de 2015. De hecho, sus primeros capítulos estarán dirigidos por el conocido David Slade, realizador de episodios de exitosas producciones como 'Hannibal' o 'Breaking Bad'.

'Daredevil':

Steven S. DeKinght toma las riendas del superhéroe ciego para lograr, con la ayuda de Netflix y Marvel, hacer renacer al famoso Daredevil, uno de los principales superhéroes de Marvel, en televisión. En la serie podremos ver a personajes míticos como Elektra o Kingpin.

'Krypton':

Syfy emitirá a finales de años 'Krypton', una serie que podría considerarse la 'Gotham' de Superman. Es decir, esta producción indagará en los orígenes del superhéroe DC y contará el contexto en el que nació el poderoso Clark Kent.


'Preacher':

Seth Rogen será Jesse Custer en una de las adaptaciones más esperadas. La cadena AMC se inspirará en la serie de cómics de DC que narra la historia de un predicador poseído por la criatura sobrenatural llamada 'Génesis'.

'Supergirl':

Tal y como otros hicieron anteriormente los mismo con Arrow y Flash, la CBS pretende convertir a la superheroína de DC en una de las principales protagonistas de la parrilla televisiva norteamericana, con una serie hecha a su medida.

'Teen Titans':

Warner Bros. y DC trabajarán juntos en esta nueva producción que adaptará, desde el cómic, al grupo de jóvenes ayudantes de la Liga de la Justicia. El líder de este grupo será ni más ni menos que Nightwing, el primer Robin de la historia.

'I Zombie':

Como adaptación de un cómic DC homónimo, la serie 'I Zombie' trata sobre Liv, una forense que al ser mordida por un zombie se convierte en una 'revenant', una aparecida que se alimenta de cerebros muertos, adquiriendo sus recuerdos.

'Luke Cage':

Luke Cage, alias Power Man, el superhéroe de Marvel creado por Archie Goodwin y John Romita Sr. también tendrá su espacio televisivo en este 2015. La serie tendrá cierta relación con la famosa 'Agentes de S.H.I.E.L.D.'.

'Jessica Jones':

En la misma línea que Luke cage, Jessica Jones, heroína de Marvel, tendrá su serie de Netflix, la cual también tendrá relación con 'Agentes de S.H.I.E.L.D.'. Krysten Ritter, Jane en 'Breaking Bad', será la encargada de encarnar a la protagonista.

viernes, 9 de enero de 2015

Mercury arrasa en los Premios de Cómic Europeo de Úbeda y Baeza


Este año ha sido la obra Mercury la que ha recabado todos los Premios del Festival. Concretamente ha recabado los Premios de Mejor Cómic Europeo 2013, Mejor Dibujante Europeo 2013 y Mejor Guionista Europeo 2013.

El público se ha volcado en las votaciones con esta obra y desde el Festival queremos felicitar a David Braña y Abel Cicero.

jueves, 8 de enero de 2015

Repulsa contra lo acaecido en Francia


Desde el Festival de Cómic Europeo de Úbeda y Baeza nos solidarizamos con lo ocurrido ayer en Francia y condenamos los actos cometidos por los terroristas y atentan contra la libertad de expresión.

miércoles, 7 de enero de 2015

El viernes conoceremos a los ganadores de la edición 2014 de los Premios de Cómic Europeo


El viernes conoceremos a los ganadores de la edición 2014 de los Premios de Cómic Europeo. 

Desde la Organización se quiere pedir disculpas por la tardanza pero se ha debido a la poca participación de editoriales y autores que hemos tenido este año. Por ello y por consideración a toda la gente que ha participado y al público que ha votado, este año los galardones serán unificados de público y jurado. Los ganadores de los mismos se conocerán este mismo viernes.

Desde la Organización del evento esperamos que el próximo año la implicación de las editoriales sea mucho mayor.

jueves, 1 de enero de 2015


Feliz año 2015! Que este nuevo año nos sorprenda con muchos nuevos cómics y con la vuelta de muchos de nuestros personajes favoritos.