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domingo, 24 de enero de 2016

David Bowie, el Lucifer que nos dejó huérfanos de infierno


Parecía algo imposible, pero el infierno cerró el pasado 10 de enero de 2016. Como el ser sobrehumano que siempre fue, David Bowie tomó una decisión por encima de lo inteligible y decidió vaciar el Inframundo y echar el cerrojo a sus puertas. De esta forma, los millones de demonios que habían decidido romper con su destino y convertirse en 'Heroes' de su propia historia siguiendo al Rey de los Goblins, quedaron desamparados, desahuciados y destrozados. Demonios incomprendidos, de esos que van siempre a contracorriente, como tú. ¿Quién iba a pensar que su Majestad Lucifer, Estrella del Alba, que te llevó a este páramo alternativo, podía abandonarte algún día? ¿Cómo imaginar que era mortal? Pues sí, resulta que aquel ángel caído era Bowie y no lo sabías.

La historia de la vida de Bowie es una infinidad de relatos sobre tener 20 años toda la vida. Es el jardín de Destino con incontables senderos que se bifurcan sin pausa. Es sencillamente inabarcable. Sin embargo, la historia de la muerte de Bowie cabe en un tomo de apenas 220 páginas que se llama 'Sandman nº 4: Estación de Nieblas', y que fue escrito por Neil Gaiman y dibujado por Kelley Jones y Mike Dringenberg entre 1991 y 1993.

En él podemos ver como gran protagonista, siempre con permiso del Eterno Sandman, a un Lucifer pintado a imagen y semejanza de David Bowie. Tal y como narra la dibujante Kelley Jones en un libro sobre la creación de esta famosa saga de cómics, Neil Gaiman tenía tan claro que el Diablo debía ser David Bowie que le dijo: "Tiene que ser él. Debes dibujar a David Bowie. Encuentra a David Bowie o te lo traeré yo mismo. Porque si no es David Bowie lo tendrás que volver a dibujar hasta que sea David Bowie".

Ya dentro de la 'Estación de Nieblas', la historia de la muerte de Bowie cobra forma en ese Lucifer hastiado que decide cerrar el infierno para retirarse al descanso eterno, dejando a sus miles de demonios -fieles seguidores de su rareza espacial- en un extraño limbo sin líder entre las estrellas, sin ninguna visión y bajo una enorme presión existencial.


El resto de la historia no puede ser desvelada. Tienes que leerla. Es oro puro como toda la saga que la acompaña, pero brilla especialmente, muy especialmente. Va cargada de la simbología mitológica habitual de Gaiman, de una excelente reflexión sobre el sufrimiento y la redención y de una composición artística completamente absorbente.

Mientras te decides a leer esta joya del noveno arte, que cuenta de manera alegórica y premonitoria el fallecimiento de Bowie, solamente debes saber dos cosas:

La primera es que, como sospechabas, David Bowie no ha muerto. En efecto, es un ser inmortal. ¿Cómo no iba a serlo una figura que es a la vez Estrella del Alba, Rey de los Goblins y Hombre de las Estrellas? Lo más probable es que esté disfrutando de una bella puesta de Sol en alguna playa australiana.

La segunda es que Sueño, de los Eternos, tiene momentáneamente la llave del Inframundo que Lucifer-Bowie le otorgó. Así es: el infierno volverá a abrir para todos aquellos demonios melancólicos. Por el momento, se espera un nuevo dueño merecedor de tal título. No habrá otro Bowie, pero se busca nuevo Rey. Suena 'Changes'. Y suena más triste que nunca.