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viernes, 22 de julio de 2016

El Mundo:El matiz de ser Zipi o ser Zape


El 31 de marzo de 1994 Josep Escobar i Saliente moría en Barcelona a los 86 años de edad. "Pasarán los lustros, las centurias, los siglos, y el mundo continuará hablando de Escobar" había escrito años antes Francisco Ibáñez para describir de su amigo y maestro en la Editorial Bruguera en un especial titulado Escobar, rey de la historieta. Han pasado 22 años y la predicción del creador de Mortadelo se ha cumplido: se vuelve a hablar y escribir de Escobar con motivo del estreno de Zipi y Zape y la isla del Capitán, adaptación al cine de sus personajes más famosos, que se estrena el 29 de julio.La figura de los hermanos traviesos ya se había explotado en el cómic antes de que Escobar los adaptase al paisaje español en el número 58 de Pulgarcito, publicado en 1948. El origen del arquetipo se remontan a 1865, cuando el alemán Wilhem Busch publicaba la primera historia de Max y Moritz, dos niños en guerra permanente con los adultos de su entorno, que a su vez castigaban a los chiquillos de las formas más despiadadas. El éxito del concepto hizo que sus viñetas fueran un éxito en Europa, Estados Unidos y hasta Japón y surgiendo las correspondientes réplicas. Las más reconocida fue la tira estadounidense The Katzenjammer Kids, creada por el inmigrante alemán Rudolph Dirks para el New York Journal de William Randolph Hearst y que sigue publicándose en la actualidad. Hergé, el padre de Tintín, también haría su aportación al género en 1930 con Quique y Flupi.

En 2016, la responsabilidad de adaptar el mito en la actualidad ha recaído en el bilbaino Óskar Santos, quién ya dirigió la primera entrega, Zipi y Zape y el club de la cánica, que pese a su éxito de público recibió críticas por no permitirse algunas licencias con respecto al material original. "En mi generación había dos tebeos: Mortadelo y Filemón y Zipi y Zape", explica el bilbaíno, autor también del guion junto a Jorge Lara. "Yo siempre he dicho que era más de Mortadelo y Filemón pero leía a Zipi y Zape. Lógicamente, nos han criticado y nos seguirán criticando pero yo no hago las películas a la carta, yo tomé una serie decisiones y creo que el tiempo me da la razón. Hemos trabajado siempre desde el máximo respeto a Escobar, pero creo que un tebeo y una película son completamente diferentes. Son formatos diferentes. En un cómic tú puedes permitirte ciertas cosas, puedes orientarlos a un público más infantil y permitirte un cierto esquematismo. Y eso en una película es imperdonable. Nosotros creemos que había que crecer en complejidad con respecto a la primera y lo hemos hecho".A la hora de abordar la historia, Santos asegura que se hizo una pregunta. "¿Qué sabemos de Zipi y Zape?". Para hilar la respuesta, es necesario estudiar la figura de Escobar. A los lectores más tardíos de Bruguera llegó la imagen de abuelo bonachón, canoso, de prominente nariz, gafas de pasta y pipa, que era como el mismo se autorretrataba. Pero lo cierto es que la figura de Escobar se puede encontrar retazos de un niño travieso que no se pliega al orden establecido. Con 12 años dibujó en una pared de Granollers a varios futbolistas con la esperanza de que fuera vista por algún editor y le fichara. Nadie se puso en contacto con él. "Muchos años más tarde me consolé de aquel fracaso. ¡Recordé que no la había firmado y ese descuido compenso mi desilusión!" Recordaba en 1981 en una entrevista a la revista Bruguelandia.Con 14 años inició finalmente su carrera como dibujante, pero su defensa de la República antes y durante la Guerra Civil provocó que fuera expulsado de Correos y encarcelado. Condenado a seis años y un día de prisión por motivos políticos, cumpliría un año y medio de prisión, donde se sacaba unas pesetas como caricaturista. Al salir desempeñó todo tipos de oficios hasta que en 1947 decidió volcar nuevamente su hiperactividad en las viñetas, creando personajes como Carpanta, Petra, Doña Tula o los conocidos gemelos.

"En realidad no eran gemelos, porque uno es moreno y el otro rubio", bromea Santos en su reflexión sobre los personajes. "Lo que sí está claro es que eran gamberros los dos. Y esa es la base sobre la que partimos: dos niños traviesos. Pero claro, había que dotarles de personalidad. A mí me parece que en el tebeo son demasiado parecidos y de alguna manera forman una única persona. Un equipo en el que me cuesta diferenciarlos excepto por el color del pelo. Y eso en una película no aguanta. Había que evolucionarlo. Por eso decidimos darle unos rasgos, unas virtudes y unos defectos".En el filme, que se estrena el 29 de julio y tienen a Elena Anaya como villana, "Zipi es el niño inteligente, brillante, el hombre del plan, el cerebro del grupo, pero a la vez es un pagafantas de cuidado. Es un enamoradizo, pero el problema es que le gustan todas, entonces acaba siendo bastante ridículo", explica el director. Zape en cambio "es un niño soquete, cabezón, que no piensa las cosas pero a la vez es el hombre acción, por así decirlo. Es noble con su hermano, siempre hará lo que él le diga. Es valiente, no se arruga ante nada. Ese contraste entre la personalidad de cada uno y el equipo que forman juntos, hace que funcionen tan bien en la aventura.En la nueva película Zipi y Zape siguen siendo iguales, pero yo creo que los hemos llevado un poquito más allá".Ese más allá incluye otra mirada hacia las viñetas. A diferencia de la primera, donde no aparecía ningún personaje de las mismas salvo los hermanos, en esta entrega sí hace acto de presencia los padres de Zipi y Zape, quienes tienen una vital importancia en historia, aunque nunca son llamados por sus nombres, Don Pantuflo Zapatilla (Raguncio Feldespato en sus primeras apariciones) y Doña Jaimita Llobregat. "La película tiene varios guiños a la historieta. Nosotros no hemos pretendido ser irreverentes, aunque le hemos dado un camino diferente al de Escobar. Lo que hizo durante 40, 50 años está ahí y es muy respetable, pero yo tenía la responsabilidad de hacer una adaptación. Creo que lo que hemos hecho es lo que es lo que había que hacer y que el tiempo nos está dando la razón, pero en España te van a criticar hagas lo que hagas, no sólo a mí si no a todos. En este país se critica siempre, forma parte de nuestra naturaleza y hay que aceptarlo. Y yo acepto las críticas a eso por supuesto", sostiene el director bilbaíno.

Con todo, Escobar estaría especialmente contento por la adaptación de sus personajes al séptimo arte. El mismo llegó a ejercer de guionista y actor de obras de teatro, y director y animador de dibujos animados. Y también era inventor. Así que no tardó en unir todas sus pasiones. En 1942 inventó el cine Skob, un proyector de películas infantiles hechas en papel, entre las que se recogía algunas de los traviesos hermanos, como Zipi y Zape y tío Federico. Una década después, lo evolucionaría al Cine Stuk. Incluso daría un motivo por el que los productores han mirado hacia sus creaciones. En una entrevista concedida al periodista Carles Santamaría en 1988, sostenía que Zipi y Zape no se nunca se quedarían anticuados porque los niños podían continuar identificándose con ellos "ya que comparten los mismos problemas". En las viñetas, los mellizos, más allá de las travesuras, se desvivían por conseguir una bicicleta, y para ello buscaban obsesivamente hacer una buena obra que generalmente acababan en desastre. Desastres que si fueron aligerados no fue por decisión del autor. Igual que otros compañeros con Vázquez y las Hermanas Gilda, el Decreto de 24 de junio de 1955 sobre la Ordenación de la Prensa Infantil y Juvenil le obligó a suavizar la crudeza de las pillerías y los castigos de la serie. Dos años después, Escobar dejaría Bruguera para embarcarse en un proyecto con otros cinco autores de la editorial: Giner, Cifré, Conti y Peñarroya. Tenía 47 años y una familia a su cargo, pero se lanzó a la aventura y fundó la revista Tío Vivo. La aventura fracasaría y los dibujantes volverían a Bruguera, historia que es recogida de manera brillante en la novela gráfica de Paco RocaEl invierno del dibujante. El que no paró de evolucionar fue el trazo gráfico de los personajes, que mutó adaptándose a las modas de cada época. Las tramas, por su parte, se apartaron del costumbrismo familiar llegando a instalarse en el mundo de las aventuras y de la ciencia ficción. "Si Escobar hubiera hecho historias largas como hizo una, o dos a lo mejor no hubieran estado tan alejadas del universo que nosotros hemos dado", se lamenta Santos, que sin embargo enlaza su película con esa etapa más aventura de los personajes. "Yo tuve claro que había que quedarse con la esencia de los personajes esos dos niños traviesos, que es algo inmortal e imperecedero y universal. Sobre eso había que construir un relato de aventuras, con humor, con acción, con misterio, con un montón de cosas y sobre todo había que dotarlo de todo de esa magia que tiene ese cine y esa literatura con la que yo crecí. Bueno, pues ese es el cóctel que hemos preparado. Estoy muy orgulloso de lo que hemos hecho y creo que lo que es una magnífica idea pero no puedo convencer a todo el mundo", concluye.