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domingo, 31 de diciembre de 2017

El boom de las series: el cómic da vida a la pantalla


Cuando la serie “The Punisher” de Marvel debutó en Netflix fue recibida con gran interés y expectativa, pero llegó como una de muchas adaptaciones de libros de historietas.

El aluvión ahora comprende unos 28 programas en nueve canales de señal abierta o cable y servicios de streaming, y el final no está a la vista.

De entrada no todos los programas basados en comics son creados igual. Los zombies de “The Walking Dead” de AMC son muy diferentes de las aventuras adolescentes de Archie Andrews en “Riverdale” de CW (Warner Channel) o del gracioso superhéroe de Amazon “The Tick”.

Pero la mayoría existe dentro de dos enormes marcas, algo parecido a Pepsi y Coca-Cola. Una es DC, que (con la llegada de “Black Lightning” en CW) será representada por nueve programas en tres canales. La otra es Marvel, que tiene 13 programas en seis canales, mayormente en Netflix, que posee media docena.

Eso equivale a más ropa de spandex de lo que se vería en una clase de aeróbics. Pero antes de concluir que los superhéroes se han apropiado de la pantalla chica, vale la pena destacar algunas cosas. Primero, la televisión siempre ha seguido tendencias. Programas de policías, programas de doctores. Hace mucho tiempo, en el otoño de 1959, más de 20 programas de westerns estaban al aire en tan solo tres canales. Eso empequeñecería la corriente actual de comics a tan solo una fracción ante las 500 series originales con guión que se transmitieron en 2017.

“Las series de televisión basadas en comics siempre han sido un pilar de la televisión”, dijo Paul Levinson, profesor de comunicación y estudios de medios en la Universidad de Fordham. “Ahora parece que están por todas partes, pero es porque la televisión está por todas partes”.

Aun así, no se puede negar que ha habido un incremento de programas basados en comics en los últimos años. Basta ver CW, donde, sin “Smallville” tras una década al aire, no hubo programas de superhéroes en su programación de otoño de 2011, pero tras un aumento anual llegará a siete esta temporada.

En el camino, las películas relacionadas con los libros de historietas se proliferaron y en octubre de 2010 “The Walking Dead” dejó en claro desde su explosivo estreno que los cómics pueden ser todo un éxito en la televisión.

Para entonces los gráficos generados por computadora requeridos por cualquier superhéroe se habían vuelto más sofisticados y suficientemente asequibles para las producciones semanales de televisión. Y los programas basados en comics se convirtieron en el escaparate perfecto para esos impresionantes efectos especiales que no podían aprovecharse en series policiales de drama o series de comedia.

Mientras tanto, el lanzamiento de más y más canales, especialmente plataformas de streaming con su capacidad ilimitada de consumo, creaban una necesidad cada vez más grande de crear contenido.

“Ante este extraordinario apetito por material original, las décadas de cómics ofrecían un material que estaba esperando ser usado”, dijo Robert Thompson, director del Centro de Televisión y Cultura Popular de la Universidad de Syracuse.

Aún mejor: tienen un formato perfecto para llevarlos a la televisión. “Un libro de historietas es como un guión gráfico: un diálogo visual en cuadros”, dijo Thompson. “¡Es tan perfectamente transferible! Los cómics le hacen la vida muy fácil a un ejecutivo de desarrollo de contenidos de un canal”.

Pero nada de esto explica la sed insaciable con la que el público recibe estos programas. “Todo esto, hasta cierto punto, es escapismo”, explica el experto Brett Rogers, profesor en la Universidad de Puget Sound. “Si estoy viendo ‘Jessica Jones’ por una hora, no estoy lidiando con algo real en mi vida. Pero la otra cara de la moneda es que los programas inspirados en comics pueden ser espacios para plantear algunas preguntas serias: ‘Jessica Jones’ es una oportunidad para explorar la violencia sexual y el estrés postraumático”. “La industria de los cómics tuvo que luchar contra el estigma de ser solo para niños e idiotas”, agregó Rogers.

Pero al surgir “niños e idiotas” talentosos como Joss Whedon y Kevin Smith, que llevaron el espíritu de los cómics a medios como la televisión, los libros de historietas adquirieron mayor peso, respeto y urgencia. “Ahora se ha normalizado como un mito de la cultura masiva”, dijo Rogers. “Es un mito común compartido entre los lectores y los espectadores, entre adolescentes y adultos, los aficionados a los cómics y al cine por igual, no solo la cultura de los chicos”.

Este tipo de programas, como los comics que los engendraron, pueden ofrecer una claridad moral en un mundo cada vez más confuso. “Es mucho más fácil identificar a héroes y villanos, a los buenos contra malos, que en otros programas de televisión”, dijo Levinson. “Y por mucho, los personajes buenos y los héroes resisten y triunfan sobre la adversidad”.

“Esos personajes fueron creados como historias moralistas. Tienen un atractivo primitivo, un atractivo sencillo”, dijo Glen Weldon, panelista del podcast “Pop Culture Happy Hour” y autor de “Superman: The Unauthorized Biography”. “Representan nuestra mejor versión. Se supone que debemos verlos y desear ser como ellos”, agregó.

Y gracias al internet, el aprecio por esos héroes de los cómics, ya sea en los libros o la pantalla, puede disfrutarse como una experiencia colectiva. “En el pasado, si crecías siendo un nerd, pensabas que estabas solo”, dijo Weldon. “Ahora puedes ir a internet y encontrar a gente como tú que comparte tu pasión”.

¿Cuánto podrá durar esta fiebre? Por más de medio siglo, las tendencias en la televisión han explotado y después se han extinguido y dadas por muertas. (¿Cuántos westerns se transmiten actualmente?).

Pero la televisión inspirada en los cómics podría no seguir ese ciclo. “Podría menguar como la marea”, dijo Thompson, “pero no creo que haya motivos para creer que este género se extinguirá como otros lo han hecho o que los espectadores se cansarán, pues es un género muy versátil”.

Versátil y con capacidad para crecer, agregó, a diferencia de otros que ya podrían haber llegado a su pico. Mientras que el género policial podría haberse estancado a nivel creativo, “el género de los cómics sigue madurando”, aseguró.

sábado, 30 de diciembre de 2017

El País:Fellini sueña en cómic


“No me siento preparado para eso que llaman la existencia normal”, confesaba el director italiano, Federico Fellini, en el documental Fellini, soy un gran mentiroso (2003). El genio jamás vivió en el mismo mundo que sus congéneres. Su “natural inclinación” hacia la invención, como solía repetir entrevista tras entrevista, no se lo permitía. La necesidad de proyectar sus fantasías era tal que los acontecimientos nacidos en su imaginación tenían para él más veracidad que los que ocurrían. Esa realidad tan peculiar y personal, en la que se mezclaban tanto sus recuerdos cómo sus deseos y sueños, es la que el dibujante Tyto Alba (Badalona, 1975) ha conseguido plasmar fielmente en su última novela gráfica, Fellini en Roma (Astiberri).

Alba ha decidido adentrarse en el universo del monstruo del cine atraído por ese mundo tan suyo, hecho de personajes a la vez sutiles y caricaturescos, "que se mueven dentro de los sueños con un toque profundo, lírico, poético y a veces melancólico”. Y así aparece Fellini en la obra del dibujante. Un director ya muy mayor, aquejado de insomnio, que deambula cada noche por las calles de Roma. “Me gustaba la imagen de ese personaje que tenemos asociado a las multitudes, al ruido, al circo, de repente caminando solo en silencio con sus pensamientos”, explica Alba.

Mientras recorre las calles de la Ciudad Eterna, Fellini recuerda los grandes momentos de su vida: la primera vez que vio un circo cuando aún era un niño y vivía en Rímini; su llegada a Roma y sus primeros pasos como caricaturista en la revista satírica Marc´Aurelio; su encuentro con el actor y director Aldo Fabrizi, y luego con el amor de su vida, su Gelsomina de La Strada, la actriz Giulietta Masina; sus primeros rodajes en Cinecittà; su amistad con Roberto Rossellini y Marcello Mastroianni, el asesinato de Pier Paolo Pasolini; e incluso, al final del relato, su propio encuentro con la muerte.

En esos paseos nocturnos, se imbrican sus sueños y en particular los que tuvo y dibujó diariamente entre 1960 y 1982, aconsejado por su psicoanalista junghiano Ernst Bernhard. Recopilados en El libro de mis sueños, esas visiones nocturnas han sido claves en el proceso creativo feliniano. Sus fantasías, a menudo eróticas, también protagonizan la novela gráfica de Alba, como la aparición de una Anita Ekberg, arquetipo de la mujer deseada en La Dolce Vita, monumental y voluptuosa. Pero también sus angustias más profundas, su miedo a la muerte, encarnado por un amenazante león que inspiró uno de los tres anuncios que Fellini realizó, poco antes de fallecer, para el Banco de Italia. Se pueden ver hasta el 21 de enero en la exposición Fellini, sueños y dibujos, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

El dibujante —que demostró en sus obras precedentes una predilección por el género biográfico con La casa azul, dedicado a las artistas mexicanas Frida Khalo y Chavela Vargas, o La vida, sobre la relación entre Pablo Picasso y el amigo del pintor, Carles Casagemas— ha sabido restituir con una gran precisión incluso los detalles más desconocidos de la vida de Fellini. Cualquier amante del director conoce su fascinación por el circo, pero pocos saben que obligó al equipo de rodaje de La Strada a repintar la carpa de gris para que apareciera retratada exactamente como en el recuerdo de su infancia. Esa anécdota, contada por su antiguo asistente director, Gerald Morin, en el documental Sur les traces de Fellini, por lo visto tampoco escapó al impresionante trabajo de documentación que sustenta la obra de Alba.

Roma, el escenario de los paseos nocturnos de Fellini, es quizá el segundo personaje más importante de esta novela gráfica, cuyo ambiente y colores están reproducidos con realismo por las delicadas acuarelas en tonos pastel de Alba. Más allá de la estética, quizá el mayor logro del dibujante ha sido conseguir plasmar la fascinación que sentía el director de cine por la capital italiana, omnipresente en sus películas. El cineasta aseguraba que odiaba viajar y se confesaba perdido fuera de su ciudad. Alba elige una anécdota en particular para restituir este vínculo. Fellini, invitado a cenar en la casa de una familia de la alta burguesía romana, cuenta cómo al terminar, el patriarca, con una total naturalidad, invita a los presentes a “salir a la calle para ver Roma”. Simplemente salir y contemplar la belleza de Roma. “¿En qué otra ciudad podría suceder una cosa similar?”, se pregunta, envuelto en su mítica bufanda roja, el Fellini de Alba.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Stan Lee: el artista del cómic que inspiró los sueños de distintas generaciones cumple 95 años


Ha sido un camino muy largo el recorrido por Stan Lee , hijo de una familia rumano-judía y cuya contribución al mundo del cómic de superhéroes es incuantificable (aunque para algunos críticos, Lee ha tomado crédito por el trabajo de otros artistas). Lo cierto es que Stanley Martin Lieber ayudó a dar forma al universo de Marvel y esto se traduce en la actualidad en cuantiosas ganancias cinematográficas, muy a pesar de que las ventas de cómics de Marvel han disminuido en los últimos años.

Lee comenzó a trabajar en revistas de la editorial Timely Cómics, en su linea “pulp” -historias que giran en torno a detectives, policías y misterios- a finales de la década de los años 30 y desempeñó labores tan variadas como corrección de estilo, tintas e incluso era el chico que iba por la comida y refrescos del resto del staff. Eventualmente Lee empezó a escribir historias de todo tipo: suspenso, western, aunque también llegó a crear historias para Capitán América: El primer vengador - 79%, autoría de Jack Kirby .

Ante el gran auge de los superhéroes de DC, Marvel entró al quite con su propia línea de personajes y fueron Lee y Kirby los encargados de dar forma a este universo. A diferencia de los héroes perfectos y semidioses de DC, Lee pensó en dar un toque más humano a sus creaciones y dotar a los personajes de Marvel de problemas con los que la gente podía relacionarse. Luego del éxito de su primera creación, Los Los 4 Fantásticos - 9%, siguieron Iron Man - El Hombre de Hierro, X-Men - 81%, y Spider-Man, este último creado junto al talentoso y ermitaño artista Steve Ditko.

El libro The Marvel Age of Comics 1961-1978, homenajea su brillante carrera y sus creaciones. El tomo publicado bajo el sello de editorial Taschen fue escrito por Roy Thomas, editor de Marvel, fue lanzado a mediados de año y está traducido a varios idiomas. Josh Baker, autor de varios libros de cómics habló en entrevista con DW, de Stan Lee :

Desde que comenzó a trabajar como asistente de redacción en Timely Comics hace siete décadas, Stan Lee se ha convertido en la persona más famosa del cómic estadounidense. Él y sus colaboradores crearon a un nuevo tipo de superhéroes.

En la vida de Lee y en cada uno de sus personajes existió una musa: su amada esposa, Joan Lee, con quien contrajo matrimonio en 1947 y tuvo dos hijas, J.C. y Jan Lee, quien falleció solo tres años después de haber nacido Joan, también actriz, falleció en julio de 2017, a la edad de 95 años. En la actualidad, a pesar de problemas de salud, Lee continua en activo en la creación artística y por supuesto, con sus incontables cameos en cintas de Marvel, la más reciente en Thor: Ragnarok - 92%. Definitivamente urge alguien con su visión en Marvel Comics en la actualidad, el cual ha perdido lectores y por ende ventas.

Lee es de esas figuras que han marcado un antes y después en la cultura pop y esto es algo que nadie podrá negar. El escritor es uno de los más interesados en ver en el cine a los Los Telelocos - 63% y los X-Men - 81% integrarse al resto del universo cinematográfico de Marvel Studios, esto podrá suceder gracias a la reciente adquisición de Fox por parte de Disney.

jueves, 28 de diciembre de 2017

RTVE:Los cómics como terapia contra la enfermedad


Grafikalismos es la colección de ensayos sobre el cómic de la Universidad de León y Eolas ediciones que se inició con Bernie Wrightson: La expresión del Horror (Yexus) y que ahora continúa con  dos nuevos títulos Diez ensayos para pensar el cómic,(Ana Merino), del que ya os hablaremos, y el que hoy nos ocupa, Imágenes de la enfermedad en el cómic actual, de Inés González Cabeza (León, 1993), que está realizando su tesis doctoral sobre cómic y enfermedad.

"Este libro es una aproximación al tema de la enfermedad en el mundo del cómic -asegura Inés- dirigido tanto a aficionados al medio como a aquellos que habitualmente no leen cómics. Es una perspectiva general acerca de las posibilidades del cómic para narrar un tema que cuenta con una larga historia en la literatura y en las artes. Es también una propuesta para ver el cómic desde una óptica interdisciplinar".

Aunque suene raro, la enfermedad puede ser una fuente de inspiración para los artistas. "Se podría decir que la relación entre cómic y enfermedad -comenta Inés- viene propiciada por la consolidación de lo que habitualmente llamamos “novela gráfica”. Solo en un contexto de absoluta libertad creadora pueden los autores proponernos historias sobre enfermedad, que suelen ser por definición intimistas, ligadas al ámbito de lo cotidiano y lo traumático".

"La enfermedad -continúa- no es solo un fenómeno biológico, sino también una interrupción en el curso narrativo de nuestras vidas. Por eso numerosos artistas a lo largo de la historia han encontrado en la enfermedad, propia o ajena, un motor para la creación, porque se topan con la necesidad de dar sentido a esa interrupción y de redefinir todo un plan de vida. El cómic es un medio artístico más que puede servir para la catarsis, pero también para compartir experiencias y para derrocar mitos en torno a la enfermedad".

Cómic y enfermedad
Pero... ¿Cómo ha representado la enfermedad el Arte en general y el cómic en particular? "Existen estudios académicos -afirma Inés- acerca de la iconografía de la enfermedad, es decir, el conjunto de imágenes que componen nuestra percepción cultural de la enfermedad, que dicta cómo la imaginamos, con qué conceptos la asociamos, y cómo tendemos a representar a aquellos que etiquetamos como “enfermos”. Se dice que esta iconografía, que la mayoría de nosotros, incluidos los creadores del cómic, asumimos de forma inconsciente, es en parte responsable de la existencia de determinados estereotipos acerca de la enfermedad que tienen una influencia negativa en la forma en que la comprendemos y en la experiencia de quienes la sufren".

"Coincido -añade- con la opinión de Ian Williams (autor de cómics y teórico de la patografía gráfica), que asegura que los cómics suelen proponer representaciones de la experiencia de la enfermedad alejadas de la iconografía y del discurso clínico oficial, por lo que pueden realizar una contribución positiva al imaginario colectivo".

"El cómic sobre enfermedad -concluye Inés- es un fenómeno heterogéneo, así que existen casi tantas formas de representar la enfermedad como autores que escriben y dibujan sobre ella. En el libro, hablo fundamentalmente de cómo se representa la enfermedad a través de recursos como la metáfora visual, la perspectiva en primera persona o las viñetas sin texto.

El cómic como herramienta didáctica
El cómic también puede ser una herramienta didáctica para que los pacientes comprendan o asimilen mejor su enfermedad. "Los miembros de los colectivos Graphic Medicine y Medicina Gráfica -asegura Inés- apuestan por el uso de cómics en el entorno clínico y han demostrado su utilidad como herramienta didáctica empleándolos en cursos y asignaturas universitarias en facultades de medicina, o dando charlas sobre enfermedades a audiencias no especializadas en las que utilizan cómics para ilustrar sus ideas, entre otras cosas".

"Es indudable -añade- que existen profesionales médicos que encuentran que los cómics pueden ser un medio para reflexionar acerca de la práctica de la medicina y de la experiencia de la enfermedad desde el punto de vista del paciente. Además, muchas personas que conocen la enfermedad de primera mano se sienten atraídas hacia la lectura de cómics que relaten una experiencia similar a la suya de forma sencilla, concisa o, incluso, humorística".

Inés nos comenta cómo ha estructurado el libro: "Primero he querido mostrar que el cómic es otro medio más que en las últimas décadas se ha empleado para narrar la enfermedad, por lo que merece la pena analizar de qué forma la ha narrado. Luego, he procurado demostrar el carácter internacional del cómic sobre enfermedad y su relación con la llamada “novela gráfica”. Más adelante, he decidido destacar el papel fundamental que ha jugado Arrugas (Astiberri) en el hecho de que hoy en España tengamos la posibilidad de leer decenas de cómics sobre enfermedad. Finalmente, he considerado importante proponer un ejemplo de representación de la enfermedad radicalmente diferente a Arrugas (Psychiatric Tales, de Darryl Cunningham) para ilustrar en mayor profundidad la heterogeneidad de este fenómeno".

'Arrugas', el cómic que lo cambió todo
Inés destaca la importancia del cómic Arrugas (Paco Roca, 2007), al que considera un ponto de inflexión el cómic en España. "Los propios Paco Roca y Miguel Gallardo mencionan en Emotional World Tour que, durante las firmas de libros, sus lectores les hablaban acerca de cómo sus cómics les habían ayudado a ellos y a sus familiares a lidiar con situaciones como las que en ellos se describen, a hacer que sus amigos comprendieran sus experiencias como cuidadores, etc".

"Parte de la importancia de Arrugas radica, precisamente, en que despertó un repentino interés por el cómic entre gente que no leía cómics de forma habitual, pero que se sentía atraída por esa historia en particular. También pienso que el inesperado éxito comercial de Arrugas, incluso fuera de nuestras fronteras, hizo que las editoriales españolas apostaran más firmemente por cómics que hablaran sobre cotidianidad y sobre enfermedad".

"La capacidad de los cómics para narrar todo tipo de historias -añade Inés- ya estaba sobradamente demostrada cuando Arrugas apareció, pero fue, quizás, el empujón que necesitábamos en España para dar un vuelco a nuestra percepción del cómic como producto cultural. Aun así, queda trabajo por hacer".

'Psychiatric Tales' y las enfermedades mentales
El otro cómic que destaca Inés es Psychiatric Tales (Blank Slate Books), de Darryl Cunningham. "Considero que Arrugas y Psychiatric Tales son dos extremos de un espectro: uno es ficción y el otro no-ficción, uno emplea el color y otro el blanco y negro, uno habla sobre enfermedades geriátricas y otro sobre trastornos que pueden sufrir también los jóvenes, etc. Esto demuestra la heterogeneidad del tema de la enfermedad en el cómic".

"Quiero -añade- destacar también la originalidad de Psychiatric Tales en el panorama global de cómic sobre enfermedad, dado que combina el género del relato clínico (no muy habitual en el mundo del cómic) y la autobiografía sobre enfermedad. Además, habla de la vulnerabilidad de quienes trabajan en el cuidado de la salud y nos muestra dos perspectivas de la enfermedad, la del enfermero y la del enfermo, combinadas en una sola persona. Deseo su pronta publicación en español".

En cuanto a las enfermedades más tratadas por el cómic, son las mentales: "Los problemas de salud mental y las enfermedades neurodegenerativas son, quizás junto al cáncer, las más presentes en el mundo del cómic -asegura Inés-. Esto puede deberse a que los cómics son capaces de representar gráficamente (mediante recursos como las metáforas visuales) el sufrimiento interior de los que padecen este tipo de enfermedades".

"Los cómics -añade Inés- pueden hacer visible aquello que está oculto. Pueden hacernos comprender, gracias a la eficiencia comunicativa de las imágenes, aquello que nadie, salvo quienes lo experimentan en primera persona, puede percibir. Además, puede decirse que en el cómic, un medio con un innegable carácter contestatario, se puede representar aquello que está infrarrepresentado en otros ámbitos culturales, y las enfermedades de la mente son un ejemplo de ello".

Otros títulos imprescindibles sobre cómic y enfermedad
En cuanto a otros cómics sobre enfermedad, Inés destaca: "Creo que una obra fundamental es Píldoras azules(Astiberri), de Frederik Peeters, todo un referente en el cómic europeo sobre enfermedad, junto con Epiléptico de David B. Otro cómic francés realmente interesante es El Paréntesis, de Élodie Durand".

"En el cómic en lengua inglesa -añade-, algunos de mis favoritos son ¿Podemos hablar de algo más agradable? (Reservoir Books) de Roz Chast, porque jamás pensé que leer sobre las enfermedades y dificultades que aparecen en el final de la vida pudiera ser divertido, y Tangles, de Sarah Leavitt, que es probablemente uno de los mejores relatos acerca de cómo la enfermedad trastoca las dinámicas familiares".

"También hay autores españoles que han hecho trabajos imprescindibles, como Que no, que no me muero (Modernito Books), de Javi de Castro y María Hernández Martí, y Alicia en un mundo real (Norma) de Isabel Franc y Susanna Martín, dos historias sobre el cáncer de mama que emplean el humor para desafiar los tópicos sobre los enfermos de cáncer".

Un lilbro muy interesante que demuestra que los cómics pueden ser terapéuticos y derribar mitos sobre la enfermedad.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

El éxodo sirio, relatado en un cómic


El drama de los migrantes sirios ha copado las portadas de todo el mundo. No se trataba solo de informar sino también de denunciar una de las mayores catástrofes humanitarias de la última década. El punto de inflexión fue la imagen de Aylán, el menor que murió en la costa turca en 2015 intentando alcanzar Europa con su familia.

Miles de niños llegan cada año al continente huyendo de la guerra, y cada uno tiene una historia distinta, difícil de contar. Un equipo de trabajo de Medialab Prado (un centro cultural municipal ubicado en Madrid con un proyecto enfocado al periodismo de datos) ha querido dar una vuelta a ese relato, haciendo uso de datos e ilustraciones para explicar el éxodo sirio a través de un cómic. La historia de Zainab, disponible tanto en versión papel como en web, narra el viaje de una menor siria y de su familia desde su salida de Grecia hasta su llegada a Europa.

Dividida en siete capítulos, 'Historia de Zainab' entremezcla datos e ilustraciones y permite al lector hacerse una idea y visualizar cómo es la travesía de Oriente Medio a Europa. Lejos de lo que pueda pensarse, las ilustraciones del cómic no pretenden ahondar en la tragedia, sino contar cómo viven los niños la experiencia de una migración que en muchas ocasiones no acaba en final feliz.

martes, 26 de diciembre de 2017

Unas copas, una apuesta... así nació el cómic de Pepe Carvalho



Todo comenzó una noche de copas -como no podía ser de otra manera, en honor a la Barcelona canalla del inolvidable Pepe Carvalho- entre el escritor y guionista Hernán Migoya y el novelista Daniel Vázquez Sallés -dos carvalhianos empedernidos: uno por sobredosis de consumo en la adolescencia y el otro porque lo lleva en el ADN en condición de hijo del genial Manolo Vázquez Montalbán-. ¿Por qué demonios el detective no conocía las viñetas? era la pregunta que se hacían ambos con el pico caliente. Y el autor de Todas putas, ex director de la mítica El Víbora y con un rosario de premios como guionista de cómic a cuestas, aceptó el reto. No mucho después Migoya buscó la complicidad de otro peso pesado del gremio, el mallorquín Tomeu -Bartolomé Seguí, Premio Nacional del Cómic por Las serpientes ciegas-, con el que ya había trabajado para una entrega de la serie Nuevas hazañas bélicas. El resultado de esa asociación es una maravilla titulada al igual que la obra original: Tatuaje, la adaptación al cómic de la primera novela de la serie Carvalho de 1974, protagonizada de facto por el detective, tras su aparición como personaje secundario en Yo maté a Kennedy (1972). Y para el principal instigador, Daniel Vázquez, el resultado es lapidario: «La mejor adaptación que se ha hecho nunca en cualquier medio de una novela de Carvalho». El álbum, publicado por Norma Editorial, es sólo el pistoletazo de salida de un magno proyecto, «porque tenemos la voluntad de continuar toda la serie, si las primeras entregas funcionan», aclara Seguí. De momento ilustrador y guionista ya firmaron contrato con Norma para las tres primeras novelas -seguirán La soledad del mánager (1977) y Los mares del Sur (1979)- según el acuerdo de adaptación alcanzado entre la editorial y la Agencia Balcells, que lleva los derechos para los herederos de MVM. A su vez los tres primeros álbumes ya han sido comprados por la casa francesa Dargaud, y es probable que las traducciones pronto caigan en cascada a partir de la edición gala.

El único inconveniente que ve Seguí en el gran proyecto es su dimensión, a juzgar por los 15 meses que demoró en ilustrar las viñetas de Tatuaje. «La serie tiene 15 novelas, a año y medio por libro, no sé si me jubilaré antes de acabar o viviré suficiente», bromea. Pero bromas aparte, el álbum bien vale su dilatado tiempo de producción gráfica, sin contar con el guion de Migoya que Seguí recibió con abundantes acotaciones de todo tipo. Lo cierto es que Pepe Carvalho en viñetas tiene los rasgos de Ben Gazzara, tal y como siempre había soñado el escritor que luciera su personaje en la pantalla. «Personalmente no lo veía como Junajo Puigcorbé ni como Eusebio Poncela. Nos decantamos por la cara del actor Ben Gazzara porque me interesaba la posibilidad de envejecer al personaje, de que evolucionaran sus facciones», explica el dibujante, recordando el hecho de que aquí Carvalho sólo tiene 37 años y le siguen más de tres décadas de casos encadenados en los que MVM traza un verdadero fresco político y social de Barcelona y de la España de la Transición y la democracia. Pese a que buena parte de la trama de Tatuaje trascurre entre los canales de Amsterdam, Barcelona es la gran protagonista junto a Carvalho de esta novela inaugural, a la que tanto Migoya como Seguí se empeñaron en respetar con fidelidad. «Es la Barcelona oscura de tonos grises que conocí cuando llegué a estudiar a comienzos de los 80», explica Seguí. «Es una Barcelona en color de vieja película Kodak», añade en relación a las tonalidades de sus tintas, «anterior a la trasformación olímpica». «La intención es que evolucione y se transforme al igual que el personaje».

Respeto total«La adaptación es muy fiel. Y muy exhaustiva», apunta al respecto el guionista desde la distancia por correo electrónico. Migoya hace tiempo que instaló en Lima, Perú, su residencia fija. «Seguí y yo reverenciamos las novelas de Carvalho y queremos que la voz de esas novelas esté viva en sus cómics», explica. «Obviamente, qué pierde y qué gana lo tiene que decidir el lector. Lo más atractivo a mi parecer de su trasvase al cómic es lo siguiente: transcurridos más de 40 años desde la primera edición de Tatuaje, las novelas de Carvalho hoy ya son también novelas de época. El cómic y, especialmente, un cómic con el talento para la ambientación y el detalle de fondos que aporta Seguí como dibujante, permite recrear maravillosamente esa época del tardofranquismo y la Transición democrática española de los 70. Hemos disfrutado mucho reconstruyendo esa época, los lugares reales de esa Barcelona entrañable sin móviles ni internet, que a fin de cuentas es la de nuestra infancia».Para Seguí el mayor desafío fue, además de la portada -«desde que estudio pintura me cuesta mucho concentrarlo todo en un solo cuadro, porque yo soy un narrador en imágenes», confiesa- la figura de la temperamental Charo, la amante ocasional del detective. «No sólo porque me cuesta mucho dibujar mujeres, sino porque el modelo estaba entre las actrices españolas de los 70 como Bárbara Rey y Ágata Lys. Creo que finalmente me quedó más bien como Blondie», bromea.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Un milagro hecho cómic


Norma Editorial lleva tiempo recuperando en edición rústica los álbumes que componen la serie Las ciudades oscuras, sofisticada obra maestra del guionista Benoit Peeters y el dibujante François Schuiten, que derrochan fantasía y elegancia en cada una de sus páginas. Ahora le toca el turno a La chica inclinada, protagonizada por una joven que, tal como indica el título, es incapaz de mantenerse derecha sobre el suelo y que pasará por un internado, un circo y viajará hasta una dimensión desconocida. Entretanto, en la Francia de 1898, un artista hastiado de su propia pintura se marcha de París y se entrega a sus propias obsesiones. Dibujo y fotografía se integran en este álbum irrepetible que es como un milagro hecho cómic.

sábado, 23 de diciembre de 2017

Art Spiegelman: «El cómic ya no es el hijo bastardo del arte»


Cuenta Art Spiegelman (Estocolmo, 1948) que los cómics han sido el eje de todo lo que ha aprendido en la vida. «Aprendí a leer con 'Batman', aprendí de sexo con 'Archi', aprendí feminismo con 'La pequeña Lulú' y aprendí filosofía con 'Snoopy'», dijo el miércoles ante un nutrido auditorio del madrileño Museo Reina Sofía. Pero desde su infancia ha tenido una revista como guía de su vocación de dibujante. Se llama 'MAD' y la estudiaba «como otros niños estudian el 'Talmud', porque siempre ha reivindicado a la historieta como algo de identidad propia, con derecho a codearse con el arte de primer nivel. Por ella hoy soy lo que soy».

Art Spiegelman trabajó en los años sesenta del siglo pasado bajo el seudónimo de Skeer Grant. A finales del otoño de 1968 se vio aquejado de una breve, aunque grave, crisis nerviosa que le llevó al psiquiátrico. Aunque recobró la salud ese mismo año, poco después del alta se produjo el suicidio de su madre y Spiegelman, quizá por razones de tipo terapéutico, empezó una febril producción de tebeos en una línea vanguardista e introspectiva, que publicó en la prensa alternativa. De esa época son sus obras 'Funny Animals', 'Bizarre Sex 'y 'Roxy Funnies'. En 1980 fundó junto a su esposa, la francesa Françoise Mouly, la revista 'Raw', en la que participaron historietistas de vanguardia americanos y europeos, y ahí publicó por entregas la obra que le reportó fama mundial, 'Maus'. Esta obra atrajo una atención inusitada en el mundo del cómic, llegando a ser expuesta en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA). En 2004 realizó 'Sin la Sombra de las Torres', donde ofrece su particular visión del ataque terrorista a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 y las secuelas psicológicas que acarreó el atentado.

La conferencia del autor de 'Maus', donde pinta a los nazis como gatos y a los judíos como ratones, fue un recorrido por la historia del cómic y la «tortuosa» relación de ilustradores con los museos. «Hasta hace poco, los cómics sólo pasaban breves temporadas dentro de los recintos artísticos y enseguida se marchaban. Desde hace poco, por fortuna, están cada vez más presentes. Lo único que falta es que los críticos de arte pongan al cómic a la altura de Picasso», expresó el autor, que combina imágenes y texto en sus libros.

El libro que elevó la historieta a novela gráfica fue también el que restableció la comunicación entre Art Spiegelman y su padre, Vladek, el preso número 175113 de Auschwitz. «Ya había hecho lo más difícil, que era reunirme con él, antes no nos hablábamos, pero en las entrevistas teníamos un micrófono que nos protegía. Pensaba que me iba a llevar dos años y tardé 13 y tampoco sabía el desgaste emocional que me iba a suponer», recordó. «Fue una forma de recuperar la relación. Su muerte me acercó a él y Maus, también».

Spiegelman habló desde un atril mientras una sucesión de viñetas transcurría en una pantalla gigante. Hizo hincapié en que los tebeos están destinados un público inteligente. «Son el nexo entre la edad infantil y la adultez. Antes se pensaba que eran obras para niños y para adultos tontos. Pero desde que en 1985 se les bautizó como 'novela gráfica' se convirtieron en algo 'cool'. Hace casi 30 años empezaron a llamarme 'el padre de la novela gráfica', pero yo exijo una prueba de paternidad», subrayó al tiempo que provocó risas entre el auditorio.

El dibujante definió su trabajo como «un mix» porque «así queda claro que mezclo imágenes y texto. He echado mano de Picasso, por ejemplo. De su 'mujer fatal' y del 'Guernika'. Así combiné el gran arte con el arte popular. Y los párrafos con los diálogos, claro», precisó el hombre que obtuvo el Premio Pulitzer en 1992 por su viaje artístico al horror del Holocausto.

Art Spiegelman es un asiduo portadista de la revista estadounidense 'The New Yorker'. Su primera vez en el mítico semanario fue en febrero de 1993. Dibujó a un hombre judío besando a una mujer negra y la polémica se desató. «Con esa viñeta mi intención era unir a ambas minorías, pero no tuve mucho éxito. Los judíos dijeron que el hombre tenía unos labios muy lascivos. Y los negros lo interpretaron en plan 'otra vez un blanco propasándose con una negra'. Hubo alguien que pensó que, en realidad, el judío, con su barba y su sombrero, era Abraham Lincoln besando a una esclava. En fin, buena parte de la riqueza del arte reside en sus múltiples interpretaciones», narró para deleite de las cientos de personas que lo escuchaban.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Ángel Hernández: De Canarias al Espacio Profundo del noveno arte


En Tenerife los cómics se llaman colorines. O al menos, se llamaban así en los años 80, cuando el dibujante Ángel Hernández (1972) comenzó una afición marcada por la periodicidad. Una doble periodicidad: la que marcaba el ritmo de la publicación (quincenal, mensual) y la que luego tenía en la isla, siempre imprevisible. A veces llegaban al mismo tiempo que en la Península, otras un mes después, a veces nunca y en contadas ocasiones los tinferfeños acababan sostenían en sus manos un incunables que nunca se distribuyeron decentemente en el resto de España.

Sea como fuere, Ángel no sólo supo mantener ese amor por las viñetas y convertirlo en su profesión. Este mes estrena en España Green Lantern/Star Trek: La Guerra Espectral (ECC Cómics), donde el capitán Kirk y la tripulación del USS Enterprise se encuentran con Hal Jordan, el icónico superhéroe de DC. "Es una alegría y un gran orgullo que salga publicado en España", explica el dibujante. "Este ha sido un comic que ha funcionado muy bien en el mercado internacional incluso se ha hecho una segunda parte que espero que también pueda llegar aquí, en la que también trabajé con el mismo guionista, Mike Johnson. Cuando me lo propusieron me pareció extraño, pero bien mirado son dos franquicias con muchos puntos en común y por la respuesta de los lectores parece que funcionan muy bien juntas".

Hernández también ha colaborado en el especial Cómic Christmas de MARCA Estilo, donde ha plasmado su particular visión de la Navidad, donde un Santa Killer homenajea las películas de acción navideñas de los años 80. Precisamente, en esa década es donde comenzó su amor por el noveno arte. "Los primeros recuerdos que tengo de los cómics son las portadas en los kioscos, colgadas en fila con pinzas de tender la ropa sobre la puerta. Pasabas por delante y en aquel momento te quedabas allí de pie, hipnotizado frente a todas aquellas posibilidades, con la mochila del colegio a la espalda. Luego te ibas a casa pensando en cual te ibas a gastar la paga de la semana porque solo te llegaba para uno de aquellos comics y tenía que ser una decisión muy meditada. Y después te lo releías una y otra vez hasta la semana siguiente que comenzaba el ciclo de nuevo", rememora Hernández.La experiencia fue tan gratificante que no tardó en convertirse en vocación. A los siete años ya sabía que quería ser dibujante de cómics profesional. "A esa edad ya lo tenía decidido. Lo tenía muy claro desde muy pequeño. Pero conseguirlo lo conseguí un poco más tarde", dice con sorna. Hernández estudió Bellas Artes en la Universidad de La Laguna.

Tras un periplo por el diseño y la publicidad de varios años, en 2012 debutó en el cómic profesional con Tales of Discord, serie de la editorial británica Markosia, publicación que le abriría camino para colaborar con El Torres, junto a quien publicaría Las brujas de Westwood (Dibbuks). Fueron los pasos previos antes de dar el saldo a la industria norteamericana, una etapa que recuerda marcada por la "generosidad". "La mayoría de la gente con la que me encontré durante mis primeros pasos estaba dispuesta a aconsejarte o echarte una mano por muy grandes que fueran, si eres una persona receptiva, con capacidad para escuchar y tienes un poco de suerte aprendes mucho de la gente que lleva tiempo en esto".La falta de compañeros y amigos con los que compartir la afición en Tenerife se subsanó con el apoyo familiar. "Tuve la suerte de criarme en una familia bastante alternativa para la media de la época, en casa estaba bien visto eso de dibujar, pintar o cualquier tipo de manifestación artística", aclara el autor. "Tuve compañeros con mucho talento en muchas disciplinas que no tuvieron tanta suerte y fueron reconducidos a caminos más convencionales". Por suerte, Hernández considera que "Era otro momento. Eso ha cambiado mucho, hoy ya no te miran raro por decir que vas a dedicarte a ilustrar o dibujar".

Eso sí. Aunque no miren raro, el esfuerzo sigue siendo el mismo. Por eso el ilustrador de Arrow o Flash ha "disciplinado determinadas tareas " para poder optimizar el tiempo, porque "nunca es mucho". "Cuando recibo un guión y tras releerlo varias veces, lo fragmento en páginas pequeñas visualizándolo en plan rápido, más o menos distribuyendo la composición y el espacio que necesitare dejar libre para que los textos/diálogos respiren. Luego paso a hacer un boceto estructural de cada página en el que cambio cosas del proceso anterior, esta página ya es la base de lo que vendría siendo el lápiz que envío a la editorial, se hacen los ajustes que haya que hacer y cuando esta ok, paso a entintar y a acabar la página".

Pesa a las fechas de entrega, aún no ha tenido una mala experiencia al respecto y puede decir -tocando madera, no vaya a ser- que ha sacado lecturas positivas de cada uno de sus trabajos. "Con todos he disfrutado con todos en diferentes niveles, en unos casos por la libertad que tenía, en otros por la historia que estaba dibujando, en otro por los personajes... En todos los proyectos siempre lo he pasado bien en algún aspecto, es solo cuestión de buscar y desarrollar las cosas por ese camino."

Con respecto al futuro, poca cosa puede adelantar más allá de que "vuelve a trabajar en el Espacio Profundo" durante una buena temporada. Mientras, seguirá disfrutando del éxito del cine de superhéroes en el cine y la televisión - "Me parece fantástico, si con todo ese éxito se consigue que mas gente se acerque a los comics me parece perfecto. Todo lo que sea sumar es siempre bienvenido"- y mira con esperanza un cambio en la industria patria, que permita a los autores vivir de ella sin tener que buscar trabajo allende las fronteras."La industria del comic en Estados Unidos y el entertainment en general es una cosa muy seria. Mueve presupuestos enormes y es eso, una industria, capaz de atraer talento de todo el mundo. Cada pieza del proceso hace su parte y todo confluye en un producto final que está listo para llegar al mercado, y al final este último decide que es lo que se produce o no. En España la cosa es diferente, aquí hay talento y voluntad en cantidades increíbles pero también hay una industria y un mercado limitado, sin prácticamente ningún apoyo que tiene que competir con todo ese material que llega del exterior. Personalmente me encantaría ver las cosas que podrían hacer los editores españoles si tuvieran la posibilidad de tener más recursos, porque si en esta situación ya se hacen auténticas maravillas, con más medios sería algo espectacular", concluye el artista canario.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

La conquista de Ibiza en cómic


La Conselleria de Cultura, Participación y Deportes, a través del Institut d'Estudis Baleàrics ha presentado hoy el último número de la colección "Balears abans i ara", una iniciativa coeditada entre el mismo Institut d'Estudis Baleàrics y la editorial Dolmen.

El director del Institut d'Estudis Baleàrics, Francesc M. Rotger, el editor, Vicente García, y el coordinador y redactor de textos históricos de esta colección, Antoni Marimon, han presentado el séptimo número de la colección, un proyecto editorial que pretende reconstruir en 12 volúmenes la historia de las Illes Balears en formato cómic.

"Baleares abans i ara" es una iniciativa pionera que explica la historia de las Illes Balears en formato cómic de una manera amena, ligera y divertida, sin dejar de ser rigurosa y académica.

El número 7 de esta colección gira en torno a la conquista de Mallorca el 1229-1232 y de Ibiza y Formentera, el 1235.

En este volumen se ofrecen, de manera documentada y asequible, las claves que permiten entender la configuración inicial de los pueblos mallorquín, ibicenco y formenterés.

Las fechas del 31 de diciembre de 1229 en Mallorca o del 8 de agosto de 1235 en Ibiza siempre han sido consideradas como el nacimiento de unos pueblos vinculados a occidente, cristianos y de habla catalana, con Jaume I y Guillem de Montgrí, respectivamente, como grandes referentes.

Castalla y Cavanilles en un cómic


«Hoya de Castalla, sudeste de España. Abril de 1792». Así comienza Yo fui guía en el infierno, la adaptación al cómic por Gerard Miquel de la novela homónima que Fernando Arias publicó en 2004. Una historia que se inicia con este viaje que el botánico valenciano realizó a esta zona del interior de la provincia de Alicante en 1792 para realizar un catálogo de plantas por encargo del rey Carlos IV. Guiado por un joven lugareño, el apacible viaje se convierte en un camino inhóspito que desafía la razón en una aventura fantástica.


Desfiladero Ediciones ha sido la encargada de gestar esta adaptación que el dibujante Gerard Miquel (Alaquàs, 1968), quería afrontar desde hace una década. «Era una época en la que cada vez que leía un libro veía un cómic pero en esta ocasión pensé: Castalla, Cavanilles, las montañas valencianas.. y vi que había muchas posibilidades», señala el autor que ha llevado a viñetas esta road-movie de tintes fantásticos donde La Hoya de Castalla «es el escenario de este western sin vaqueros ni indios, pero donde el paisaje cumple la misma función que en un western».

«Desde Alicante se puede observar una muralla rocosa que corre de poniente a levante, las sierras del Sit y el Maigmó, un rosario de picos y montañas que se extienden por los términos de Castalla y Tibi, entre otros», y tras esas montañas transcurre la acción de esta aventura gráfica, que el dibujante quería que fuera «muy visual» donde las imágenes condujeran la narración.

Amante de la naturaleza y del senderismo, Gerard Miquel ya conocía esta zona, que volvió a recorrer, tanto a pie como en bicicleta. «Este es un paisaje muy mediterráneo, a mí me gusta mucho y las vistas desde lo alto son espectaculares. He ido varias veces, he pasado la noche al raso y es una gozada. Cavanilles, además, es un icono en el mundo del senderismo y me resultaba sencillo pensar qué sentirían él y Ángel (el joven guía) paseando por la Sierra del Maigmó», afirma Miquel, que apunta que en ocasiones utilizaba Google Maps «pero estar allí es otra cosa y en esta zona he aprendido a dibujar la forma de las copas de los pinos».

La niebla del Maigmó, Castalla, las vistas panorámicas del Puig Campana o La Vila Joiosa y el pantano de Tibi son algunas de las pinceladas de este paisaje que se convierte en protagonista. «Tampoco quería hacer algo muy localista, porque yo miro y luego dibujo lo que quiero, pero creo que lo pequeño a veces es lo universal y pienso que sí se transmiten las sensaciones mediterráneas», al igual que el fluir del tiempo pausado en esa época, con esos personajes a lomos de unas mulas, «similar al ritmo que se sigue cuando estás en la montaña, y esa sensación de irrealidad se apoya mucho el paisaje», indica. «La majestuosidad del paisaje, la orografía, dejar las montañas a tu espalda suponía para nuestra pareja protagonista toda una aventura», añade Miquel.

El dibujante señala que Fernando Arias le dio «libertad total» para llevar su historia a viñetas y él, a partir de su estilo, fue puliendo un vocabulario específico para la novela gráfica, el escenario y los personajes, una suerte de Quijote y Sancho donde se encuentran la Ilustración y la Edad Media, «la ciencia y el progreso que representa uno y la superstición o la fabulación del otro», opina.

martes, 19 de diciembre de 2017

‘Blacksad’, el film noir hecho comic


Un gato negro mira desafiante a través de su gabardina. La portada del primer tomo de Blacksad se adivina entre sombras y claroscuros. Si el tebeo entra por los ojos, el dibujo de Guarnido, uno de sus creadores, traspasa las retinas.

La serie protagonizada por ese elegante gato antropomórfico, inspirado en Marlon Brando, engancha al momento. Con su primera edición, Blacksad: Un Lugar Entre Las Sombras nació el personaje detectivesco, que retrata la Norteamérica de los años cincuenta a través de un documentado trabajo de ambientación que enamoró a los aficionados al cómic y a los amantes del género Noir.

Empezaban los 90 cuando el dibujante granadino Juanjo Guarnido se trasladaba a Madrid, donde conocería al también dibujante y guionista madrileño Juan Díaz Canales. Díaz Canales le enseñaría un proyecto de cómic que tenía en mente con un gato detective como protagonista y Guarnido se ofrecería a dibujarlo dándole finalmente el enfoque serio que embarga la historia.

En el año 2000, la primera historieta de Blacksad vio la luz. Llegó al mundo sin saber que cinco álbumes más tarde la serie se traduciría a 20 idiomas, habría vendido más de dos millones de copias y se habría hecho acreedor de los más importantes galardones de la industria. Tres Premios Eisner, un Premio Harvey, un Premio de Angoulême, además del Premio Nacional del Cómic en 2014, son algunos de los que llenan la galería de este “héroe” de pelaje gatuno.

¿De qué va Blacksad?

John Blacksad comenzó fisgando, olfateando, acechando y golpeando en Nueva York. La Gran Manzana y su podredumbre de posguerra fueron escenario de un thriller con caligrafía de diario íntimo. El universo ideado por Guarnido y Díaz Canales está poblado de tramas “negras” tejidas con genial habilidad. Vestido con gabardina, fumador y bajo un halo de misterio, el detective gatuno es capaz perpetrar acciones cuestionables. Tiene un toque de nobleza, un código de honor, y un punto de perdedor.

En el primer tomo de sus andanzas, Blacksad: Un lugar entre las sombras, resaltan los tipos duros, soplones o matones a sueldo rodeados de billares o combates de boxeo. Ajeno a las amenazas, el investigador, siempre cerca de una mujer fatal o en compañía del reportero Weekly, no deja de dar zarpazos en más de 250 páginas. Las siguientes, en un barrio deprimido cualquiera a cuenta del racismo (Arctic-Nation), en Las Vegas con el trasfondo del macarthismo y el sprint nuclear (Alma Roja), en la Nueva Orleans condimentada con música, vudú, droga y cárcel (El Infierno, El Silencio), o en la mítica Ruta 66 a partir de un encontronazo entre beatniks, moteros y gente del circo (Amarillo).

Icono en EEUU

La ambientación y la genialidad de los padres de Blacksad, han hecho que el tándem Guarnido y Díaz Canales haya visto como su personaje se ha convertido en un icono clásico del cómic internacional. De hecho, es una de las diez viñetas más conocidas de este mercado. Además, fueron los primeros autores españoles que abrieron el mercado francobelga a un equipo completo de guionista y dibujante, una oportunidad que han aprovechado después muchos autores para publicar en esta industria.

Es en Estados Unidos, precisamente por la ubicación de las historias de Blacksad, donde este gato se convierte en todo un icono, un sello de identidad, gracias a ese halo de detective de novela negra a “la antigua”. Una característica ante las que el público americano es muy sensible. Aunque si hay algo ante lo que los lectores americanos se rinden son los superpoderes de sus ídolos: capacidades mágicas que el gato antropomórfico más sexy de la viñeta, a juzgar por las miradas que le dedican las felinas, no tiene, pero que solventa con ciertos atributos. Blacksad tiene garras, un oído muy fino y reflejos de gato, cualidades que atrapan la mente del lector.

Fuente:https://www.lemiaunoir.com/blacksad-comic-noir-arnedo/

lunes, 18 de diciembre de 2017

Cómic, escultura e ilustración, unidas


La elaboración de obras escultóricas a partir de viñetas de los personajes más destacados de la esfera tebeística extremeña y viceversa es el origen de la exposición titulada Del cómic y otras pasiones, que puede verse hasta el 5 de enero en Santa María.

Se trata de una propuesta de los alumnos del taller de Escultura de la Escuela de Bellas Artes Rodrigo Alemán y miembros de la Asociación Cultural de Amigos del Cómic de Extremadura, con la que muestran la comunicación entre lenguajes artísticos, congregando el arte de la escultura con el del cómic. Así, al igual que se esculpen tallas y figuras partiendo de viñetas, surgen viñetas que parten de esculturas.

Además, a través de esta exposición se fomenta la creación artística y se difunde «el extraordinario talento de los autores de la región», tal como ha indicado el secretario de exTreBeo, Pablo Calvo.

Los ilustradores son Miguel Gómez, Felipe M. Ortega, Ángel García, Andrés Cabello, Jesús Bravo, Carlos Correia, Jairo Jiménez, Javier Orabich, Jonathan Polo, Silvia Pérez, Cándido Hoyas, Luis M. Peláez, Beatriz Rodríguez, Esteban Navarro, Pedro Camello, Iván Marcos, Andy Marra, Pedro Arroyo y José Mª Perianes.

Los alumnos del taller de escultura: Carmen Báez, Mª Eugenia Berrocoso, Manuel Blázquez, Carlos Fernández, Jesús González, M.ª Teresa Jiménez, Pilar Martín, Josefina Martín, Ivana Martínez, Joaquín Mayorga, Álvaro Mena, Javier Polo, Mª Jesús Plata, Raquel Puertas, Evarista Román, Juan Santiago, Guadalupe Simón, Ana M. Talaván y el profesor Juan Gila.

domingo, 17 de diciembre de 2017

La historia de Numancia, en cómic


La historia de la pequeña ciudad celtíbera de Numancia se puede conocer a partir de este jueves en formato cómic, gracias al proyecto literario «El destino de Numancia. Aius», promovido por la empresa Numanguerrix dentro de la conmemoración del 2.150 aniversario del asedio y caída de la ciudad celtibérica. El alcalde de la capital, Carlos Martínez, ha presentado junto con los responsables de Numanguerrix, Rubén García y Eduardo Torres, y la alcaldesa de Garray, María José Jiménez, este nuevo proyecto literario.

El cómic, con viñetas de gran calidad y el rigor histórico como columna vertebral, es un trabajo que se ha extendido durante más de dos años y que ahora ha visto la luz con el deseo de ser «un primer episodio de muchos más para narrar y compartir una historia universal como es la protagonizada por Numancia», según ha señalado Martínez.

Además ha asegurado que el objetivo es obtener con el tiempo una proyección más internacional con futuras traducciones al inglés y francés para «dar continuidad a estos personajes reales con nuevas aventuras y proyectos editoriales».

Uno de los responsables de Numanguerrix, Rubén García, ha explicado que dedicaron el primer año a elaborar el guión de una historia novedosa, dando a conocer los sucesos a través de los ojos de uno de los cincuenta esclavos que se llevó Escipión a Roma. Ese esclavo retorna a Numancia años después y esos sentimientos hacen que rememore capítulos de la historia de la ciudad, informa Efe.

«Todo el proyecto está cuidado al máximo y esperamos que sea el primero de una larga saga. Ojalá sea nuestro «Juego de tronos». Hay multitud de personajes destacados con gran relevancia histórica que pueden dar pie a narraciones de gran interés», ha subrayado.

El diseñador de las viñetas, Eduardo Torres, ha deseado que el cómic sea el primero de muchos. «Hemos contado una historia a grandes rasgos para que quien lo lea se haga una idea general de lo que sucedió, el sufrimiento de los pobladores, el esfuerzo de Roma, y hemos incluido información adicional. Hay muchísimo que contar todavía con personajes como Retógenes, el gran héroe de Numancia, con una vida repleta de episodios heroicos», ha asegurado.

En este sentido, la alcaldesa de Garray, María José Jiménez, ha pedido a los sorianos que «aprovechen la oportunidad de regalar cultura y promocionar algo nuestro y de nuestra tierra. Ojalá sea una saga y podamos dar continuidad a este tipo de proyectos».

sábado, 16 de diciembre de 2017

Los hermanos Dalton vuelven a cabalgar y a matar


Momentos antes del enfrentamiento final, en la legendaria 'Río Bravo', John Wayne se dirige a su ayudante diciendo: «Adelante, Colorado, vamos a dar trabajo al enterrador». Era un oeste, una forma de verlo y de contarlo, radicalmente opuesta a la visión de Tarantino, por citar al más obvio. Lo mismo es aplicable a la ilustración y, desde luego, al cómic.

Obras imperecederas, como la inocente 'Red Ryder' (1938), vieron alterada su popularidad al ritmo que lo hacía el cine. Sin embargo, Europa y, sobre todo Francia, guardaba varios ases en la manga. No fueron casos únicos, desde luego, pero dos obras maestras iban a redefinir el género desde enfoques bien distintos. 'Lucky Luke' (1946), de Goscinny y Morris, y, por supuesto, 'El Teniente Blueberry' (1963), de Charlier y Giraud, serie cumbre del noveno arte. Cuatro genios que aún hoy hacen reír y emocionarse al lector mientras las caravanas y los sioux recorren los paisajes más típicos del Far West. Precisamente, en los álbumes protagonizados por el hombre que disparaba más rápido que su sombra, debutaban cuatro hermanos. Su inteligencia y mal humor iban en proporción inversa a su tamaño: Los Dalton.

Es el momento de su regreso. Pero no son los mismos.

Buena parte de ello se debe, naturalmente, a los guiones de Olivier 'Yeb' Visonneau (1970, Nantes), escritor muy poco conocido a este lado del Pecos, pero que afronta, a lo largo de dos libros recogidos en uno por la editorial Dibbuks, el desafío de acercarse a la historia real de los Dalton, los tres hermanos cuyo destino trágico empezó a fraguarse, paradójicamente, portando estrellas de sheriff en el pecho.

Y conviene dejar claro que el oeste de Visonneau, en cuanto a su dureza, nada tiene que ver con los clásicos. Puede argüirse a este argumento que, en verdad, la muerte, la tortura, la violencia... siempre se han mostrado de forma explícita en los comics del Oeste, pero (y por ello en un principio se citaba a Howard Hawks y a Tarantino), hay formas de hacerlo (colocando entre ellos a Eastwood). Visonneau, no cabe duda, desea dejar claro desde un principio que el universo que recrea ocurrió, y que fue tan crudo que no cabía enfrentarse a ocho forajidos en un callejón con un revólver y salir indemne, sin ni siquiera recargar el tambor del arma y con apenas rastros de barro en las botas. Diálogos cortos, contundentes y, sobre todo, con el convencimiento de que los hombres, en aquellos tiempos del siglo XIX americano, se movían por motivaciones más elementales y primitivas y que, eso sí, al igual que hoy, nada es blanco o negro.

Jesús Alonso Iglesias
No es la primera vez, ni será la última, que en estas páginas irrumpe Jesús Alonso Iglesias (1972), dibujante cuya obra siempre provoca grandes expectativas desde, sobre todo, el gran éxito que cosechó con 'El fantasma de Gaudí', con textos de El Torres.

No es arriesgarse demasiado intentar comprender hacia dónde va el artista. Que uno de sus autores favoritos e influencia decisiva es Denis Bodart ('Green Manor'), resulta obvio, pero que no se ha detenido allí, también lo es.

Es categórico que Alonso Iglesias entiende este asunto de las viñetas como un oficio cuya razón de ser está en contar, y en hacerlo de la mejor forma posible. Complicado encontrar un halago mayor. Esto es: resulta harto difícil encontrar una escena, un momento dentro de cualquiera de ellas en que un cambio de plano, una composición diferente, hubiera mejorado el ritmo narrativo; harto improbable plantar un 'debe' en el lenguaje corporal de los actores, en sus expresiones, en la caracterización de los mismos. Y eso ocurre cuando detrás de cada página se esconde un trabajo enorme, más allá de ese trazo aparentemente poco preciso que se despliega en un alarde de meticulosidad. Cierto, una paradoja en sí misma. Un debate fascinante, siempre candente, renunciar a lo prolijo en favor de la simplicidad como vehículo para llegar mejor al lector. Cuidado, una simplificación buscada, no fruto de haber alcanzado los propios límites. La cuestión es que, una vez cada lector se siente más cómodo en una posición, Alonso Iglesias se alza sobre el guion de forma incuestionable, que no deseable.

'Los Dalton' es un muy buen cómic. Si el género del salvaje oeste se halla entre los favoritos del lector, disfrutará sin duda de una historia basada en los hechos históricos conocidos, sazonados con la necesaria dramatización. Alonso Iglesias ha puesto otra pica muy sólida en su camino, y lo mejor es que ya se puede afirmar sin posibilidad de error que está llamado a ser uno de los grandes, uno de esos que aún no han llegado a La obra. Todas las concluidas hasta el momento merecen aplauso, pero ésa escrita en mayúsculas será digna de verse, la obra maestra que le aguarda en algún lugar hacia el que ya cabalga.

jueves, 14 de diciembre de 2017

El País:Art Spiegelman, el creador de ‘Maus’, analiza su relación con el tebeo antes de su charla la semana próxima en el Reina Sofía


Art Spiegelman quería ser vaquero, “cowboy”. Llanuras, cabalgadas, un rancho en medio de la nada. Lástima que viviera en Nueva York. Tenía nueve años cuando se mudó con su familia. Y su sueño de infancia se estrelló contra los rascacielos. “Renuncié”, se ríe. Pero no del todo. “Me convertí en uno de los últimos herreros de las publicaciones impresas”, agrega. Es decir, en autor de cómics. “Me marcaron desde pequeño. Creí que eran el manual de instrucciones para lo que necesitaba entender como humano. Lo que tenía que saber de EE UU no podía aprenderlo de mis padres pero sí de Mad y su autodenominada ‘panda de idiotas”, defiende. Ese tebeo —y luego magazine— sedujo desde los cincuenta a Spiegelman y a miles de lectores. Así que el chico pasó al segundo sueño: “Quería ser uno de los que hicieran esas cosas”.

Llegó mucho más allá. Escribió y dibujó el único tebeo que ganó el Pulitzer, en 1992: Maus, recuerdo en viñetas de las vivencias de su padre en el Holocausto, donde los judíos se representan como ratones y los nazis como gatos. Spiegelman ha editado una revista de tebeos underground (Raw), dibujado para The New Yorker, reflexionado en viñetas sobre los momentos posteriores al 11-S y escrito ensayos sobre su medio artístico. Se le considera un padre del cómic contemporáneo. “Pido un test de ADN”, rebate él. De todo ello hablará el 20 de diciembre, en una charla en el Museo Reina Sofía (Madrid), titulada Las palabras y las imágenes chocan: ¿Qué %@&*! pasó con los cómics?

Entonces, ¿qué sucedió? “Pocos medios pueden enorgullecerse de haber pasado por tantas batallas: entre adultos y niños, fantasía y realidad, imágenes y palabras, arte y negocio, pensamientos autoritarios y rebeldes. El fuego cruzado sigue, pero ahora el cómic es apreciado y no menospreciado como estupidez para niños”, resume. Ha hecho falta otra guerra, tal vez la más larga. Spiegelman mismo ha dedicado sus casi 70 años (Estocolmo, 1948) a reivindicar los tebeos: “Dejaron de ser el medio que pocos tomaban en serio pero todos leían. A partir de ahí podían volverse arte o desaparecer. Estoy orgulloso de decir que mi equipo ha ganado”.

Ha costado, quizás a él más que a cualquiera. “Se asume a menudo que se empieza garabateando dibujitos en un cuaderno en el colegio y se descubre una experiencia feliz. Para mí el cómic siempre ha sido una lucha. Se me ha hecho cada vez más difícil avanzar y más claro lo complejo que es este medio considerado simple”, explica. Spiegelman jura que sus dibujos le parecen muy mejorables. Una sola página le puede costar un mes de trabajo. Y casi le da las gracias a su ojo perezoso: le obliga a ver solo en dos dimensiones pero también a quedarse “con lo importante”. “Me llevó a la parte estructural del cómic”, explica. Precisamente lo que más le gusta. “Me interesa la esencia de cuando palabras e imágenes se juntan. Aunque, cuando tenía 18 años, era fácil tener controlado más o menos todo lo que salía; ahora me llegan tantos tebeos que no logro estar al tanto; trabajos que me dejan boquiabierto y otros que me recuerdan tristemente una frase que dije hace años: ‘Estamos peleando para que el cómic alcance un nivel mayor de mediocridad”.

De paso, el tebeo también le sirve para sentirse mejor. “El desastre es mi musa. Mis cómics nacen de mi descontento, mis rabias, mis miedos. Si me siento bien, no tiendo a dibujar o escribir. Son una manera de encontrar equilibrio”. En sus viñetas, se representa como un tipo inseguro y ansioso. La muerte de su hermano, el ataque de nervios en 1968 y el suicidio de su madre, complicaron su juventud. Maus ayudó en parte: le dio fama y estabilidad económica, pero también frustración, por las interpretaciones equivocadas y por atar su carrera a una obra.

Porque Spiegelman siempre ha querido mirar adelante, experimentar. Últimamente, prueba “novelas gráficas de una página”. En Navidad, se encerrará con un maestro litógrafo para otro proyecto. Y, desde hace dos años, trabaja en una idea que “debería convertirse en un nuevo programa de televisión”. Todavía discuten los últimos detalles. Pero está confiado: lleva una vida entera en la batalla.

Hergé, hijo de Tintín. Tintín: el aventurero infatigable


En ella Benoît Peeters desgrana la vida, obra y trabajos de Georges P. Remi, más conocido bajo el pseudónimo de Hergé.

Se trata de una obra cuidada, muy completa, casi se podría decir que definitiva, en la que comparten protagonismo Hergé y Tintín, creador y personaje.

No en vano se afirma en el prólogo que la vida y existencia de ambos están inextricablemente unidas, hasta casi confundirse. Son 600 páginas apasionantes con abundante material inédito, revelaciones y detalles entresacados de los archivos y dTintine entrevistas personales que encantarán a los tintinófilos.


De entre los cómics infantiles y juveniles, los europeos Tintín y Asterix y Obélixdestacan por vender respectivamente más de 200 y 400 millones de ejemplares y, es opinable, con mucho mayor atractivo e interés que sus equivalentes del otro lado del atlántico.

A través de los 24 álbumes de Tintín se refleja no solo el pensamiento de Hergé, como se explica en la mencionada biografía, sino que también se describen muchas de las realidades del siglo XX.

El lector sigue los pasos del incansable reportero del diario ‘Le Petit Vingtième’ recorriendo los cinco continentes: en El loto azul visita la China del opio;  en Tintín y los pícaros se verá envuelto en la guerra civil de una minúscula república bananera; se topará con los colonialismos en el Congo y el país del  Oro Negro; se sumergirá en el lago de los tiburones, visitará islas encantadas, se adentrará en misteriosos templos de egipcios e incas, también ascenderá a las montañas del Tíbet en busca del Yeti y hasta a la mismísima Luna viajará nuestro intrépido reportero junto a su inseparable Milú y a sus amigos. Secundarios cómicos como los desastrosos Hernández y Fernández, el despistado Tornasol, el capitán Haddock…

Tintín es un personaje único, romántico, idealista, audaz y perspicaz que ha hecho soñar a millones de jóvenes con épocas pasadas que ya nunca volverán. En ese sentido, la polémica siempre ha perseguido a Hergé, especialmente durante los últimos años de vida del autor y tras su muerte.

A Hergé, y a Tintín, se les ha venido acusando de un supuesto racismoimplícito en sus aventuras coloniales, de ciertas simpatías fascistas, de mostrar crueldad contra los animales, incluso, de misoginia, pues al parecer son escasas las mujeres que aparecen en las aventuras.

Tampoco se le ha perdonado la ausencia de cualquier alusión a la sexualidadde un personaje al que nunca se le conoció novia. La lista es tan larga como injusta.

Tintín y Hergé, siempre entrelazados, han generado una amplísima producción bibliográfica; varias series animadas; un puñado de videojuegos en diversas plataformas; algunas adaptaciones cinematográficas, de las que destaca la producida por Steven Spielberg; y hasta un museo como el Musée Hergé de Louvain-la-Neuve, en Bélgica.

Al respecto de la reciente película el secreto del unicornio, pocos saben que la génesis del proyecto se remonta a 1981. Aquel año, en Paris, Steven Spielberg descubrió a Tintín mientras trabajaba en su primera Indiana Jones (que no deja de ser un Tintín mayorcito) y quedó fascinado.

A pesar de leerlo en francés, idioma que desconocía, se dio cuenta de que podía seguir la historia sin necesidad de leer los bocadillos, el libro (era Las siete bolas de cristal) era en sí mismo el storyboard de una película.

La ilusión inicial se topó con una realidad harto complicada, pasaron años de proyectos interrumpidos, anuncios precipitados y vaivenes con los derechos… además, Spielberg no quería rodar dibujos animados y no se contemplaba grabar actores de carne y hueso. No parecía viable, sin embargo, todo cristalizó con el estreno de Avatar. La técnica del motion capture y el 3D hicieron posible el milagro de dar vida a Tintín, a lo grande. Mezclando las historias de varias aventuras, con muchísima acción y alcanzando un éxito de público digno de mención.

Al fin Tintín era descubierto y conquistaba al público norteamericano y, por ende, al de todo el mundo.

A la espera de que Peter Jackson ruede una segunda parte, los tintinófilos volveremos nuestros ojos a las viñetas imperecederas dibujadas al estilo tradicional por Hergé.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

El País:Cómic de exposición


Nunca es tarde si la dicha es buena. La exposición de George Herriman (Nueva Orleans, 1880-Los Ángeles, 1944) en el Museo Reina Sofía insiste en la urgente necesidad de incorporar el cómic dentro del discurso y las historias de la modernidad. Es un caso de reparación tardía, pero es un buen comienzo teniendo en cuenta que en Herriman confluyen la experimentación gráfica y poética más vanguardista con una visión compleja de la identidad y el género absolutamente contemporánea.


Las razones por las que el cómic ha tardado tanto en ser asimilado en las instituciones artísticas son múltiples, quizás porque comparte ciertos aspectos de la personalidad de Krazy Kat, el personaje principal de Herriman. Gato y gata al mismo tiempo, se expresaba a través de una mezcla de lenguas y dialectos que dificultaron su traducción. El cómic, como Krazy Kat, se presenta como una manifestación cultural de género difuso, que utiliza simultáneamente texto e imagen y tiene un lenguaje propio que lo sitúa en un lugar complejo a medio camino entre el arte y la literatura.

Otra de las posibles causas de este distanciamiento fue el pop art, una de las peores cosas que jamás le pudo pasar al cómic. La mayoría de artistas pop emplearon un apropiacionismo de corte extractivista que sólo ayudó a popularizar una visión muy superficial de la disciplina. Nada que permitiese explorar su secuencialidad y todas las particularidades que alberga como material cultural.

La esencia del cómic va ligada a la narratividad y al medio impreso: la página del periódico, el tebeo, la revista o la novela gráfica son sus espacios de difusión. Así es como este medio difícil se enfrenta a su adaptación museística. ¿Cómo exponemos cómic? Muestras pioneras como Bande Dessinée et Figuration Narrative, celebrada en el Musée des Arts Décoratifs de París en 1967 ya planteaban soluciones parciales a algunos de estos problemas. La exposición, aparte de mostrar algunas obras de esa vertiente del pop francesa denominada figuración narrativa, incorporaba un conjunto de displays innovadores que, simulando estructuras modulares geométricas, sustentaban viñetas que hacían que el público pudiera recrearse en la especificidad del medio con más o menos fortuna.

Mientras resolvemos cuál es la mejor manera de exponer cómic, también habría que pensar cuál es el tipo de cómic que merece ser expuesto en un museo de arte moderno y contemporáneo y qué artistas del género de nuestro territorio merecerían una monografía en un museo como el Reina Sofía. Cuando el cómic realizado aquí empieza a nutrir algunas de las mejores colecciones, se hace necesario empezar a programar con dignidad a esos autores, figuras como Coll, Nazario, Micharmut o Nuria Pompeia, por poner algunos ejemplos, podrían cubrir ese cupo, ya que todos aúnan grandes dosis de singularidad, vanguardia y experimentación.

De manera similar urge plantear nuevas genealogías en las que poder dar a conocer el cómic desde toda su riqueza y diversidad, que reivindiquen la capacidad intertextual del medio, su capacidad evolutiva vinculada a la modernidad, las vanguardias y los hallazgos y estrategias surgidas de las prácticas conceptuales y de la desmaterialización del arte. Me gusta pensar en un itinerario ideal que se iniciaría con La Santa Rusia, el protocómic de 1854 de Gustave Doré, donde se atreve a dejar en blanco todas las viñetas de una página aludiendo al paisaje nevado que está retratando y que inauguraría las exploraciones metanarrativas que Winsor McCay desarrollaría con profusión a principios del siglo pasado. Este itinerario continuaría con las deconstrucciones que el artista conocido como Jess perpetró en los cincuenta con los cómics de Dick Tracy, creando delirantes collages que respetaban la estructura secuencial del cómic. Dedicaría un apartado al détournament situacionista y otro a las innovaciones aportadas por el comix underground en los sesenta y setenta para acabar temporalmente el recorrido con las constricciones de Oubapo (Ouvrier de Bande Dessinée Potentiale / taller de cómic potencial), que, emulando al Oulipo y los experimentos literarios de Perec y Queneau, ampliarían las posibilidades expresivas del medio en los noventa.

El cómic de exposición podría ser la continuación lógica de esta genealogía, una manera de producir cómic fuera de los marcos restrictivos de la página pero dentro de las constricciones de la institución artística. Es en ese espacio desde donde hace años inserto mi práctica y mis estrategias distributivas que fusionan cómic y realidad. Pero hay más gente trabajando en ello cuyas obras me gustaría destacar. Está el conceptualismo radical de Ilan Manouach con su desarrollo de un cómic no figurativo destinado a lectores invidentes, así como Martin Vitaliti y su rigurosa investigación de la secuencialidad y los límites espacio-temporales del espacio entre viñetas. La deconstrucción metalingüística del color en Jochen Gerner o la exploración performativa que el colectivo argentino Un Faulduo hace del medio.

A veces, no es necesario realizar una gran exposición para poder tratar como se merece la obra de un autor de cómic, basta hacerlo con cierto cuidado, esmero y atención. Las mejores que he visto recientemente tienen lugar en la pequeña sala de exposiciones de la librería especializada Fatbottom de Barcelona, un espacio de unos tres metros cuadrados. El año pasado, el colectivo CCCCC (Centro de Conservación y Comunicación de Cómic Contemporáneo) realizó una excelente exposición centrada en los cómics evangélicos de Jack Chick, el mayor editor de cómics independiente del mundo. Próximamente, inaugurarán Negros Rojos mirando la historia del Libro para colorear de los panteras negras. Las posibilidades que abarca el cómic son múltiples y su capacidad de adaptación e infiltración son infinitas, tan solo necesita de comprensión de su medida y de lo que significa como formato. Ojalá empecemos a ver cada vez mejores exposiciones de cómic tanto dentro como fuera del museo.