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jueves, 30 de marzo de 2017

ABC:No sólo de ficción viven los tebeos


«Viñetas de plata». Luis Alberto de Cuenca / Laura Pérez Vernetti. Reino de Cordelia. Luis Alberto de Cuenca es un apasionado de los tebeos, como se puede comprobar por sus reseñas en nuestro suplemento. Por ello, no es de extrañar que le haya entusiasmado la oportunidad de ver quince de sus poemas trasladados a las viñetas con la línea clara de la barcelonesa Laura Pérez Vernetti.

«Josep Maria Beà. El hombre de los mil estilos». Josep Maria Beà. Trilita. El barcelonés Beà es uno de los grandes camaleones del tebeo español, hombre de mil seudónimos que lo mismo hacía historietas románticas para el mercado británico o de terror para el estadounidense que fundaba revistas como «Rambla». Este volumen selecciona páginas clave de su interminable obra.

«Filmish». Edward Ross. Reservoir Books. Ensayo gráfico que recorre la historia del cine a través de siete capítulos dedicados a cómo se han reflejado en la gran pantalla la arquitectura, el lenguaje, el cuerpo humano... A Edward Ross se le nota la pasión por el cine y sabe ser didáctico sin resultar pesado y llenando las viñetas de guiños a clásicos de todos los géneros.


«Art & Beauty Magazine». Robert Crumb. La Cúpula. Robert Crumb se tomó su revista «Art & Beauty» con mucha calma (un número en 1996, otro en 2003 y un tercero en 2016) y aún más ironía, mezclando en sus páginas sesudas citas sobre el arte con ilustraciones fotorrealistas de mujeres llenas de curvas. El resultado es una socarrona reflexión sobre los cánones de belleza.

miércoles, 29 de marzo de 2017

La magia del comic


Según acaba de publicar 'Quaternary International' (una revista de temas de nuestra época), en Europa llevamos dibujando, principalmente en las paredes, figuras de animales desde hace por lo menos 38.000 años. El artículo reseña el hallazgo, en la región francesa de la Dordoña, de una imagen grabada que representa a un uro (un toro primitivo) llena de agujeritos, los cuales evocan el estilo de los pintores impresionistas, de modo que en algunos titulares posteriores se la ha considerado un precedente de Seurat y de Van Gogh. Dar con los orígenes prehistóricos del puntillismo hubiera sido un puntazo, pero tal vez aquellos artistas del auriñaciense no estaban pensando en lo mismo que los pintores de finales del siglo XIX. Hay un anacronismo de interpretación, que es lo mismo que provoca el humor en 'Los Picapiedra', o en las historietas de Altamiro de la Cueva (que dibujaba Bernet Toledano para 'TBO') o de Hug el Troglodita (de Gosset, para 'Tío Vivo'), o de aquella tira americana de Johnny Hart titulada 'B.C.' (las iniciales en inglés de antes de Cristo), que aquí editó por primera vez Buru Lan, y donde los hombres primitivos más que ir con barba parecía que iban sin afeitar (como el Salón del Cómic de este año está dedicado a la aviación, indiquemos que Hart sirvió en las fuerzas aéreas durante la guerra de Corea).

El caso es que los pintores rupestres (algunos estudiosos como David Lewis-Williams, autor del fascinante ensayo 'La mente en la caverna', sostienen que eran chamanes e interpretan sus dibujos como un acto mágico) estuvieron representando animales a base de puntos, manchas redondas, topos..., durante miles y miles de años. Unos 8.000 años después de la pieza citada, alguien trazó en la gruta de Chauvet la silueta de un mamut, de unos dos metros de largo, rellena de gruesos puntos rojos. Ese es el lugar donde Werner Herzog, que ha participado estos días en el festival Kosmopolis, grabó su documental 'La cueva de los sueños olvidados’.

Dos expertas en prehistoria y arte parietal, Dominique Baffier y Valérie Feruglio, han demostrado que esas pinturas de manchas circulares de pigmento rojo se hacían aplicando contra la pared la base de la palma de la mano. Acaso las pinturas más famosas de este tipo sean las de los caballos moteados de la gruta de Pech Merle, también en la Dordoña. Fueron realizadas hace 25.000 años con pigmentos negros (el rojo y el negro son los colores con que descubrimos el arte). Pero mucho antes de representar animales, ya se había empleado el sistema de puntos para trazar figuras geométricas. En Cantabria, en la cueva del Castillo, hay una pared llena de extraños signos de puntos rojos a los que se calcula más de 40.000 años de antigüedad. Probablemente los puntos eran un lenguaje simbólico, no una técnica de dibujo; pues aquellos pintores de las cavernas se habían erigido como los primeros magos y sabían muy bien lo que querían decir con lo que dibujaban (o las primeras magas, porque quizá fuesen pintoras).


Hoy en el cómic continúa viva esa magia porque sigue vivo el oficio de dibujante, tan antiguo como la humanidad. Los primeros pintores fueron magos, brujos, y cuando ahora los dibujantes de tebeos, los magos del humor, han creado esos animales con topos como el Marsupilami (en 'Spirou'), como el Jeep (en 'Popeye'), o cuando una escritora le ha proporcionado un caballo moteado a Pippi Langstrump, han sido en realidad actuales herederos de aquel momento mágico en que nació el arte de pintar en las paredes.

martes, 28 de marzo de 2017

ABC:Taniguchi, lección de vida


Como en las verdaderas obras de arte, si uno presta la suficiente atención y se desprende de ciertos prejuicios heredados sobre el género, los mangas de Jiro Taniguchi (Tottori, 1947-Tokio, 2017) operan en quien se acerca a ellos una profunda transformación interior. Sus grandes creaciones primero sirven para ser y sólo más tarde para hacer. Permiten entrar en contacto con una parte desconocida, olvidada de nosotros mismos y generan un impulso preciado y precioso que luego se podrá incorporar a todo lo que hacemos. Sus libros son un inmenso canto a lo más alto de la condición humana y nos hacen partícipes de una infinita ternura, admiración, compasión y respeto por todo lo existente. Enseñan a mirar el mundo de otra manera y a tener una vida más plena -entre otras cosas su sabiduría no condena la satisfacción del placer- porque en ellos cada experiencia, por nimia que sea, puede ser reveladora, única y sagrada.

Dos caminos

Sus cómics son bellísimos y deslumbrantes, poéticos y reflexivos y producen una honda emoción inteligente sin la necesidad de imponer una rígida teoría. Por un lado plantean al lector un camino exotérico (exterior), mezcla de historia y cultura nacional, de costumbres sociales y tradiciones familiares, que refleja la subyacente tensión entre progreso y tradición en la que han vivido los japoneses a partir de la era Meiji, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, y que muchas veces se expresa en la oposición entre campo y ciudad; y por otro, un camino esotérico (interior), amalgama de experiencias personales -relacionadas con sus tormentosos sentimientos hacia el padre-, de memoria recobrada -vinculada con su infancia y adolescencia-, de una especial sensibilidad hacia la naturaleza y de una actitud humanista y vitalista. No encuentro un autor más indicado para descubrir la idiosincrasia nipona, y también para descubrirse a uno mismo.
Aunque todo esto no sería así si no estuviese acompañado por un absoluto dominio de los recursos expresivos del manga. Taniguchi es un extraordinario dibujante cuyo trazo hunde sus raíces en la rica tradición del grabado japonés («ukiyo-e»), con claras influencias de Hokusai e Hiroshige, y en un sólido conocimiento de la pintura occidental, tal y como ha dejado patente en una de sus últimas obras, «Los guardianes del Louvre» (2013). Pero además ha sido un maravilloso narrador. Los criterios estéticos y narrativos con los que articula las secuencias de viñetas son magistrales. Basados en la sinécdoque, el contrapunto de encuadres -son famosos sus planos generales seguidos de primeros planos enfáticos que otorgan un especial protagonismo a los detalles-, o en los puntos de vista insólitos, proporcionan a su obra un estilo narrativo sosegado y contemplativo.
Recomendaría empezar por los libros que publicó en los 90, cuando dejó atrás las colaboraciones con distintos guionistas y comenzó un camino más personal -caso aparte es la adaptación en siete volúmenes junto con el guionista Natsuo Sekigawa de la novela «Botchan» de Natsumo Soseki que, con «Berlín» de Jason Lutes, son los mejores cómics de género histórico que se hayan dado a la imprenta-. Su primera obra maestra, y por la que indudablemente hay que empezar, es «El caminante» (1991), donde ya encontramos el estilo, personajes y temas característicos de nuestro autor: vagabundeos de quien no tiene nada importante que hacer, plena celebración de la existencia en lo cotidiano, mínimos acontecimientos que se transforman en instantes significativos, largos silencios elocuentes y el placer y la felicidad de quien siempre ve el lado bueno de las cosas y ayuda a los demás.

Tinte autobiográfico

Veinte años más tarde Taniguchi recuperará este mundo con «Furari» (2011), obra dedicada al cartógrafo, agrimensor y astrónomo del siglo XIX Ino Tadakata que elaboró el primer mapa completo de Japón. Después convendría leer las inolvidables «El almanaque de mi padre» (1994) y «Barrio lejano» (1996), obras magnas con un marcado carácter autobiográfico por las que Taniguchi ha recibido reconocimiento internacional. Historias de largo aliento centradas en el misterio de un universo familiar roto por el insoportable peso del «on», una ética de la deuda marcada por una compleja red de obligaciones y de responsabilidades que condiciona el comportamiento de la mayoría de los japoneses. Una vez leídas estas tres obras, el lector ya estará en condiciones de trazar su propia ruta. Pienso en «El gourmet solitario» o en su continuación «Paseos de un gourmet solitario» para los apasionados de la gastronomía japonesa; en «El viajero de la tundra» o «La cumbre de los dioses» para los amantes de la naturaleza; en «Los años dulces», «La montaña mágica», «Cielos radiantes», «El olmo del Cáucaso»... La lista podría ser muy larga.
Queden resonando como despedida para uno de los más grandes maestros de la narración gráfica los últimos pensamientos de «El caminante»: «El tiempo pasa con calma. Pequeña abertura de la vida cotidiana. No tenía nada que hacer. Camino lentamente por la orilla donde no hay ningún sendero».

lunes, 27 de marzo de 2017

Lanzan un anuario con los 100 mejores cómics publicados en España


La cabecera Jot Down y la Asociación de Críticos y Divulgadores de Cómic de España (ACDCómic) se han unido para lanzar un anuario con los 100 mejores publicados en España durante 2016, han anunciado este lunes en un comunicado.

Bajo el título 'Cómics Esenciales 2016', el anuario explora las obras y los temas más relevantes en el año de referencia de la mano de expertos en cómics como Alberto García Marcos, Yexus, Álvaro Pons, Anna Abella, Elisa McCausland, Gerardo Vilches, Pedro Monje, Juan Royo, Koldo Azpitarte y Oriol Estrada, entre otros.

La publicación también incluye una entrevista a los dibujantes Ana Galvañ y Paco Roca, y ofrece cinco artículos que tratan en profundidad los principales temas, tendencias y géneros del mundo del cómic en la actualidad: el cómic como género periodístico, el lector de manga gafotaku o la entrada del cómic en los museos.

Cómo hablar con chicas en fiestas, un cómic especial para gente especial


Sin previo anuncio, me encuentro en las tiendas un cómic guionizado por Neil Gaiman (Sandman) y dibujado por Fabio Moon y Gabriel Bá, uno de mis equipos creativos favoritos desde que les conociera en Daytripper.

El cómic se llama Cómo hablar con chicas en fiestas y va de eso, de "hablar con chicas en fiestas". Es raro hasta decir basta pero bonito rompiendo límites.

Está protagonizado por Enn, un chaval de quince años que lleva bastante mal lo de ligar, siempre acompañado por Vic, su amigo rubio que triunfa de forma innata.

El tebeo narra la incursión de ambos en una fiesta desconocida e ilustra los acercamientos de ambos a cuatro chicas del lugar.

Como digo es raro, raro. Cada chica es un mundo, casi literalmente; y llevan la historia por caminos muy evocadores.

Ahora bien, el punto fuerte del tebeo es el apartado artístico. Siguiendo la estela que dejaron en Daytripper, los gemelos brasileños Fabio y Gabriel "se sobran" muchísimo con sus líneas de tinta a pincel y el descontrol cromático de sus acuarelas.

Un dibujo costumbrista, muy suelto y simpático que se eleva a la máxima potencia cuando entra la acuarela, aparentemente fuera de control pero aplicada con un gusto abrumador.

El resultado consigue crear ambientes y sensaciones casi indescriptibles jugando con los saltos cromáticos, el frío y el calor, y las texturas que genera el agua sobre el papel.

'Cómo hablar con chicas en fiestas' es un tebeo especial, no tanto por su argumento, que puede tocarte o simplemente "darte igual", como por una belleza visual incomparable y difícilmente reproducible.

Si simplemente buscas entretenimiento, este libro no es la mejor opción que puedes elegir. Ahora bien, todo aquel que disfrute del arte y que sepa apreciar el dibujo y el color, tendrá este libro como un santo grial en su estantería.

domingo, 26 de marzo de 2017

ABC:Cómics para viajar a través del espacio y del tiempo


«Escapar». Guy Delisle. Astiberri. Guy Delisle se hizo famoso contando sus experiencias como cooperante en países como Corea del Norte o Myanmar, con un estilo entre el reportaje y el humor. «Escapar» vuelve al tema de los cooperantes, pero con mucho mayor dramatismo y narrando una historia ajena: la de Christophe André, un miembro de Médicos Sin Fronteras secuestrado por guerrilleros chechenos en 1997. La historia de sus cuatro meses de cautiverio destaca como retrato de la banalidad del mal: sus secuestradores son gente normal, que se ponen a ver fútbol por la tele o le invitan a unas copas, pero a los que no les importa causarle un enorme sufrimiento con tal de conseguir dinero.

«Un policía en la luna». Tom Gauld. Salamandra Graphic. Un policía patrullando una colonia lunar suena a argumento trillado de ciencia-ficción. Pero en manos de Tom Gauld recuerda más a Samuel Beckett: la historia de un hombre con un sueño que consigue cumplirlo sólo para descubrir que es absurdo y su labor, inútil. Pese a una premisa tan oscura, Tom Gauld enfoca la historia con un humor melancólico que provoca la sonrisa y hasta alguna buena carcajada.

«Un millón de años». David Sánchez. Astiberri. Decir que los cómics de David Sánchez están hechos de desasosiego concentrado se queda corto. Los relatos de un mundo postapocalíptico que forman este libro son cúmulos de misticismo, brutalidad desatada y extraña ternura, en los que la muerte es el centro de la vida. Todo ello reflejado con su habitual dibujo clínico, preciso, luminoso, que cautiva la vista.

«Arsène Schrauwen 3». Olivier Schrauwen. Fulgencio Pimentel. Olivier Schrauwen completa la historia de su abuelo. Y ya podemos decir que esta visión del Congo Belga colonial está a la altura del mismísimo «Corazón de las tinieblas», de Joseph Conrad. Un verdadero prodigio de desarrollo de la historia y penetración psicológica combinado con una labor gráfica con los pies en el clasicismo y la vanguardia en la cabeza, con una de las paletas gráficas más sorprendentes que se recuerdan. Fulgencio Pimentel también ha lanzado un estuche que reúne los tres tomos.

De la inocencia a la violencia
«Los cuadernos de Esther». Riad Sattouf. Sapristi. Después de narrar su propia infancia en la muy premiada «El árabe del futuro», Riad Sattouf explora lo que es ser niño en la Francia actual, inspirándose en la hija de unos amigos suyos. El recurrir al punto de vista de esta protagonista permite a Sattouf hablar de cuestiones como la integración en la escuela o los referentes culturales (casi todos inmigrantes o descendientes de inmigrantes) de la generación francesa más joven con un toque de ternura.

«Uncle Bill». BEF. Bang. El acontecimiento clave de la vida de William S. Burroughs –matar accidentalmente de un disparo a su esposa Joan– sucedió durante sus años de estancia en México. Estos oscuros años mexicanos son los que explora BEF (Bernardo Fernández) en esta novela gráfica sobre un autor al que admira y detesta.

«Alack Sinner». Carlos Sampayo / José Muñoz. Salamandra Graphic. Alack Sinner –la más grande de las muchas creaciónes conjuntas de Muñoz y Sampayo– es un detective duro y antiheroico como mandan los cánones, pero su compromiso con los que sufren lo lleva a una profundidad que sólo han alcanzado los grandes del género. Este voluminoso tomo recoge todas sus historias y permite contemplar su evolución y el desarrollo de los espectaculares e increíblemente expresivos dibujos en blanco y negro de Muñoz, un artista inconfundible a la vez que imitadísimo.

«Bitch Planet». Kelly Sue DeConnick / Valentine De Landro. Astiberri. Kelly Sue DeConnick, ya sea en sus cómics de superhéroes («Capitana Marvel», «Vengadores») o en sus proyectos independientes («Bella Muerte»), siempre ha hecho gala de su feminismo. Pero nunca ha sido tan directa como en este «Bitch Planet», una sátira feroz, que usa los recursos de la «exploitation» y la ambientación en un futuro cercano para hacer una muy acertada crítica de la reacción social ante cualquier mujer que ose señalar el sexismo institucionalizado.

«El día más largo del futuro». Lucas Varela. La Cúpula. Sin palabras (ni falta que hacen). El argentino Lucas Varela recurre a las viñetas mudas (que tan bien se le dan a su compatriota Quino) para esta historia de ciencia-ficción sobre un oficinista en un futuro de burocracia corporativa que recuerda por fuerza al «Brasil» de Terry Gilliam. Varela sabe darle ritmo y humor a sus dibujos para que la historia fluya con la agilidad de la «sci-fi» ligera sin perder la agudez de la sátira distópica.
«Fragmentos seleccionados». Andrés Magán. Apa-Apa. Andrés Magán (Vigo, 1989) es uno de los representantes más recientes de la corriente experimental del cómic español contemporáneo, uniéndose a nombres como Irkus M. Zeberio, José Jajaja o Sergi Puyol. «Fanzinero» habitual, «Fragmentos seleccionados» es su primer cómic largo y en él demuestra su talento en el uso del color y su capacidad de introspección para hablar de la soledad, la muerte o de su propio proceso creativo.

«Alpha». Bessora / Barroux. Norma. Como se desprende de su subtítulo, «Abiyán-Estación París Norte», esta es una historia de inmigración. Un género que se ha convertido en habitual, pero que no siempre se trata con acierto. «Alpha» (que ganó un galardón de Médicos Sin Fronteras) tiene un enfoque claro, sin paternalismos y apoyado en un dibujo sencillo sólo en apariencia y muy expresivo.

«Que alguien se acueste conmigo, por favor». Gina Wynbrandt. Reservoir Books. Gina Wynbrandt no es el primer artista que crea para conseguir fama y –vamos a lo importante– sexo. Pero ella al menos lo dice desde el mismo título. Sin vergüenza. Ni la más mínima. Y hace bien, así va preparando a la gente para uno de los cómics más brutos, deslenguados y divertidos de los dos últimos años. Wynbrandt se retrata salida, desesperada, obsesionada con Justin Bieber hasta lo malsano y tan ridícula como todo lo que le rodea. O como cualquiera de nosotros.

«Camisa de fuerza». El Torres / Guillermo Sanná. Dibbuks. El Torres es uno de los autores españoles más conocidos en Estados Unidos, gracias a sus cómics de terror, como «El velo» o «Las brujas de Westwood». En su nueva incursión en el género está acompañado por el dibujante Guillermo Sanná, que aumenta la tensión de la historia con sombras y tonos rojos.

Amores complicados
«La cena con la reina». Rutu Modan. Fulgencio Pimentel. Rutu Modan ha creado algunos de los mejores retratos en cómic del conflicto israelí-palestino («Metralla», «Jamilti»). Pero no todo va a ser política. Este cómic nace de una regañina a su hija por sus modales en la mesa; la niña contestó que la reina de Inglaterra (muy amiga suya) le había dicho que sus modales eran perfectos. Y eso, por supuesto, era una historia demasiado buena como para no ilustrarla. El resultado es un cómic ideal para leer con niños.

«Te quiero» Juan Berrio. Impedimenta. Los cómics de Berrio siempre suelen tener dos facetas. En la superficie, son historias sencillas y delicadas. Por debajo de esas historias está un trabajo constante de innovación en los formatos. Su última creación es esta serie de viñetas sobre un joven enamorado que se resuelven en un desplegable.

«Una posibilidad». Cristina Durán / Miguel Á. Giner Bou. Astiberri. Durán y Giner son los creadores de dos de los cómics más emocionantes de los últimos años: «Una posibilidad entre mil» trata sobre la parálisis cerebral de su primera hija, y «La máquina de Efrén» sobre la adopción de la segunda. Ahora ambos se reúnen en un solo volumen.

«Poncho fue». Sole Otero. La Cúpula. Pocas cosas hay más difíciles que admitir que alguien a quien quieres te está haciendo daño. De enfrentarse a esa amarga realidad trata la nueva novela gráfica de la argentina Sole Otero, que desmenuza una relación envenenada por la manipulación y el abuso psicológico.

viernes, 24 de marzo de 2017

ABC:La triste historia de la hija de James Joyce llega al cómic


Vidas paralelas: el padre de Mary M. Talbot era uno de los mayores expertos en la obra de James Joyce. Lucia era hija del famoso escritor irlandés. Ambas tuvieron que convivir con dos hombres de éxito que, sin embargo, tuvieron una relación difícil con su círculo más cercano: ellas nunca encontraron en estos hombres el apoyo necesario. Como si los años que separan ambas historias -principios y segunda mitad del siglo XX-, en realidad no fueran tan lejanos.

«La niña de sus ojos» (ed. La Cúpula) sirve para sacar a la luz una historia poco conocida, y es la de Lucia Anna Joyce (1907-1982). Ella era, como expone el título de la novela gráfica, el pequeño ser mimado y favorito del autor del «Ulises». El amor por la danza de ella, sin embargo, comenzó a ser un problema cuando dejó de ser un juego para convertirse en una vocación.

En París, en los años veinte, una época en que bullían continúas corrientes artísticas rompedoras, estudió en la escuela de Jacques-Dalcroze, con Raymond Duncan (hermano de Isadora Duncan) y con Margaret Morris. Es decir, con la vanguardia del mundo del baile. También tuvo una breve relación sentimental con un joven Samuel Beckett.

Pero tanto su padre como su madre, Nora Barnacle, no veían con buenos ojos las aptitudes artísticas de su hija, e hicieron lo posible por frustrar sus inquietudes. Para ellos, una mujer debía limitarse a ser un apéndice más del marido. «No necesitas una carrera», llega a comunicarle el escritor. «Lo único que importa es que sepas entrar en una habitación de la forma adecuada».

Las continuas discusiones acaban en arrebatos violentos y Lucia, diagnosticada como esquizofrénica, es internada en diversas instituciones mentales hasta su muerte en 1982.

Mary M. Talbot, autora también de «Sufragista» y «La Virgen Roja» intercala en este relato su autobiografía. Su padre, James S. Atherton, era profesor de literatura y autor de un conocido libro sobre Joyce, «The Books at the Wake». Para sus amigos era un hombre simpático (George Orwell de vez en cuando se dejaba caer por su casa) y para sus alumnos un maestro muy inspirador. Sin embargo, el trato que dispensa a su hija deja mucho que desear: a los pocos momentos de cariño se suceden continuas quejas por su comportamiento, o, lo que es peor, comentarios sarcásticos que causan un profundo dolor en la niña y adolescente.

Dos historias paralelas que hablan de dos mujeres que no encuentran en el hombre más importante de sus vidas más que incomprensión. Del dibujo se ha encargado Bryan Talbot, marido de Mary M. Talbot, quien, con Neil Gaiman es autor de «Sandman» y «Fábulas». También ha participado en la serie «Hellblazer» y en «Juez Dredd y Batman: Legends of the Dark Knight». En 1996 ganó el premio Eisner por su novela gráfica «Historia de una Rata Mala».

Trump se convierte en villano en el Salón del Cómic de Barcelona


El próximo jueves 30 de marzo, termina la cuenta atrás y el 35 Salón Internacional del Cómic de Barcelona empieza a volar. La relación entre la aviación y los tebeos, una muestra de viñetas sobre Donald Trump, una exposición dedicada al centenario del TBO y 26 autores extranjeros invitados, entre ellos Bryan Talbot y Dave Gibbons, serán sus platos fuertes. 

El director del Salón, Carles Santamaria, ha asegurado este jueves en rueda de prensa que en esta nueva edición contarán con 197 expositores, nacionales e internacionales convirtiendo el certamen de este año en "el más ambicioso de toda la historia". Esta edición, que se celebrará en la Fira Barcelona Montjuïc, ocupará 50.000 metros cuadrados, un 10 % más de espacio que el año pasado.

"El Salón del Cómic es una gran fiesta abierta a todo el mundo, donde los autores, editores, distribuidores y libreros son los grandes protagonistas", ha señalado Santamaría.  Los autores más destacados que visitarán la feria son los ingleses Bryan Talbot, considerado el padre de la novela gráfica británica, y Dave Gibbons, famoso por ilustrar el galardonado cómic de superhéroes "Watchmen". Humoristas, ilustradores y activistas del lápiz satirizarán a Trump "para despertar conciencias y revelar las consecuencias de sus acciones irreflexivas y sus políticas de confrontación". 

Se celebran también los cien años del TBO a través de una gran exposición con un centenar de originales. Los superhéroes, que no podían faltar, estarán presentes con una muestra sobre los “más pasados de vueltas” —como Hulk, Juez Dredd o La Máscara— que se titulará Superhéroes fuera de control. Habrá muestras también dedicadas a Fanhunter de Cels Piñol y los viajes de Tintin.

Este año se han ampliado las actividades pedagógicas, y Nintendo, que patrocina el salón por cuarto año consecutivo, hará la presentación oficial de su nueva consola, Nintendo Switch, con la que los asistentes a la feria podrán jugar algunos de los nuevos videojuegos que lanza la compañía nipona, como el nuevo Zelda y Mario Kart 8. "Para nosotros sigue siendo difícil explicar que los videojuegos también son cultura", ha explicado el gerente de marca de Nintendo para la península ibérica, Manuel Curdi. 

miércoles, 22 de marzo de 2017

‘Black Mirror’: una portada de cómic para cada episodio de la serie



No es la primera vez que hablo de esto, así que algunos ya sabréis que las creaciones de los fans son uno de los temas que más me ilusionan en lo que al universo seriéfilo se refiere. En los últimos diez años, las ficciones para televisión han dejado de ser algo minoritario para formar parte de nuestras aficiones cotidianas y, lo más sorprendente todavía, de nuestro discurso sociocultural; en este panorama, las reimaginaciones artísticas ideadas por los espectadores nos convencen de que las series son un indiscutible icono pop de nuestra era. En Smelly Cat he recogido algunas de mis curiosidades preferidas, como los carteles para cada episodio de Breaking Bad o Expediente X, o el trabajo de Adrien Noterdaem simpsonizando a personajes de la pequeña pantalla desde hace años. Lo último que me ha parecido digno de compartir tiene que ver con una serie de ciencia ficción cada vez más influyente: Black Mirror.

La incorporación de la serie de Charlie Brooker al catálogo de Netflix trajo consigo algunos cambios creativos (ya lo comentamos en su momento; cierta americanización en el tono), pero es cierto que ayudó a que llegara a más gente, y a que su boom social fuera mayor. Es por eso que el particular proyecto artístico de Butcher Billy ha sido tan bien recibido en internet y en redes sociales. El ilustrador brasileño, cuyo trabajo podéis visitar en su perfil de Behance, ha diseñado un póster para cada uno de los trece episodios de Black Mirror, excepto en el caso del especial navideño protagonizado por Jon Hamm, que al ser doble cuenta con dos. El artista se ha inspirado en el estilo vintage del pop art, que recuerda a las portadas de cómic y carteles de cine antiguos, con un rollo Roy Lichtenstein muy particular. También podéis aprovechar para echarle un vistazo a la cabecera retro de Arrow que recogí hace unos meses.


Podeis ver el resto de portadas en el enlace:http://blogs.20minutos.es/smelly-cat/2017/03/22/black-mirror-una-portada-de-comic-para-cada-episodio-de-la-serie/

El Salón del Cómic de Barcelona dedicará una exposición a Lucky Luke


El Salón Internacional del Cómic de Barcelona, que se celebrará entre el 30 de marzo y el 2 de abril en el recinto ferial de Montjuïc, dedicará una exposición al emblemático vaquero solitario Lucky Luke.

El personaje fue creado por Maurice de Bevere, más conocido como Morris, y lleva más de setenta años mezclando "western" y humor, combinando en sus tramas algunos hitos históricos del Lejano Oeste con un tono paródico y numerosas referencias cinematográficas.

Ahora el salón le dedica una exposición titulada Le llamaban Lucky Luke, una muestra concebida como una recreación de un poblado del Oeste que permitirá al público conocer tanto al protagonista como a algunos de sus enemigos, como los populares hermanos Dalton, además de otros datos curiosos.

Morris contó desde 1955 hasta 1977 con la contribución como guionista de René Goscinny, creador de Astérix junto a Uderzo, aunque Lucky Luke ha sobrevivido a su creador y ha continuado viviendo nuevas aventuras de la mano de autores como Gerra o Achde.

martes, 21 de marzo de 2017

El cómic vigués que viaja al espacio


El vigués Pablo Rosendo es el autor del trabajo ganador del primer concurso de cómic Sener en Espacio: Una trayectoria estelar. En ocho páginas, el ilustrador tenía la encomienda de plasmar la trayectoria de la empresa de ingeniería en sus 50 años de actividad en el sector espacial.El artista se enteró por Internet de la convocatoria. «Al ver que las características que pedían encajaban bastante con mi estilo, ya que además querían que estuviese contada la historia desde la perspectiva de un niño, preparé la página que pedían, que fue por la que me eligieron y lo que me permitió luego hacer el proyecto completo».

En la historieta, un niño imagina que trabaja en Sener y está en todos los proyectos más destacados de la compañía que fundó Enrique de Sendagorta en 1956 como oficina técnica naval. Es la primera empresa española de ingeniería registrada como tal, pero es a partir de 1967 cuando se introduce en el sector espacial al ganar el contrato de diseño y construcción de la torre de lanzamiento de cohetes en Kiruna (Suecia) para la ESRO (antigua Agencia Espacial Europea), siendo también pionera en España.El trabajo del vigués formará parte de un exposición divulgativa que se inaugurará en Bilbao el 30 de marzo, y que recoge los principales hitos de en la trayectoria aeroespacial de la compañía a lo largo de estos 50 años. «Además de exhibir las viñetas, mis dibujos los van a reproducir a tamaño natural como fondo de un photocall», cuenta.El trabajo es un escalón más en la trayectoria del dibujante nacido en Vigo hace 32 años, que estudió en la Escuela Superior de Dibujo Profesional (ESDIP) de Madrid. Rosendo ha trabajado como animador de trabajos audiovisuales y publicitarios y ha publicado ilustraciones en diversos libros infantiles, pero quizás su faceta más conocida es la que le vincula con el mundo del deporte a través del fútbol. Primero colaboró con La Voz y más tarde, con el Real Club Celta. «Fue una etapa muy divertida. Ahora hago para el club encargos puntuales, pero ya no como antes, que tenía colaboraciones fijas. Estábamos preparando algo para la final de la Copa del Rey, pero... espero que pueda hacerse realidad con la final de la UEFA», confía.La versatilidad es una de las características del dibujante, un atributo que le permite poder vivir del lápiz sin tener que compaginarlo con nada que no tenga que ver con esto. «Hago de todo mientras se adecúe a mi estilo, pero me gusta que me planteen propuestas diversas porque siempre aprendes», asegura. La última, que le ha apasionado como idea, es un proyecto basado en estilo de los sketches de trazos rápidos, bosquejos a mano alzada, en este caso en acuarela, para la revista de compañías cerveceras Bar & Beer. «Es una ruta por las ciudades del mundo donde la cerveza tiene un papel protagonista. El proyecto contempla la publicación de un libro editado por Planeta, en el que incluirán las doce ciudades más potentes en este ámbito, como Londres, Berlín, Edimburgo, Múnich, Madrid o Barcelona. «Dibujamos un mapa con toda la ruta y en el caso de Londres, las fachadas de los pubs más famosos. Es un trabajo atractivo y divertido, todo hecho a mano. Me gustaría que se convirtiera también en exposición», añade.Rosendo prepara también varios trabajos para llevarlos al Salón del Cómic de Barcelona a finales de este mes y está en conversaciones con una editorial francesa para la publicación de obra suya. «Pero en el día a día hago muchos encargos para empresas y libros de texto para editoriales españolas y extranjeras», afirma.El vigués reconoce que hay que moverse bastante desde Vigo para hacer cosas, ya que aquí no se mueve nada. «Lo último interesante que nos pilló cerca fue una reunión de sketching en Santiago para dibujar los rincones de la ciudad, promovida por Miguelanxo Prado», al que admira profundamente. «Él también está detrás de la organización de Viñetas desde o Atlántico, el salón de cómic de A Coruña, que me parece un encuentro de un gran nivel donde puedes ver los originales de las viñetas de grandes dibujantes. Pero aquí no hay nada», lamenta.«Veía las pelis de Pixar y quería trabajar ahí, por eso estudié animación»Además de su admiración por el dibujante coruñés Miguelanxo Prado, el vigués manifiesta su interés por Moebius, «una leyendas y un fenómeno», resume. «También me parece muy interesante el trabajo de David Pintor, el del francés Cyril Pedrosa o el argentino Jorge González», añade. Sin embargo, el artista vigués no es capaz de identificar el momento en el que la obra de un autor le transmitió las ganas de dedicarse a la ilustración. «De pequeño no era mucho de leer cómics, nunca me gustaron los de súper héroes ni nada por el estilo. En realidad me aficioné en la adolescencia con el cómic francobelga.Pablo Rosendo recuerda que siempre le gustó dibujar, pero lo que quería era ser animador. «Veía las pelis de Pixar y quería trabajar ahí, por eso estudié animación, pero al final me decepcionó. Es una labor que no tiene nada que ver con lo que imaginaba porque es una tarea muy repetitiva, te pasas horas y horas copiando los dibujos de otros», explica. El vigués trabajó durante casi cinco años con productoras para televisión, pero lo dejó. «Me cambié a la ilustración porque me permite ser más libre y hacer lo que yo quiera con mi estilo», cuenta.

lunes, 20 de marzo de 2017

El País:Llega a España el cómic entre Master Chef y Dragones y Mazmorras que arrasa en Japón


Un caballero de brillante armadura, un mago elfo capaz de invocar poderosos hechizos, un enano de hacha afilada y ánimo belicoso y un hobbit capaz de desactivar trampas y abrir cerraduras. Si has jugado alguna vez a juegos de rol como Dungeons & Dragons, videojuegos multijugador como World of Warcraft o te has asomado a la literatura o el cine de fantasía heroica, estos perfiles te resultan familiares. Que su principal afán, en vez de buscar tesoros y desfacer entuertos, sea cocinar monstruos de la manera más deliciosa posible, sí que descoloca bastante más.

Quizás por ello en Japón, el país donde se inventan todas las tendencias de cultura popular que luego causan furor en el resto del mundo, el último fenómeno se llama Dungeon Meshi (Delicioso en mazmorra), un manga del dibujante Ryoko Kui que ha conseguido colarse entre las listas de títulos más vendidos y despachar cientos de miles de ejemplares contando las andanzas de una pandilla de aventureros gastronómicos que cocinan plantas carnívoras, murciélagos gigantes o armaduras encantadas.

¿Cómo ha conseguido un autor relativamente nuevo disputar el favor del exigente lector japonés a títulos de tremenda popularidad como Naruto, One Piece o Ataque a los titanes? A través del apetito. La predilección nipona por el buen comer hace que, en prácticamente cualquier cómic del país del Sol Naciente, ya sea cómico, dramático o de aventuras, sus protagonistas muestren una tremenda pasión por llenar el estómago y la trama en curso se detenga para detallar platos y recetas.

En Japón, el manga o cómic japonés sigue siendo un medio extremadamente popular en el cual se pueden encontrar obras de todas las temáticas, por minoritarias y raras que sean. Hay desde tebeos sobre ping pong a versiones de El Capital de Karl Marx, por poner solo dos ejemplos dispares. Y sí, existe un amplio catálogo de tebeos gastronómicos.

La fiebre del manga gastronómico

En España, por ejemplo, ya disponibles mangas del género que van desde clásicos divulgativos como Oishinbo, que enseñan mediante viñetas a cocinar platos japoneses, Food Wars, ficción con aire a lo Master Chef o con un punto más de retrato social como El gourmet solitario, de Jiro Taniguchi, sumo sacerdote del manga gafapasta.

Tragones y mazmorras ha sabido darle un giro de tuerca y eso, cuenta Carlos Subero, de la editorial Milky Way, que edita el título en nuestro país, fue uno de los factores que les animó a probar suerte. “Lo hilarante de las escenas y lo en serio que los personajes se toman la preparación de cada plato donde el ingrediente principal son los monstruos de la mazmorra, demuestran que quizás otra cosa no, pero originalidad posee mucha”, asegura el editor.

La editorial española detectó pronto el potencial de la serie, a la que no dudó en rebautizar como Tragones y Mazmorras por razones más que evidentes: “nos llamó mucho la atención que, a pesar de ser un título relativamente menor, cada vez que sale un tomo, se cuela entre los más vendidos”, cuenta Subero. La inclusión de la serie en la lista de nominados al prestigioso premio Manga Taisho también influyó positivamente.

Acción ligera, protagonistas entrañables y unas recetas culinarias a base de monstruos tan elaboradas que entran ganas de comer tempura de orco... se trata de los ingredientes del penúltimo éxito de la inagotable capacidad nipona de hacer cultura pop fusión. Están locos, estos japoneses.

domingo, 19 de marzo de 2017

EL Mundo:Muere Bernie Wrightson, dibujante clásico del cómic gótico



Bernie Wrightson, dibujante de cómics de terror y padre de La Cosa del Pantano, uno de los personajes clásicos en el repertorio del sello DC, ha muerto, enfermo de cáncer, a los 69 años. Wrighston había nacido en Dundalk, un suburbio de Baltimore, y esa anécdota está bien para dar la clave de su vida. Baltimore, la ciudad de Edgar Allan Poe, lleva en su historia una larga tradición de literatura gótica. A su manera, el dibujante ha sido uno de los portadores de esa llama negra.

Su currículo es largo: trabajó en la revista Heavy Metal, debutó como autor con firma en House of Mystery, tuvo en sus manos al Monstruo de Frankenstein con resultados inolvidables y colaboró durante años con Stephen King.

sábado, 18 de marzo de 2017

Se presenta ‘Dos Viñetas’, la revista cómic de Dos Hermanas


Este viernes se presenta en el centro cultural La Almona de Dos Hermanas (calle La Mina), la revista Dos Viñetas, un cómic editado por la asociación cultural con el mismo nombre que engloba a varios aficionados nazarenos a este género. La presentación correrá a cargo de su director, Carlos Flores Martínez, y de Juan Pedro Rodríguez, delegado de Juventud del Ayuntamiento de Dos Hermanas.

En palabras de los editores, «la revista Dos Viñetas nace con la pretensión de convertirse en escaparate del denominado noveno arte en Dos Hermanas, donde tendrán cabida todo tipo de historietas realizadas por creadores de la ciudad nazarena». La publicación quiere reflejar las tendencias actuales del mundo del cómic, con colaboradores profesionales de otros puntos de la geografía nacional que acompañarán a los autores locales. Asimismo, las portadas las realizarán autores de reconocido prestigio a nivel nacional e internacional que tengan alguna relación con Dos Hermanas.

En el primer número, la portada ha sido realizada por Fidel Martínez, autor de obras tan importantes como Fuga de la muerte y Hacerse Nadie que, además, ha contestado una entrevista sobre su obra y el mundo del cómic en las páginas de esta nueva publicación. El prólogo ha estado a cargo del conocido guionista de cómics Jos Tikismikis.

Entre los colaboradores de la revista figuran Fran Cornejo, más conocido como El Conde de Villamediana, humorista gráfico en El Correo de Andalucía. También cuentan con Manuel Colorado, reconocido autor de caricaturas, premiado en el Concurso de Cómic de Dos Hermanas, que colabora con una historieta de fantasía heroica sobre la conocida leyenda de Fuente de Rey, así como con la realización de un par de tiras de humor. José Antonio Sancho Sánchez es otro de los autores, con la ilustración de un artículo sobre el Capitán Trueno (escrito por Gabriel Díaz Barragán). Suya es, además, la autoría de la maquetación.

El primer número de la revista está dirigido por Carlos Flores, autor con un largo recorrido tanto dentro de la organización de eventos de cómic como de la publicación de cómics educativos y divulgativos para organizaciones políticas y periódicos estudiantiles. Además de dirigir, se encarga una sección de cine dentro de Dos Viñetas, adaptando películas famosas como si hubiesen sido rodadas en Dos Hermanas, así como una pequeña historieta sobre la motivación que ejerce en el ánimo el arte y el flamenco en especial. Para terminar su aportación, escribe un artículo ilustrado sobre el grupo de rock AC/DC.

La revista, de periodicidad semestral, no tendrá una temática específica, ya que cada autor será libre para realizar las historias que estime conveniente, siempre que vayan destinadas a todos los públicos y no hablen de política.

La publicación puede encontrarse físicamente al precio de 2,50 euros en algunos comercios locales (Bar Ruta 66, Hidromiel Valhalla y las dos tiendas de cómics de la localidad nazarena, Geek Souls, que han sido además patrocinadores), o encargarse en la web elotrocomic.com, que pronto ofrecerá una versión digital.

La revista lleva ya unos días a la venta y, según sus editores, «la aceptación está siendo fantástica, pues casi se ha agotado la primera edición antes de la presentación». «Hemos recibido multitud de ofrecimientos de posibles participantes, por lo que nos estamos planteando incrementar las páginas para el segundo número, previsto para el mes de septiembre». El colectivo se ha comprometido en que todo el dinero que se gane con la venta del primer número irá destinado a producir el segundo, «así como a actividades que fomenten y promocionen el cómic en Dos Hermanas».

viernes, 17 de marzo de 2017

El País:¿Lo llamo cómic, novela gráfica o tebeo? El eterno debate


En 1917 el español ganó una palabra. Hace 100 años nació la revista TBO, y pronto su éxito hizo que el título que salía en sus portadas comenzara a usarse en el lenguaje rutinario. Las siglas de esta colección de personajes, dibujos y bocadillos eran las letras de un periódico hoy olvidado, pero la nomenclatura quedaría en la memoria. El arte incipiente de las viñetas se estaba popularizando, y, ante la falta de otro nombre propio, en España se comenzó a llamar así: simplemente tebeo.

Fue en 1968 cuando el Diccionario de la Lengua decidió aceptar la definición de tebeo oficialmente: "1. m. Publicación infantil o juvenil cuyo asunto se desarrolla en series de dibujos. 2. m. Serie de aventuras contada en forma de historietas gráficas". La acepción, propiamente española, sigue hoy presente en el lenguaje popular, aunque ha perdido fuerza frente a la anglosajona cómic o la más moderna novela gráfica, cuyo significado crea, sin embargo, cierta polémica en una parte del sector. ¿Cuál es entonces el uso correcto? ¿Por qué novela gráfica parece haber sustituido a los otros? ¿Es correcto que sigamos utilizando tebeo?

"El término novela gráfica ha sido muy afortunado en EE UU y España. Hay que asignarle la superación de una visión del tebeo como infantil. Ha abierto mentalidades y es la gran protagonista de la edición de cómic aquí. Yo la entiendo forma del cómic de autor, ligada a un formato que se aleja de los tradicionales álbum, cuadernillo y revista y cercano al libro. El autor controla continente y contenido", explica Álvaro Pons, autoridad del noveno arte. Para él, la nomenclatura extendida gracias a obras como Maus y autores populares como Paco Roca y Joe Sacco ha sido positiva para la industria: "Ha sido exitoso como etiqueta. Muchas editoriales han creado líneas de novela gráfica para aprovechar el tirón, y funciona. Esa apertura a un público mayor ha tenido un feliz efecto de retroalimentación, favoreciendo que más autores optaran por desarrollar historias personales, más autorales. Es posible que, con el tiempo, si se acepta ya el tebeo como forma de creación completa que no tiene porqué ser solo infantil, pase algo parecido a lo que ocurre en Francia y el término quede en desuso." En el país vecino, todo es Bande Dessinée. Allí, donde la cultura del cómic y su prestigio social está más arraigada, se entiende desde hace décadas que se publica tanto para adultos como infantil, igual que la literatura. Si bien traducen la voz novela gráfica anglosajona, su influencia es menor.

Lo verdaderamente curioso es que, al contrario que en cine, fotografía o pintura, en español haya tantas maneras de llamar a un solo arte. Una de las razones más claras es que, hasta hace poco, los tebeos seguían siendo percibidos como una cosa de niños. Su manera de narrar historias era todavía desconocida como arte para el gran público. El propio Paco Roca, responsable de prestigiosas obras como Arrugas y Los surcos del azar, opina que no tener una palabra "más que una pega, es una virtud.Demuestra lo amplio que es este lenguaje y las fronteras tan difusas que tiene". Además de las mencionadas, podríamos incluir en la lista también historieta e incluso la voz latinoamericana muñequitos, también en el DRAE.

Frente al carácter infantil de esta expresión o la de tebeo, para la academia de la lengua, la voz anglosajona cómic define un concepto más relacionado con el formato, y menos ya con el género o el lector. Para la RAE es simplemente una "serie o secuencia de viñetas que cuenta una historia". La definición cambió a medida que mutó la concepción del cómic para la sociedad, hoy visto simplemente como otro modo de narrar. Allí caben también historias para adultos. Es con este cambio de paradigma cuando se prodiga la expresión novela gráfica, término famosamente acuñado por Will Eisner en Contrato de dios de 1978 (y la mercadotecnia más tarde) que ha abierto la curiosidad de un nuevo público. Si bien el concepto denomina a una historia autoconclusiva y en un solo tomo, ya es habitual en nuestro mercado su uso para denominar a series regulares de autor como Sandman o Watchmen, originalmente publicada en revista. "El formato ha condicionado la forma de hacer cómic", explica Pons.

"Lo principal es adaptarse al público al que te diriges, especialmente si se trata de personas que conocen superficialmente el cómic o que pueden tener prejuicios sobre el medio. Si escoger una palabra u otra puede ayudar a llegar a ellos más fácilmente, no veo problema", defiende José A. Serrano, responsable de Guía del cómic: "Todas las palabras son bienvenidas, siempre que no confundan. Las palabras sirven para entendernos, pero, además de un formato físico de libro, el lector medio espera cierta estructura en un cómic cuando nos referimos a él como novela gráfica, aunque sea por simple analogía de la novela literaria tradicional". El objetivo de Eisner, de cuyo nacimiento se celebra el centenario este año también, era "editar un cómic que, en las tiendas de libros, se exponga en el departamento de novela y no en el de entretenimiento y libros infantiles". A Roca, está multiplicidad le parece positiva para su trabajo: "creo que me abre la mente y no me limita en cuanto a lo que puede o no puede ser el medio".

Los beneficios para la industria del concepto han sido innegables, sí, pero los críticos se hacen otras preguntas: ¿no significa esto infravalorar el cómic bajo otro género socialmente aceptado como la novela? ¿Por qué es necesario el término si el cine no se llama novela audiovisual? "Creo que novela gráfica es negativo. Parece nacido de un intento de dignificar para un tipo de público algo que no necesita en absoluto ser dignificado. Me da un poco de vergüenza ajena cuando veo frases como 'basado en la novela gráfica de', especialmente referido a títulos que jamás se consideraron como tal. No obstante, entiendo que, en ciertos ámbitos, se haya normalizado el término para señalar cómics unitarios que se ofrecen en un formato similar al de la novela tradicional, y que pueda ser útil, ya que también hay un tipo de lector que solo le interesan ese tipo de productos. Para mí todo son cómics, todo son tebeos", rebate Julián M. Clemente, editor de Marvel/Panini en España. Sin embargo, por encima de esta discusión, para este experto en cómics de superhéroes impera otro factor: "El término no es tan importante como nos trasmiten. Debemos llamarlo como queramos. Personalmente, uso tanto cómic como tebeo, y al cómic japonés me sale llamarlo manga".

"Sin duda cómic (de cómico) excluye una parte de la producción. Cómix para adultos, que se acuñó en los 90 para un cómic más para adultos, sonaba a cómic porno", bromea Roca, que, pese a hacer muchas de las más aplaudidas novelas gráficas en español no está convencido sobre ese término: "No es el mejor es el mejo, pero sí que encaja con esa nueva corriente de historias en su mayoría autoconclusivas, con una temática, un formato y un tono mucho más parecido al de las novelas. El nombre, y por supuesto las obras en sí, han hecho que nuevos lectores se acercasen sin prejuicios". Aunque el autor utiliza todas, "según el ambiente de la conversación".

También Pons se encuentra cómodo entre varios nombres: "Historieta, porque creo que es el académicamente correcto, el que define de qué hablamos. Y tebeo, porque es el que uso habitualmente y con el que he crecido y me ha marcado. El tebeo es el nombre con el que designo al medio y al arte. Aunque posiblemente sea incorrecto, me gusta". Clemente es otro fiel defensor de la palabra nacida en 1917: "Me duele hasta las entrañas cuando oigo a alguien: 'A mí lo que me gustan son los cómics, no los tebeos'. Delata un complejo de inferioridad tremendo, que creo que la mayoría de lectores ya ha superado". La palabra de Serrano es cómic, "por motivos prácticos, es el término universal y se puede utilizar en cualquier contexto. Sigue habiendo quien ve connotaciones en tebeo (por la asociación infantil) y en menor medida en historieta (por diminutivo de historia)". Reconoce que le gustan ambos por "la sonoridad y porque son términos propiamente españoles". Palabras que tiene ya 100 años de vida. Da igual como suenen, lo importante es leerlos.

jueves, 16 de marzo de 2017

ABC:25 años de “Cages”. Hito del cómic


El filósofo francés Jean-Paul Sartre (1905-1980), habló de que la ”existencia precede a la esencia” lo que significa que la consideración más importante para la persona es el hecho de ser un ser consciente que actúa de forma independiente y responsable, eso es «la existencia»; en lugar de ser etiquetado con roles, estereotipos, definiciones u otras categorías preconcebidas que se ajustan al individuo, «la esencia». Sartre, nos dice -como figura principal de la doctrina existencialista- que la vida real de la persona es lo que constituye lo que podría llamarse su «verdadera esencia» en lugar de estar allí atribuido a una esencia arbitraria que otros utilicen para definirla.

Por lo que todos somos responsables de nuestros actos. No hay una naturaleza humana que determine a los individuos, sino que son sus actos los que determinan quiénes son, así como el significado de sus vidas. El existencialismo defiende que el individuo es libre y totalmente responsable de sus actos. Esto incita en el ser humano la creación de una ética de la responsabilidad individual, apartada de cualquier sistema de creencias externo a él.

El existencialismo tiene sus antecedentes en el siglo XIX en el pensamiento de Kierkegaard y Nietzsche, en el pesimismo de Schopenhauer, así como en las novelas de Fiódor Dostoyevski. En el siglo XX, entre los filósofos más representativos del existencialismo se encuentran Heidegger, Jaspers, el mencionado Sartre, Miguel de Unamuno, Simone de Beauvoir y Albert Camus. Al que yo añadiría a Dave McKean (1963), pero no como un pensador del existencialismo sino como un transmisor de una doctrina filosófica, que a quien se enfrente a ella, le hará remover las neuronas de su cerebro.

Dave McKean es un artista polifacético que ha tocado diversos medios, incluidos la música, la fotografía, y el diseño gráfico, aunque es en los cómics como ilustrador donde más ha destacado. Se debe, sobre todo, a la novela gráfica Arkham Asylum con la que Grant Morrison y él crearon una turbia interpretación del mundo de Batman que ha pasado a la historia. También ha colaborado con otros guionistas, entre ellos, Neil Gaiman, como podemos ver en el volumen Leyendas del abismo. 

Derivado del mundo del cómic de los superhéroes, McKean rompió esa dinámica con una obra de culto en la que con un enfoque existencialista, turbio y algo oscuro, muestra con tintes gráficos de carácter gótico e incluso surrealista, un arte secuencial que nos traslada a un mundo en el que uno no para de hacerse preguntas dentro de su propia jaula. Su obra “Cages”, publicada hace 25 años y que ahora se reedita en formato de lujo por Ecc, podemos disfrutar y removernos a lo largo de sus nada menos anodinas 496 páginas. Una labor que le llevó al autor cinco años de trabajo, para crear un cómic de lo más ambicioso y que generó un hito histórico dentro del sector. Con prólogo del actor y director de cine Terry Gilliam, “Cages” narra las historias entrelazadas de los inquilinos de un singular y muy peculiar edificio. A través del empleo, como ya solía ser habitual en los cómics de McKean, de diferentes técnicas gráficas: collage, pintura, dibujo y fotografía. Su trabajo sorprendió por el acercamiento del cómic a técnicas de otras especialidades artísticas. En “Cages” aunque recurra a la pluralidad plástica con la fotografía, el collage y la pintura, según las necesidades narrativas, McKean optó por dar protagonismo mediante el trazo de su lápiz a unas necesidades expresionistas tanto en sus personajes destacados algo desfigurados pero no exentos de detalles, y de cómo con los colores bitonos de azules, grises y negros, que se rompen en algunas páginas por la inserción de dichos fotomontajes y collages evocadores, generan una creación creativa sin igual, que hacen estremecer al lector a lo largo del ritmo narrativo totalmente trepidante e intimista.

La soledad, el aislamiento, la necesidad y a la vez la imposibilidad de querer y ser correspondido planean por el interior de los personajes principales que configuran el relato de Cages: un pintor, un escritor y un músico de jazz que curiosamente, se trata de tres ámbitos artísticos que conoce y practica Dave McKean.

“Cages” es una obra de culto que marcó un antes y un después y que para cualquier amante del buen cómic debería tener en su biblioteca, no solo para entender este arte secuencial sino también como reflexión. O la odias o la amas, pero creo que el lector con un poco de criterio irá más allá de la expresión gráfica, interiorizando las múltiples preguntas que lanza Mckean a lo largo de esta magnífica obra, preguntas sobre el ser, la existencia, la creación, las relaciones humanas, el miedo y la muerte. Una historia no dialéctica que es más bien alegórica, parca en palabras o explicaciones. Una nueva forma de tomarse el cómic, y una de las precursoras de lo que hoy conocemos como novela gráfica con sus fortalezas y epifanías que por encima de cualquier cosa expresa la riqueza de un medio. Una excelencia secuencial indudable, literaria y gráfica.

miércoles, 15 de marzo de 2017

ABC:Feininger, en busca de las formas puras


Lyonel Feininger: un artista entre dos mundos, que va y viene. Nacido en Nueva York (1871), sus padres -músicos alemanes- quisieron que se trasladara a Alemania, adonde llegaría en 1887, con tan sólo dieciseis años, para que pudiera completar allí su formación musical. Sin embargo, Feininger eligió la vía del arte y el dibujo, y acabaría convirtiéndose en una figura protagonista de la vanguardia artística alemana. Tras la llegada al poder de los nazis, y después de que sus obras fueran incluidas entre las que estos calificaron como «arte degenerado», Feininger partió en junio de 1937 hacia Estados Unidos, donde viviría ya hasta el final de sus días, en 1956. Ir y venir. Inestabilidad que expresa la terrible condición de la existencia humana en esa primera mitad de un siglo XX desgarrado por las más violentas y destructivas guerras mundiales.

En un ir y venir
La excelente exposición de la Fundación Juan March, primera retrospectiva en España de este artista, permite una reconstrucción sumamente completa de una trayectoria creativa que, en ese ir y venir, se abre también a los registros plurales que los nuevos soportes expresivos fueron propiciando desde el último tercio del siglo XIX, con la expansión de la tecnología y la formación de las grandes ciudades. Con cerca de 400 obras y documentos, la muestra nos permite apreciar esa pluralidad de soportes artísticos en los que Feininger desplegó su expresión: dibujante, caricaturista, pionero del cómic, grabador, fotógrafo y pintor.

Sin olvidar su interés en la fabricación de maquetas (trenes, barcos), de muñecos, de marionetas. O su permanencia en la música. Registros que, en conjunto, nos permiten considerar los ecos, reflejos y afinidades existentes entre su persona y Paul Klee, con quien compartiría espacio y años de trabajo en la Bauhaus. Es importante también mencionar la gran calidad de las dos publicaciones editadas con motivo de la exposición: además de un magnífico catálogo en gran formato y con textos de diversos especialistas internacionales en la obra de Feininger, la traducción y publicación semifacsímil del libro Lyonel Feininger. La ciudad en los confines del mundo, cuya edición original al cuidado de uno de sus hijos -T. Lux Feininger- apareció en 1965.

En mi opinión, la raíz de todo el juego expresivo de Feininger se sitúa en el dibujo, donde alcanza sus cotas artísticas más elevadas, y que se despliega, en proyección, en sus acuarelas y estampas.

Dibujo que dialoga con un mundo en transformación, el de las grandes ciudades y los viajes y desplazamientos, y que por ello debe abrirse al más intenso dinamismo de la expresión, en lugar de situarse en la estabilidad y en la quietud. El alargamiento de figuras y formas, la desmesura grotesca de personas y edificios en la gran ciudad, nos muestran, en un giro expresionista, el eco interior de lo que pasaba «fuera». Todo ello se aprecia en las piezas para las revistas ilustradas y en las tiras cómicas de un Lyonel Feininger irónico y «caricaturista», que comenzó a tener un reconocimiento público en esos ámbitos a partir de 1906.

Vagos objetivos
Retrospectivamente, en una carta del 2 de julio de 1946, el propio Lyonel Feininger escribió: «Cuando allá por 1907 me puse a pintar mi primer cuadro, no era aún más que un caricaturista, y vagos mis objetivos en la pintura al óleo. Parecía que mi única salida era el cartel. O, para ser más exactos, mi ideal era crear cuadros con objetos silueteados». A partir de esa consideración, Feininger sitúa el núcleo de la pintura en «la distribución de la estructura espacial» y, en lugar de modular el color al modo de la fotografía, en ir a la busca de «formas puras». Claves estas que nos permiten apreciar la intención que predomina en su pintura: la representación dinámica de las formas en sí mismas (y aquí, además del impacto que le causó el cubismo, «resuena» la correspondencia de las formas con los modelos y las maquetas).

Pero lo decisivo para Feininger sería no ponerse demasiado «serios». Cerca ya del final de su trayectoria, en una carta del 5 de diciembre de 1954, dirá de manera tajante: «No es bueno permitir que todo lo que nos divierte desaparezca de nuestras vidas». Y aquí encontraríamos la explicación última de su trabajo artístico, de su pluralidad de soportes, de su alejamiento de lo solemne, y de su atención a los juguetes. En todo momento, Feininger juega a través de la expresión.

En ello podemos percibir un eco de lo que Friedrich Schiller afirmó en 1795, al caracterizar el juego como espacio de expresión de todos los seres humanos cuando somos niños, y manifestación de un impulso formal que todos poseemos, aunque ya adultos, este sólo en ciertos casos se desarrolla en las artes. Así que el ir y venir de Feininger se sitúa también en el juego, en el que siempre se mantuvo.

Sus obras transmiten la herencia de la libertad expresiva del Romanticismo, pero que en Feininger, en el contexto del Expresionismo, de las grandes ciudades y de los viajes, se conduce hacia el autocuestionamiento y la broma. Hacia el juego liberador. El mismo que, en último término, desvela el niño que nos habita, el niño que todos llevamos dentro a lo largo del curso de la vida. Y que en las obras de Lyonel Feininger alienta con intensidad en todo momento.

lunes, 13 de marzo de 2017

ABC:Cien años del «TBO»: un siglo de humor (no tan) blanco



Su nombre, como diría Luis Alberto de Cuenca, era el de todos los tebeos; una palabra capaz de saltar del bullicio del quiosco al acomodo de la Real Academia Española y marcar época mientras trazaba una línea temporal que avanzó en paralelo a la historia de la ilustración y el humor gráfico made in Spain. Su nombre, claro, no podía ser otro que «TBO»,hogar centenario de dibujantes e historietistas como Opisso, Coll, Muntañola, Tínez y Nit y referente sentimental firmemente anudado a las andanzas de la familia Ulises, las gestas de Josechu el Vasco o disparatados inventos como los melones cuadrados, el coche salta-vallas o el sombrero-jaula.

«Es un patrimonio cultural capital. No creo que haya nadie de más de 45 años que no sepa quién es “La familia Ulises”», destaca Antoni Guiral, guionista, divulgador y responsable de esta gran exposición portátil que es «100 años de TBO» (Ediciones B), vistoso volumen que celebra el primer siglo de vida del nacimiento de la popular revista ilustrada al tiempo que subraya su relevancia cultural. «Estamos hablando de una publicación que llegó a vender 300.000 ejemplares y que influyó en la educación de toda España», explica el autor.

Una gesta titánica
Tanto es así que, a la hora de plantear una gesta tan titánica como la de revisar los setenta y un años de vida de la publicación, los que van de 1917 a 1988, sólo cabía contemplar el método científico de «vaciar», contrastar e intentar suplir la ausencia de una colección completa del «TBO» -«me sorprende y me parece un poco vergonzoso que no haya ninguna institución que tenga toda la colección guardada», lamenta Guiral- con el archivo personal del publicista y coleccionista Lluís Giralt, colaborador indispensable para la gestación de este volumen conmemorativo.

«Puedo presumir que le he hecho la autopsia a este fallecido centenario y me ha desvelado casos y cosas que sorprenderán a muchas personas curiosas», escribe Giralt en el prólogo. Uno de esos casos es, por ejemplo, el de la fecha exacta de publicación del primer número del «TBO», un entuerto histórico que refuerza aquí la tesis de que en realidad fue el 11 de marzo de 1917, aunque sin desechar del todo las otras dos posibilidades (el 10 o el 17 de marzo, según la versión) que circulan desde hace años.

Así, con la ayuda de Giralt y barra libre para leer del derecho y del revés la historia de un publicación sin la que no se entendería ni el trabajo de Ibáñez ni el humor ácido de «La Codorniz», Guiral desvela una fórmula de éxito basada en el formato y la audiencia. «Fue una de las primeras revistas que incorporó la historieta de manera regular y que estaba destinado a un público familiar», señala.

Más tarde vendrían las firmas de Nit, Coll y Benejam, las chifladuras del doctor Franz de Copenhague, la cima de los 300.000 ejemplares vendidos -o los 600.000 leídos, según proclamaba la propia cubierta de la revista en 1971- o «La familia Ulises», como fiel reflejo sociológico de una familia de clase de media, pero si por algo será recordado el «TBO» es por haberse convertido en epítome del humor blanco pese a que las risas nunca fueron del todo inocentes. «Al estar dirigida a un público familiar, también lo estaba a un público adulto, por lo que durante la Guerra Civil no era raro encontrar detalles sociales o tiras sobre los bombardeos en Barcelona», recuerda Guiral. Después de la guerra, añade, incluso podían verse temas de la época como el estraperlo o el racionamiento, con viñetas de familias «repartiéndose migajas».

Con todo, ese humor blanco poco amigo de los problemas que se esfumó en cuanto la revista echó el cierre en 1988 es el que dará nombre a la exposición que el Salón del Cómic de Barcelona dedicará al «TBO» en su próxima edición, uno de los pocos actos de un centenario que corre el riesgo de quedar un tanto descafeinado. «El año pasado ofrecí una exposición bastante ambiciosa a varios museos, pero todos me dijeron que no les interesaba», lamenta Guiral.

domingo, 12 de marzo de 2017

Viñetas para quien no se atreve a preguntar


Laia y Salamawit se sienten especiales. Un libro creado y cuidado por sus padres para cada una lo atestigua. Pero los cómics con sus historias no sólo son un regalo para ellas sino para todos aquellos interesados en los pequeños con discapacidad intelectual o en las adopciones en otros países. Porque de las cuestiones y reflexiones derivadas tratan 'Una posibilidad entre mil' y 'La máquina de Efrén', dos obras que ha reunido Astiberri en una edición integral para que Cristina Durán y Miguel Ángel Giner Bou puedan compartir de nuevo su singular experiencia y la de sus hijas especiales.

Todo empezó en una sala de hospital. Durante las seis semanas que siguieron al nacimiento de Laia y sus complicaciones postparto la mente de guionista de Miguel Ángel comenzó a trazar su propia historia en viñetas. Tardó en convencer a Cristina para la que sería su primera novela gráfica en pareja, pero finalmente aceptó un encargo que les cambiaría la vida.


La cámara es objetiva, no entra en la moralidad, no entra en esa trampa

Lo más difícil fue elegir el tono. «Lo planteé como ser muy honesto, sacar lo bueno y lo malo que nos iba pasando. Es un tema que se presta mucho a que todo el mundo llore en un momento dado o a ponerte a ti como un superhéroe; es decir, soy un superpadre y he salido adelante gracias a mi superfuerza, etc», explica Miguel Ángel desde su domicilio en Valencia. «Huía de eso. Quería que los personajes, en estos casos nosotros dos, aparecieran lo más humanos posibles con sus grandes glorias y sus grandes miserias. Yo pensaba que nos estaba grabando una cámara mientras estábamos en esas situaciones y la cámara es objetiva, no entra en la moralidad, no entra en esa trampa», señala el ideólogo de 'Una posibilidad entre mil'.

«Sí que intentó huir del drama y de la lágrima fácil. Lo planteamos por cómo contamos las cosas porque surge de ahí porque todo el mundo nos preguntaba cómo estaba Laia y decidimos contarlo a más gente. Si se hacen las cosas desde la honestidad y la sinceridad yo creo que al final llegas más a la gente. También por hablar de este tipo de problemas que mucha gente no se atreve a preguntar. Hemos notado que antes la gente no se atrevía a preguntar cómo lo llevas o cómo lo lleva la niña dentro de tu casa. En el momento en que lo enseñas, que somos una familia como otra cualquiera con más complicaciones, pero que podemos llevar una vida completamente normal y feliz... Cuando lo planteas a así la gente agradece ver este tipo de situaciones por dentro», completa Cristina.
No sólo hijas


La primera obra relata desde el impacto nacional de las complicaciones de los primeros días de Laia y su discapacidad intelectual hasta su progreso en la comunicación gracias a sus progenitores ilustradores porque no ha conseguido hablar todavía. Por el camino se exponen el trabajo de los padres con hijos con discapacidad, un alegato a favor de la sanidad pública, la relactancia y los tabúes sociales derivados de una niña especial. 'La máquina de Efrén' es una suerte de continuación que recorre el largo proceso de adopción de Salamawit, una pequeña de un orfanato de Etiopía que se incorporó a la familia después de años de burocracia, vallas políticas y un ejercicio constante de voluntad junto a otros padres con diferentes y opuestos puntos de vista.


Gracias a que la convencí está disfrutando de los frutos que ha dado el cómic"

Ambas combinan los dos puntos de vista, los de padre y madre, los de dibujante y guionista, los de familia que se adapta para organizar la singularidad en lo cotidiano y superar la amenaza oscura de caer en el abismo del pesimismo. Cristina y Miguel son optimistas, pero no esconden en sus páginas los momentos negros. El equilibrio aleja a los españoles de otros enfoques como el del japonés Kenzaburo Oé, quien tras el nacimiento de su hijo mayor con discapacidad escribió 'Una cuestión personal' como un descenso a los infiernos. Ellos eligieron la balanza nivelada. Funcionó porque se multiplicaron sus posibilidades en varios campos por el éxito de su ópera prima. «Nos ha cambiado bastante la perspectiva profesional. Nos dedicamos desde hace 20 años en un estudio que tenemos de cómic e ilustración (LaGRUA), pero la mayoría era por encargo y la mayoría eran de ilustración. Y gracias a estas obras es al revés», reconoce Cristina. «Eso se lo recuerdo constantemente. Gracias a que la convencí está disfrutando de los frutos que ha dado el cómic», apostilla Miguel Ángel después de cuatro libros juntos.


Los lectores de estos años nos preguntaban: '¿Pero cómo están las niñas? ¿cómo fueron los primeros días?'"

La obra recopilada en 'Una posibilidad' completa lo que los lectores de 2009 (Ediciones Sins Entido) y 2012 (Ediciones Sins Entido) ansiaban conocer -con algunas aportaciones reconocidas de la Salamawit preadolescente-. «Lo que estuvo bien fue que hemos añadido cinco páginas al final. Las quisimos hacer porque responden un poco a las demandas de los lectores de estos años que nos preguntaban: '¿Pero cómo están las niñas? ¿cómo fueron los primeros días?'. Casi todo el mundo preguntaba lo mismo y ha sido como un regalo en esta nueva edición para contar esos primeros días y cómo ha sido un poco el encuentro entre las hermanas», señala Cristina. Así, el tomo reivindica la condición de especiales de Laia y Salamawit, pero también la de sus padres, quienes han regalado a sus lectores una obra dibujada por cuatro manos y cuatro corazones.